

Año XXIII. Edición 136. Agosto Septiembre 2026
Alergias alimentarias en perros y gatos: estrategias nutricionales para mejorar la calidad de vida

PALABRAS CLAVE: Alergia alimentaria > nutrición > perro > gato.
Departamento de Nutrición e Innovación NUTEC®
Mariana Rocha mrocha@gponutec.com
Cristopher Moreno cmoreno@gponutec.com
Elia María García emgarcia@gponutec.com
Gonzalo Villar gvillar@gponutec.com
Resumen
La alimentación constituye la principal vía mediante la cual los perros y gatos obtienen los nutrientes esenciales para mantener su salud, favorecer el adecuado funcionamiento de su organismo y conservar una condición corporal óptima. No obstante, en algunos individuos, la ingestión de determinados ingredientes puede desencadenar respuestas fisiológicas anormales que comprometen su bienestar. Estas respuestas se agrupan bajo el término Reacción Adversa al Alimento (RAA), un concepto que engloba cualquier efecto perjudicial asociado con el consumo de un alimento o alguno de sus componentes 1,2,3. En las alergias alimentarias, una de las categorías de las RAA, el sistema inmunitario reacciona de forma exacerbada ante un alérgeno presente en el alimento, generando lesiones cutáneas y problemas gastrointestinales de importancia, afectando de forma relevante la calidad de vida del animal. Por lo anterior, la nutrición desempeña un papel fundamental en el manejo de las RAA, ya que permite implementar estrategias dietéticas orientadas a reducir la exposición a los ingredientes desencadenantes y a favorecer la recuperación del organismo.

Introducción
De acuerdo con el mecanismo que las origina, las RAA se clasifican en tres grandes categorías: la alergia alimentaria, mediada por una respuesta del sistema inmunológico frente a componentes específicos de la dieta; la intolerancia alimentaria, en la que los signos clínicos se producen por mecanismos no inmunológicos, como alteraciones en la digestión, el metabolismo o la sensibilidad a determinados compuestos, y finalmente la intoxicación, donde se ven involucradas las toxinas bacterianas y fúngicas3.
La tolerancia oral es un mecanismo fisiológico mediante el cual los animales sanos desarrollan una respuesta de no reactividad inmunológica frente a las proteínas presentes en la dieta, debido a este proceso, el sistema inmunitario reconoce a los antígenos alimentarios como inocuos, evitando el desarrollo de reacciones alérgicas. La pérdida o alteración de esta tolerancia constituye uno de los principales mecanismos implicados en el desarrollo de las alergias alimentarias. Factores como la disbiosis microbiana, defectos en la barrera intestinal o la exposición temprana a alérgenos a través de una piel dañada (hipótesis de la doble exposición) pueden causar que el cuerpo deje de tolerar el alimento y cuando esto sucede, el sistema inmunitario comienza a identificar las proteínas alimentarias como amenazas 2,4,5.
Estado normal:
Tolerancia Oral 2,4
En un animal sano, el cuerpo no reacciona a las proteínas ingeridas gracias a:
1. Degradación digestiva: Las proteasas descomponen las proteínas en péptidos pequeños no inmunogénicos.
2. Respuesta de células T reguladoras (Treg): Si una proteína se absorbe intacta, las células dendríticas la presentan a los linfocitos, estimulando una respuesta de células Treg que secretan citocinas supresoras (IL-10 y TGF-β), que frenan cualquier reacción alérgica potencial.
Factores
desencadenantes 2,4
Diversos elementos pueden facilitar que la tolerancia se rompa:
1. Defectos en la barrera intestinal: Una mayor permeabilidad permite que proteínas crucen la pared del intestino y activen al sistema inmune.
2. Disbiosis microbiana: Las alteraciones en la microbiota intestinal pueden preceder y determinar el inicio de las alergias alimentarias.
3. Genética: Existe una predisposición hereditaria a desarrollar estas respuestas exageradas.
4. Sensibilización percutánea: Se ha postulado que la sensibilización puede ocurrir no solo por la boca, sino a través de una piel dañada o inflamada.
Fase de sensibilización:
Ruptura de la tolerancia 2,4
Cuando la tolerancia falla, el sistema inmunitario comienza a identificar las proteínas alimentarias como amenazas.
1. Sensibilización innata: En respuesta al daño, el epitelio libera citocinas de alarma (IL-33, IL-25 y TSLP). Desencadenando la activación innata, ya que les indican a las células dendríticas que promuevan la proliferación de linfocitos Th2 y no de Treg, aumentan y activan a las células linfoides innatas tipo 2 (ILC2) y promueven la proliferación de basófilos y células cebadas.
2. Producción de IgE: Los linfocitos Th2 las ILC2 y los basófilos liberan IL-4 e IL-13 que inducen a los linfocitos B a fabricar anticuerpos IgE específicos contra ese alérgeno. Estos anticuerpos se fijan a la superficie de los mastocitos en los tejidos y a los basófilos en circulación.
Fase efectora:
Reacciones clínicas 2,4
Una vez que el animal está "sensibilizado" (ya tiene IgE en sus mastocitos y basófilos, hipersensibilidad Tipo I). La siguiente vez que ingiera el alimento, el antígeno se unirá a la IgE, provocando la degranulación de los mastocitos y los basófilos, liberando mediadores como la histamina, lo que genera signos como el prurito, la inflamación o la diarrea.
También se pueden presentar reacciones mediadas por células (hipersensibilidad Tipo IV), donde no interviene la IgE sino linfocitos T que causan respuestas inflamatorias más tardías.
Alérgenos alimentarios: la causa
Los principales alérgenos alimentarios son proteínas que generalmente se encuentran en un peso molecular de entre 15 y 40, o hasta 70 kilodaltons (kDa) 4.5. Para que una proteína presente potencial alergénico, debe poseer características que le permitan conservar su integridad estructural durante el proceso digestivo y poder desencadenar una respuesta inmunitaria en individuos susceptibles.
Entre las principales características se encuentran: a) un tamaño molecular adecuado para ser reconocido por el sistema inmunitario; b) estabilidad frente al procesamiento térmico y a la digestión, lo que favorece que llegue intacta a las células del sistema inmunitario y pueda ser reconocida; c) la presencia de epítopos inmunogénicos, ya sean secuenciales o conformacionales; y d) la capacidad de inducir una respuesta inmunitaria, iniciando la producción de IgE o respuestas mediadas por células 4,5,6. Diferentes ingredientes han sido reportados como alérgenos en perros y gatos, resaltando los siguientes:

Incidencia de casos. Información de Muller, et al., (2016)6.
Consecuencias de las reacciones adversas al alimento
En la práctica clínica, generalmente es imposible diferenciar una alergia alimentaria de una intolerancia alimentaria o de una alergia ambiental basándose únicamente en los signos clínicos, ya que pueden presentar manifestaciones cutáneas y/o gastrointestinales muy similares.
Entre las manifestaciones cutáneas, el prurito es uno de los signos clínicos más frecuentes, afectando principalmente la cara, las orejas, las patas y el abdomen, suele acompañarse de un acicalamiento excesivo. Como consecuencia del rascado persistente y del trauma autoinfligido, pueden desarrollarse lesiones como eritema, alopecia, liquenificación, hiperpigmentación e infecciones secundarias por bacterias o levaduras. Asimismo, algunos animales pueden presentar otitis externa recurrente como parte del cuadro clínico 3,6,7.
Las manifestaciones gastrointestinales ocurren con menor frecuencia que los signos cutáneos, y comprenden vómito, diarrea, anorexia, pérdida de peso, flatulencia, borborigmos y dolor abdominal. En los casos moderados a severos, la combinación de estos signos puede afectar de manera importante la calidad de vida del animal, ocasionando una disminución de la actividad física, alteraciones en las interacciones sociales y cambios en su comportamiento habitual. Además, los trastornos gastrointestinales pueden comprometer la digestión y la absorción de nutrientes, favoreciendo una reducción en la condición corporal, los niveles de energía y el bienestar general 3,6,7.
El uso de antioxidantes es fundamental en el tratamiento de las RAA al alimento debido a que en estas condiciones se suele cursar por estrés oxidativo, un estado donde la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS) supera la capacidad de defensa del organismo, causando daño a las células, tejidos y órganos. Los radicales libres atacan directamente a los lípidos y aminoácidos de las membranas, lo que provoca la pérdida de su integridad y puede derivar en la muerte celular8,9.
Estrategias nutricionales: aliados para mejorar la calidad de vida
Gracias a las investigaciones en nutrición y alimentación en las mascotas, existen diversas herramientas que funcionan como coadyuvantes en el tratamiento y mejora de los signos clínicos presentados dentro de las RAA:

1. Proteínas novedosas
Las reacciones alérgicas requieren una sensibilización previa, por lo que la implementación de fuentes proteicas poco utilizadas, o que no forman parte de la dieta habitual de perros y gatos, minimiza el riesgo de desencadenar una respuesta inmunitaria. Entre las proteínas novedosas utilizadas con mayor frecuencia se encuentran las provenientes del salmón, conejo, venado, canguro, pato o insectos 5,7.
2. Dietas hidrolizadas
La disminución del peso molecular de las proteínas al fragmentarlas en péptidos y aminoácidos libres mediante hidrólisis reduce y elimina a los epítopos reconocibles por el sistema inmunitario. Tras alcanzar un peso molecular inferior a 10 kDa, los péptidos resultantes dificultan estéricamente el entrecruzamiento de los anticuerpos IgE de superficie en los mastocitos y los basófilos favoreciendo su hipoalergenicidad10,11,12.
3. Antioxidantes
La vitamina E desempeña un papel fundamental en la protección de las estructuras celulares y en la modulación de la respuesta inmunitaria en perros y gatos. Su principal función biológica es actuar como un antioxidante liposoluble, protegiendo los ácidos grasos poliinsaturados presentes en las membranas celulares frente al daño oxidativo ocasionado por los radicales libres. La acción de la vitamina E es complementaria a la del selenio, ya que ambos nutrientes contribuyen al mantenimiento de la integridad y estabilidad de las membranas celulares 8,13,14.
El selenio forma parte del sitio activo de la enzima glutatión peroxidasa (GPx), responsable de neutralizar los peróxidos y otras especies reactivas de oxígeno antes de que provoquen daño oxidativo en los tejidos, incluida la piel 15. Nutracéuticos como la escutelaria (Scutellaria baicalensis) han demostrado tener un poder antioxidante al neutralizar los radicales libres, estimulando la producción de defensas antioxidantes endógenas y protegiendo las células del daño oxidativo, además, presenta un efecto de modulación de la inflamación, inhibición de mastocitos y control de la producción de histamina9.
4. Soporte para la piel y el pelo dañado
El uso de los ácidos grasos esenciales, principalmente los de las familias omega-3 y omega-6, es una estrategia fundamental y coadyuvante en el tratamiento de las alergias y trastornos dermatológicos. El ácido linoleico (AL), un componente clave de la familia omega-6, es indispensable para la salud de la piel ya que es un precursor de las ceramidas, que son componentes esenciales de la matriz lipídica extracelular de la piel manteniendo la integridad de la barrera, además, ayuda a mantener la barrera de permeabilidad al agua, evitando la pérdida transepidérmica de agua y manteniendo la hidratación. El ácido araquidónico (AA), otro omega-6, regula la proliferación de la epidermis a través de la prostaglandina E2, permitiendo la regeneración de la piel después de las lesiones causadas por las alergias alimentarias 8,14,16.
Con el objetivo de favorecer la recuperación y regeneración de la piel dañada, el zinc desempeña un papel esencial en la proliferación y diferenciación de los queratinocitos, procesos fundamentales para la renovación de la epidermis y una adecuada cicatrización cutánea. Además de su función estructural, el zinc posee una importante actividad antioxidante. Es un componente esencial de la enzima superóxido dismutasa, la cual cataliza la conversión del radical superóxido en especies menos reactivas, contribuyendo a disminuir el daño oxidativo. Asimismo, el zinc estabiliza las membranas celulares, compite con metales con potencial prooxidante y protege los grupos sulfhidrilo de las proteínas frente a la oxidación17. La niacinamida o vitamina B3 es fundamental para la síntesis de esfingolípidos (especialmente ceramidas) y ácidos grasos libres en el estrato córneo de la piel18. En el caso de la biotina (vitamina B7) es esencial para el metabolismo de los ácidos grasos poliinsaturados (PUFAs), los cuales son componentes críticos de la matriz lipídica que mantiene la hidratación cutánea y evita la entrada de alérgenos14. En perros con dermatitis atópica y alergias alimentarias, la suplementación con biotina, zinc y ácidos grasos esenciales ha demostrado mejorar las puntuaciones de lesiones cutáneas y reducir el prurito19.
5. Soporte gastrointestinal
Con la finalidad de mantener la integridad de la barrera intestinal y modular la respuesta inflamatoria en las reacciones adversas a los alimentos, la glutamina desempeña un papel fundamental. Estimula la síntesis de proteínas y reduce la proteólisis en los enterocitos, además de que potencia los efectos de los factores de crecimiento en la reparación celular y activa vías de señalización que favorecen la proliferación de las células intestinales. Además, incrementa la expresión de la proteína de choque térmico 70, la cual protege a los enterocitos contra el daño celular y la muerte inducida por estrés térmico o inflamatorio 20,21,22. Entre otros elementos, el butirato es fundamental para mantener la estructura y función del epitelio intestinal al ser el sustrato energético preferido de los colonocitos y por los enterocitos del yeyuno. Estimula la proliferación y diferenciación de las células epiteliales, lo que favorece la regeneración de las vellosidades y aumenta la superficie de absorción, además de que fortalece la barrera mucosa al regular las proteínas de unión estrecha, reduciendo la permeabilidad intestinal 4, 23,24,25.
6. Equilibrio inmunológico
Aumentar la disponibilidad del ácido eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA), crea un ambiente inmunomodulador porque compiten contra el ácido araquidónico como precursores en la síntesis de prostaglandinas y leucotrienos alternativos con menor potencial inflamatorio8. En consecuencia, los linfocitos T efectores disminuyen su activación, proliferación y secreción de citocinas proinflamatorias, modulación que explica el poder reducir las dosis necesarias de glucocorticoides o ciclosporina para controlar el prurito. En el mismo sentido, el butirato, además del apoyo que brinda a la integridad intestinal, promueve la diferenciación de los linfocitos T hacia el linaje regulador (Treg), células indispensables para prevenir las respuestas exacerbadas contra los antígenos de la dieta4,16, 24, 25.
Conclusiones
En conjunto, la nutrición constituye una herramienta fundamental en el manejo de las reacciones adversas al alimento, ya que no solo contribuye a controlar los signos clínicos, sino que también favorece la restauración de las barreras cutánea e intestinal, modula la respuesta inmunitaria e inflamatoria y reduce el estrés oxidativo. Estas acciones permiten mejorar la calidad de vida del paciente y favorecer un mejor pronóstico a largo plazo. No obstante, su eficacia depende de un diagnóstico preciso, basado en una dieta de eliminación seguida de una prueba de provocación, que permita establecer la estrategia nutricional más adecuada para cada paciente.
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