

Año XXIII. Edición 135. Agosto Septiembre 2026
12 preguntas clave para el manejo de la epilepsia idiopática canina.
PALABRAS CLAVE: Epilepsia idiopátic > onvulsiones recurrentes > fisiopatología y tratamiento clínico

Dr. en C. Esp. Marco Antonio De Paz Campos1¹
MVZ. Gisela Padilla Delgado²
Dr. en C. Julio Chávez Monteagudo³
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Farmacología, Analgesia y Medicina Interna. Profesor de Tiempo Completo. Jefe del Hospital de Pequeñas Especies. Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán. Universidad Nacional Autónoma de México. UNAM.
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Medicina Interna, Oncología. Hospital de Pequeñas Especies. Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán. Universidad Nacional Autónoma de México. UNAM.
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Anestesiología, Analgesia y Urgencias. Profesor de Tiempo Completo. Hospital de Pequeñas Especies. Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán. Universidad Nacional Autónoma de México. UNAM.
Resumen
La epilepsia idiopática (EI) es la causa más frecuente de convulsiones recurrentes en perros adultos, representando entre el 60 y 80 % de los casos de epilepsia en pacientes atendidos en hospitales de referencia. Debido a que no existe una prueba diagnóstica específica, su diagnóstico se basa en la integración de la historia clínica, el examen neurológico y la exclusión sistemática de enfermedades estructurales y metabólicas capaces de provocar crisis epilépticas.
En los últimos años, el conocimiento sobre su fisiopatología, diagnóstico y tratamiento ha evolucionado de manera importante, impulsando la publicación de consensos y estudios que han modificado el abordaje clínico de estos pacientes. En este artículo se revisan los aspectos más relevantes para el médico mediante diez preguntas clave, abordando la evidencia científica disponible y su aplicación práctica en la toma de decisiones clínicas.

1. ¿Qué es la epilepsia idiopática y cómo se establece el diagnóstico en perros?
La International Veterinary Epilepsy Task Force (IVETF) define la epilepsia como una enfermedad cerebral caracterizada por una predisposición persistente a generar crisis epilépticas, con sus consecuencias neurobiológicas, cognitivas y conductuales.
La epilepsia idiopática corresponde a una epilepsia de origen presumiblemente genético, en la que no se identifican alteraciones estructurales cerebrales ni enfermedades metabólicas que expliquen las convulsiones. En la mayoría de los pacientes, el diagnóstico continúa siendo de exclusión.
La IVETF propuso un sistema diagnóstico basado en tres niveles de certeza (Tier I-III):
Aunque el electroencefalograma (EEG) constituye el estándar para demostrar actividad epiléptica, su disponibilidad en medicina veterinaria continúa siendo limitada y su ausencia no excluye el diagnóstico.
En la práctica, la mayoría de los perros con epilepsia idiopática pueden diagnosticarse con un alto grado de confianza utilizando los criterios Tier I. Sin embargo, la resonancia magnética y el análisis del líquido cefalorraquídeo son recomendables en pacientes con mala respuesta al tratamiento, convulsiones focales progresivas, edad de inicio fuera del intervalo esperado y déficit neurológico interictal.

2. ¿Cuándo debe iniciarse el tratamiento anticonvulsivo en perros con epilepsia idiopática?
Una de las decisiones más importantes en el manejo de la epilepsia idiopática consiste en definir el momento adecuado para iniciar el tratamiento anticonvulsivo. Comenzarlo de forma prematura puede exponer al paciente a efectos adversos innecesarios durante años, mientras que retrasarlo incrementa el riesgo de crisis recurrentes, crisis en racimo, estado epiléptico y, posiblemente, de un proceso de epileptogénesis que favorezca la progresión de la enfermedad. Por ello, la decisión debe individualizarse considerando el tipo de paciente, la frecuencia y gravedad de las crisis, así como el riesgo de recurrencia.
No existe evidencia que demuestre que iniciar un anticonvulsivo después de una única crisis no provocada modifique el curso natural de la enfermedad o mejore el pronóstico a largo plazo. En consecuencia, la mayoría de los consensos no recomienda instaurar tratamiento permanente tras una primera convulsión aislada, siempre que el paciente presente un examen neurológico interictal normal y no existan hallazgos que sugieran una enfermedad intracraneal.
La conducta inicial debe centrarse en confirmar el diagnóstico, investigar posibles causas subyacentes y establecer un plan de seguimiento estrecho.
De acuerdo con las recomendaciones del IVETF y del American College of Veterinary Internal Medicine (ACVIM), el tratamiento anticonvulsivo está indicado en cualquiera de las siguientes situaciones:

Diversos estudios experimentales y clínicos han demostrado que la repetición de crisis favorece cambios funcionales y estructurales en las redes neuronales, fenómeno conocido como epileptogénesis, que puede facilitar la aparición de nuevas convulsiones y aumentar la farmacorresistencia. Aunque en perros la evidencia es menos concluyente que en medicina humana, las crisis en racimo y el estado epiléptico se asocian consistentemente con un peor control de la enfermedad y un incremento de la mortalidad.
La decisión de iniciar un anticonvulsivo no debe basarse exclusivamente en el número de convulsiones. La edad del paciente, el tipo de crisis, la presencia de eventos en racimo, la recuperación posictal, las enfermedades concomitantes, el riesgo anestésico futuro y la capacidad del propietario para reconocer y registrar las crisis son factores que también deben incorporarse al proceso de decisión. Una comunicación clara con el propietario resulta indispensable antes de iniciar el tratamiento, ya que la mayoría de los pacientes requerirá medicación durante toda su vida, monitorización periódica y ajustes terapéuticos conforme evolucione la enfermedad. El propietario debe comprender que el objetivo del tratamiento es reducir la frecuencia y severidad de las crisis, no necesariamente eliminarlas por completo.
3. ¿Cómo elegir el anticonvulsivo adecuado para iniciar el tratamiento?
Aunque varios fármacos han demostrado ser eficaces para reducir la frecuencia de las crisis, ninguno ha mostrado superioridad absoluta sobre los demás en todos los pacientes. La elección del tratamiento debe individualizarse, valorando aspectos como: tipo y frecuencia de las crisis, edad del paciente, enfermedades concomitantes (especialmente hepatopatías, nefropatías y endocrinopatías), posibles interacciones farmacológicas, facilidad para administrar el medicamento, necesidad de monitorización terapéutica, costo del tratamiento y cumplimiento esperado por parte del propietario. A continuación se muestran los aspectos más relevantes de los fármacos recomendados para el inicio del tratamiento:
4. ¿Cómo afecta la dieta las concentraciones plasmáticas del bromuro de potasio?
El potasio tiene poca importancia desde el punto de vista anticonvulsivo; el efecto terapéutico depende exclusivamente del ion bromuro (Br-). El bromuro no se metaboliza, prácticamente el 100 % se elimina por vía renal. En el túbulo renal, el ion bromuro compite con el ion cloruro para su reabsorción. Cuando la ingesta de sal (cloruro de sodio) disminuye, el riñón incrementa la reabsorción tubular de haluros (cloruro y bromuro) para conservar sodio, disminuyendo su eliminación urinaria y aumentando su concentración sérica, favoreciendo el riesgo de bromismo. Por el contrario, una dieta con mayor contenido de sal incrementa la excreción renal de bromuro y reduce sus concentraciones séricas favoreciendo la reaparición de las crisis.
El aspecto más importante no es que la dieta sea «alta» o «baja» en sal, sino que permanezca constante. Cambios bruscos en el consumo de cloruro de sodio pueden modificar significativamente las concentraciones séricas de bromuro, incluso sin alterar la dosis administrada.
No existe una clasificación específica de dietas «bajas en cloruro», ya que los fabricantes rara vez reportan este nutriente. Sin embargo, algunas dietas caseras formuladas sin suplementación mineral adecuada, dietas con restricción de sodio para enfermedad cardiovascular, algunas dietas renales y dietas preparadas por los propietarios con ingredientes frescos y poca sal añadida, pueden contener menos cloruro que una dieta de mantenimiento. Por otro lado, la incorporación de algunos premios, puede aumentar significativamente la ingesta de sal.
Los signos de bromismo pueden ser neurológicos: Ataxia, sedación, letargia, debilidad, tetraparesia ambulatoria, déficit propioceptivo, disminución de los reflejos espinales, nistagmo, temblores, desorientación, alteración del estado mental y, en casos graves, estupor o coma. Gastrointestinales: Hiporexia, vómito y estreñimiento ocasionales y Conductuales: disminución de la actividad, apatía y menor interacción con el propietario. También pueden presentarse con enfermedades renales que disminuyan la eliminación del bromuro. La mayoría de los pacientes mejora en pocos días tras disminuir la concentración sérica de bromuro.
5. ¿Qué evidencias científicas existen acerca del llamado “efecto luna de miel” del levetiracetam?
Estudios observacionales (no ensayos clínicos diseñados específicamente para demostrar tolerancia farmacológica), sugieren que algunos perros tratados con levetiracetam de forma continua pueden experimentar una disminución progresiva de la respuesta anticonvulsiva, fenómeno conocido como ‹efecto luna de miel›. Aunque este hallazgo ha motivado el desarrollo de esquemas de administración en pulsos para pacientes con convulsiones en racimo, actualmente no existe evidencia suficiente para confirmar que represente una verdadera tolerancia farmacodinámica, ya que también podría reflejar la progresión natural de la epilepsia o la variabilidad propia de la enfermedad.
El trabajo que introdujo este concepto fue el realizado por Volk et al, en el 2008 , que señaló que los perros que inicialmente mostraban respuesta a la terapia, reincidían con convulsiones a los 4-8 meses de uso.
Actualmente, se considera que el levetiracetam es muy valioso en el manejo de urgencias como el estado epiléptico y de las convulsiones en racimo, pero existe una mayor cautela respecto a su uso como anticonvulsivo de mantenimiento a largo plazo. Por la incertidumbre sobre la persistencia de su eficacia, se requieren estudios bien diseñados para determinar la existencia e importancia clínica de esta situación.
6. Cómo y para qué se realizan las cargas de anticonvulsivos?
La dosis de carga consiste en administrar una cantidad mayor del fármaco al inicio del tratamiento con el objetivo de alcanzar rápidamente concentraciones plasmáticas terapéuticas. Esta estrategia es especialmente útil en anticonvulsivos con vidas medias prolongadas, en los cuales el estado estable tardaría varios días o incluso meses en alcanzarse. Sin una dosis de carga, un medicamento requiere aproximadamente 4 a 5 vidas medias para alcanzar el estado estable. En consecuencia, el Fenobarbital tardaría de 10-14 días y el Bromuro de potasio 3-4 meses. La dosis de carga no incrementa la eficacia máxima del fármaco, sino que acorta el tiempo necesario para alcanzar concentraciones terapéuticas.
Las dosis de carga se recomiendan cuando se inicia el tratamiento de una epilepsia muy activa, tien una especial importancia en el bromuro de potasio, en este caso, El IVETF recomienda una dosis total de: 400-600 mg/kg repartida durante 4-5 días, (100-150 mg/kg/día, divididos en dos o más administraciones). Algunos protocolos emplean dosis más bajas (300 mg/kg totales repartidos en 4-5 dias ) para disminuir los efectos adversos. El principal problema es el bromismo agudo, por eso deben de contemplarse un seguimiento y comunicación constante con el propietario en esta etapa.
En el caso del fenobarbital, los protocolos de carga se consideran menos necesarios y normalmente se reservan para el tratamiento de crisis en racimo y estado epiléptico, sin embargo en el caso de epilepsia idiopática con alta frecuencia algunos autores señalan 15-20 mg/kg PO, dividido en varias administraciones durante 24-48 horas, se debe considerar mayor probabilidad de efectos adversos como depresión del SNC (el más frecuente), depresión respiratoria, hipotensión leve a moderada, hipotermia y alteraciones hepáticas.
7.- ¿Cómo se establece que el control de las convulsiones es adecuado?
No existe un criterio universalmente aceptado en medicina veterinaria para definir un «control adecuado» de las convulsiones. El IVETF y el ACVIM insisten en que el objetivo del tratamiento no es necesariamente eliminar todas las crisis, sino mejorar la calidad de vida del paciente y del propietario reduciendo la frecuencia, gravedad y duración de las convulsiones con efectos adversos aceptables. Sin embargo, la mayoría de los ensayos clínicos en epilepsia canina consideran un respondedor al tratamiento cuando presenta ≥50 % de reducción en la frecuencia de las convulsiones respecto al periodo basal, este criterio se tomó originalmente de la neurología humana y se utiliza para comparar la eficacia de los anticonvulsivos, pero no significa necesariamente que el paciente esté bien controlado. Otro criterio sugerido por la Veterinary Epilepsy Task Force, es lograr un intervalo interictal de al menos tres veces el existente antes del tratamiento. ( p . ejem. antes del tratamiento: una convulsión cada 10 días, después del tratamiento: una convulsión cada 30 días o más.)
Tomando en cuenta lo anterior, este autor propone un control adecuado cuando se cumplen todos los siguientes criterios: reducción ≥50 % de la frecuencia de las convulsiones respecto al periodo previo al tratamiento o un intervalo interictal de al menos tres veces el existente antes del tratamiento, la reducción debe ser suficiente en frecuencia y gravedad para mantener una buena calidad de vida del paciente y del propietario, debe producir ausencia de estado epiléptico y ausencia de convulsiones en racimo o reducción importante de su frecuencia, así como efectos adversos leves o tolerables.
8. ¿Qué hacer cuando las convulsiones no se controlan con un anticonvulsivo?
A pesar de que la mayoría de los perros con epilepsia idiopática responde favorablemente al tratamiento inicial, entre el 20 y el 30 % de los pacientes continúan presentando convulsiones frecuente o intensa, a pesar de recibir un anticonvulsivo a dosis adecuadas, lo que representa uno de los principales retos terapéuticos.
Para abordar esta situación, se recomienda seguir los pasos a continuación señalados:
a) Confirmar el diagnóstico. La primera pregunta que debe plantearse el clínico es si el paciente realmente padece epilepsia idiopática. Algunos perros inicialmente diagnosticados con epilepsia idiopática son reclasificados posteriormente como pacientes con enfermedad estructural intracraneal o convulsiones secundarias a alteraciones metabólicas. Debe reconsiderarse el diagnóstico cuando aparezcan: déficit neurológicos interictales, cambios en el comportamiento progresivos, aumento de la frecuencia o gravedad de las crisis, inicio de las convulsiones fuera del intervalo típico de 6 meses a 6 años, mala respuesta al tratamiento.
En estos pacientes puede ser necesario repetir la resonancia magnética, el análisis del líquido cefalorraquídeo o realizar nuevamente estudios metabólicos.
b) Comprobar la adherencia al tratamiento. La falta de respuesta terapéutica con frecuencia obedece a problemas de administración. Debe corroborarse la administración correcta de la dosis, el cumplimiento del intervalo de dosificación, omisión de dosis, cambios recientes en la dieta, y administración simultánea de otros medicamentos o suplementos nutricionales.
c) Verificar que la concentración sérica sea adecuada. Antes de aumentar la dosis o añadir otro anticonvulsivo, es indispensable determinar si el paciente realmente recibe una exposición terapéutica al fármaco, esta recomendación aplica para fenobarbital y bromuro de potasio.
Una concentración sub-terapéutica suele indicar dosis insuficiente, administración incorrecta, inducción del metabolismo, en el caso del fenobarbital, o errores en la medicación.
d) Optimizar la dosis antes de añadir otro anticonvulsivo. Siempre que el paciente tolere el tratamiento y las concentraciones séricas permanezcan por debajo del límite superior del intervalo terapéutico, la primera estrategia consiste en optimizar la dosis del anticonvulsivo inicial.
Existe una fórmula que puede ser utilizada para incrementar la dosis de fenobarbital :
Nueva dosis = Dosis actual x Concentración deseada Concentración actual
e) Agregar otro anticonvulsivo. La adición de un segundo anticonvulsivo está indicada cuando, a pesar de una dosis óptima y concentraciones séricas terapéuticas, persiste cualquiera de las siguientes situaciones: las convulsiones continúan con una frecuencia clínicamente inaceptable, persisten crisis en racimo, ocurre al menos un episodio de estado epiléptico y los efectos adversos impiden aumentar la dosis del primer anticonvulsivo.
Actualmente, la combinación con mayor respaldo científico continúa siendo:
Fenobarbital + bromuro de potasio. Esta asociación ha demostrado reducir significativamente la frecuencia de las crisis en perros con respuesta insuficiente al fenobarbital. Su principal limitación es el incremento de efectos adversos neurológicos (sedación, ataxia,debilidad, bromismo).Por esta razón requiere monitorización clínica y determinación periódica de las concentraciones séricas de ambos fármacos si es posible.
Fenobarbital + levetiracetam. Esta combinación ofrece la ventaja de producir pocas interacciones farmacológicas y un perfil de seguridad favorable. No obstante, la evidencia disponible es menor que para la combinación con bromuro de potasio y existe la posibilidad de que algunos pacientes presentan una disminución progresiva de la respuesta clínica durante tratamientos prolongados
f) Considerar farmacorresistencia. El International Veterinary Epilepsy Task Force (IVETF) propone considerar farmacorresistencia cuando las convulsiones no se controlan a pesar del uso apropiado de al menos dos anticonvulsivos seleccionados adecuadamente, administrados a dosis eficaces y bien toleradas. La farmacorresistencia no significa que se hayan agotado las opciones terapéuticas, por el contrario, representa el inicio de una fase de manejo más individualizada, en la que la selección racional de anticonvulsivos, el tratamiento precoz de las crisis en racimo, la incorporación de estrategias dietéticas y suplementos con evidencia y el seguimiento sistemático pueden mejorar de forma significativa el pronóstico funcional y la calidad de vida del paciente.
Vale la pena mencionar que existen algunas razas con pronósticos reservados por mayor riesgo de epilepsia farmacoresistente como el Border Collie, Pastor Australiano, Pastor Belga, Pastor Alemán, Beagle, Labrador Retriever y Golden Retriever.
9. ¿Qué tratamientos adyuvantes pueden utilizarse en perros con epilepsia idiopática y cuál es la evidencia de su eficacia?
La evaluación de diversas estrategias adyuvantes dirigidas a mejorar el control de las crisis o reducir la dosis de anticonvulsivos continúa, hasta el momento, la evidencia científica disponible es muy heterogénea. Mientras algunas intervenciones han demostrado beneficios en ensayos clínicos controlados, otras se sustentan únicamente en estudios piloto, series de casos o evidencia anecdótica. Por ello, su incorporación al tratamiento debe realizarse con base en el nivel de evidencia disponible y nunca como sustituto de la terapia anticonvulsiva convencional.
En la siguiente tabla 2 se resumen los aspectos más relevantes de los tratamientos adyuvantes.
10. ¿Es posible suspender el tratamiento anticonvulsivo en perros, por remisión de la epilepsia idiopática?
La remisión espontánea de la epilepsia idiopática es posible, pero es poco frecuente. A diferencia de la epilepsia humana infantil, donde algunos síndromes remiten con la edad, la epilepsia idiopática canina se considera generalmente una enfermedad crónica que requiere tratamiento de por vida. Además, los datos disponibles son limitados porque existen pocos estudios prospectivos diseñados específicamente para evaluar la retirada del tratamiento, el IVETF y el ACVIM no recomiendan suspender rutinariamente los anticonvulsivos en perros que han alcanzado un buen control clínico ya que el riesgo de recaída es elevado y actualmente no existen predictores confiables que permitan identificar qué perros permanecerán libres de convulsiones. No obstante, la suspensión podría considerarse de forma individual en perros cuidadosamente seleccionados cuando se cumplen todos los siguientes requisitos: ausencia de convulsiones durante al menos 2 años, epilepsia idiopática bien documentada, examen neurológico normal, ausencia de crisis en racimo o estado epiléptico durante la evolución, no haya sido necesario usar politerapia, buena comunicación con el propietario y aceptación del riesgo de recaída.
Es importante destacar que esta recomendación deriva principalmente de la extrapolación de la neurología humana y de la experiencia clínica, no de estudios controlados en perros.
El retiro del fármaco debe ser siempre gradual, disminuyendo la dosis entre 10 y 20 % cada 3 a 4 semanas y reevaluando clínicamente al paciente antes de realizar el siguiente descenso.Se debe considerar también que algunos pacientes no recuperan el mismo grado de control cuando se reinicia el tratamiento, fenómeno bien descrito en medicina humana.
11. ¿Esterilizar a los pacientes con epilepsia idiopática genera algún beneficio en el control de las convulsiones?
La esterilización no debe considerarse un tratamiento anticonvulsivo de rutina en perros con epilepsia idiopática. Su principal indicación es evitar la transmisión de una enfermedad con reconocido componente hereditario. Aunque algunas hembras presentan un incremento de las convulsiones asociado al ciclo estral y podrían beneficiarse de la ovariohisterectomía, la evidencia disponible es limitada y no justifica recomendar este procedimiento con fines anticonvulsivos en todos los pacientes.
Por otro lado, algunas publicaciones en medicina humana sugieren que la progesterona posee propiedades anticonvulsivas, por ello, teóricamente, la pérdida completa de progesterona podría incluso favorecer las convulsiones en determinadas pacientes. Hasta ahora, esto no ha podido demostrarse claramente en perros.
Es importante destacar que esta recomendación deriva principalmente de la extrapolación de la neurología humana y de la experiencia clínica, no de estudios controlados en perros.
El retiro del fármaco debe ser siempre gradual, disminuyendo la dosis entre 10 y 20 % cada 3 a 4 semanas y reevaluando clínicamente al paciente antes de realizar el siguiente descenso.Se debe considerar también que algunos pacientes no recuperan el mismo grado de control cuando se reinicia el tratamiento, fenómeno bien descrito en medicina humana.
12.¿Qué hacer cuando las convulsiones son desencadenadas, en pacientes con epilepsia idiopática, por estímulos previsibles como pirotecnia, tormentas o situaciones de estrés?
Existe un concepto ampliamente utilizado en neurología humana denominado «interval therapy» o tratamiento intermitente, que consiste en administrar anticonvulsivos únicamente durante periodos previsibles de alto riesgo (por ejemplo, fiebre o menstruación). Aunque este concepto no ha sido formalmente desarrollado en neurología veterinaria, el uso de levetiracetam en pulsos frente a desencadenantes previsibles sigue la misma lógica farmacológica.
En perros con antecedentes de convulsiones desencadenadas por pirotecnia, tormentas eléctricas o situaciones estresantes, una estrategia racional consiste en combinar medidas ambientales, terapia en pulsos con levetiracetam y un protocolo de rescate con midazolam intranasal, reservando los ansiolíticos como tratamiento complementario cuando la respuesta emocional al estímulo es marcada. A continuación se describen estos tratamientos:
Estos protocolos no están estandarizados ni respaldados por consensos internacionales para el uso profiláctico ante desencadenantes. Las dosis de clorazepato y diazepam que se recomiendan provienen principalmente de la experiencia clínica publicada en textos de neurología y farmacología veterinaria, por lo que se presentan como recomendaciones empíricas y no como estándares de práctica basados en ensayos clínicos.
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