google-site-verification=zl2BFmWkKnMfWepghiQhluc1_SNBuOLiZdzvrMLd1r8

La nefrona, la unidad funcional renal es compleja tanto anatómica como funcionalmente. En su tortuoso y complicado curso, alcanza una longitud de muchos miles de micras, mientras que su lumen, a lo largo de la mayor parte del su curso es inferior a 50 micras de diámetro. Para cumplir con sus compromisos funcionales, debe mantener la permeabilidad de su estrecho lumen a pesar del hecho de que se comprime junto con aproximadamente un millón de unidades similares en un órgano que pesa menos de 200 g5

El parénquima renal puede verse afectado por una amplia variedad de diferentes enfermedades. En algunas de éstas, los cambios patológicos se limitan a los riñones; en otros, los riñones están involucrados como parte de un proceso patológico más generalizado; pero en ambos grupos de enfermedades, se dañan las nefronas de manera irreversible durante periodos prolongados5. En esta situación surge una incapacidad de cumplir las funciones renales lenta pero progresivamente. El enfoque anatómico de la IRC es la reducción del número de nefronas por sustitución del parénquima por tejido conjuntivo. Cuando ocurre una lesión focal o difusa ya sea directa o indirecta en el riñón, independientemente que estos mecanismos de daño cesen la reducción de nefronas progresa y esto se explica porque para compensar la disminución de unidades funcionales, en las nefronas conservadas saludables se produce una hipertrofia y un aumento del flujo sanguíneo así como de la filtración, lo que las lesiona de dos formas; por la acción mecánica de la perfusión excesiva de los capilares glomerulares y por el paso de macromoléculas9. Estas nefronas se adaptan mediante el aumento de sus funciones de filtración, reabsorción y secreción. 

En términos generales la compensación (es decir, la eliminación de la cantidad obligada de elementos por un número reducido de nefronas) sólo puede llevarse a cabo de dos formas: Aumento de la carga filtrada por cada nefrona intacta y disminución de la absorción o aumento de la secreción en los túbulos. A todo esto se le denomina hipertrofia compensatoria y cuando se alcanza un nivel crítico de pérdida de nefronas, la reserva compensatoria se agota y aparece la insuficiencia renal. 

 Generalmente la IRC en el perro y en el gato progresa desde una etapa inicial no azotémica hasta una etapa terminal con síndrome urémico que desenlaza en la muerte del paciente. En algunos casos, esta progresión ocurre muy rápidamente (semanas), mientras que en otros casos, la función renal se mantiene estable durante periodos más prolongados y progresa a lo largo de varios años6

La International Renal Interest Society (IRIS) ha clasificado en cuatro etapas el progreso de la IRC; considerando principalmente los niveles azotemia, particularmente de creatinina en sangre con el fin de facilitar un correcto tratamiento y monitoreo del paciente (Tabla 2)7. Esta interpretación debe aplicarse una vez realizado el diagnóstico de la IRC y teniendo en cuenta que los valores de la creatinina pueden verse influenciados por la masa muscular del paciente, su estado de hidratación y la composición de la dieta8

 Tabla 1. Nefropatías congénitas en 

perros y gatos 

Perros 

Displacia Renal 

Lhasa Apso, Shih Tzu, Poodle Standard, 

Soft-Coated, Wheaten Terrier, Chow Chow, Alaska Malamute, Schnauzer miniatura, 

Golden Retriver. 

Glomerulopatias primarias 

Samoyedo, Cocker Inglés, Bull Terrier, Dálmata, Doberman, Bull Mastiff, 

Rottweiler, Beagle. 

Riñon poliquístico 

Bull Terrier, Cairn Terrier, 

West Highland White Terrier. 

Amiloidosis 

Shar Pei, Foxhound inglés, Beagle. 

Glomerulonefritis inmunomediada 

Soft Coated Eheaten Terrier, 

Bernés de la Montaña. 

Varios 

Basenji, Pastor Alemán. 

Gatos 

Riñón poliquístico 

Persa. 

Amiloidosis 

Abisinio, Siamés, Oriental. 

Tabla 2. Clasificación de IRC de acuerdo a los niveles de creatinina en sangre7

De todas las fases descritas por la IRIS, lo más frecuente es que la enfermedad renal sea reconocida en etapas avanzadas cuando ya se han perdido cantidades considerables de nefronas11

La evaluación del paciente sospechoso de padecer IRC incluye varios pasos, detectando inicialmente la existencia de la enfermedad evaluando la función renal para confirmar si realmente existe una alteración funcional. Una vez realizado esto, es necesario una evaluación complementaria con el objetivo de determinar la severidad y verificar la existencia de alteraciones asociadas presentes en el paciente y cuyo manejo adecuado mejorará la calidad de vida y aumentará la expectativa de supervivencia de estos pacientes12

Importancia de la azotemia en la IRC 

La azotemia se puede definir como niveles excesivos de compuestos nitrogenados en la sangre, tales como la urea, la creatinina y otros subproductos nitrogenados, productos del metabolismo celular y estos niveles excesivos se relacionan principalmente con problemas renales, lo que impide una correcta filtración y depuración de estos elementos que resultan potencialmente nocivos. Se denominan toxinas urémicas y en condiciones normales son excretadas por los riñones. Con la disminución de la función renal se acumulan progresivamente y esto tiene un impacto negativo en los riñones1 y su concentración paulatina se relaciona con la pérdida de la masa renal debido a la hipertrofia compensatoria y este proceso ocurre normalmente de manera asintomática (Figura 1). 

Manejo de la IRC

El manejo general de este padecimiento tiene como objetivo mantener al pacien-te estable con una adecuada calidad de vida. El tratamiento médico de soporte no mejora la función renal, sin embargo, la severidad de los signos se logra reducir al disminuir la carga renal lo que contri-buye a frenar o retrasar los mecanismos inherentes que provocan la progresión del fallo renal. Cuando se conoce la causa pri-maria se debe dar un tratamiento especí-fico. Se deben implementar medidas en-caminadas a mejorar las manifestaciones clínicas provocadas por las toxinas urémi-cas y los signos asociados al padecimien-to renal; mejorar los signos clínicos de la uremia; reducir al mínimo las alteraciones asociadas al exceso o pérdida de electroli-tos, vitaminas y minerales.

Una de las medidas más frecuentes para aminorar la carga renal son las modifica-ciones de la dieta, reduciendo el contenido de proteína, fósforo, sodio y se aumenta el contenido de vitamina B, ácidos grasos omega 3 y 6, y la densidad calórica. Par-ticularmente la restricción de la proteína es debido a la generación de solutos uré-micos tras la degradación de las proteínas, sin embargo esta medida es efectiva prin-cipalmente en las etapas I y II14.

Uso de probióticos en IRC

Varios estudios in vitro e in vivo de diferentes estados patológicos sugieren el efecto positivo en la salud debido al uso de probióticos. Para un efecto benéfico en el individuo, es necesario que ingiera cantidades apropiadas de microorganismos probióticos o suficientes unidades formadoras de colonias (UFC)19. Este enfoque logra una modificación y un equilibrio en el ecosistema de billones de microorganismos que residen en el intestino lo que refleja un buen estado de salud. 

Para entender los efectos de los probióticos en un padecimiento renal, es necesario considerar que en pacientes con enfermedad renal por lo general tienen una microbiota intestinal alterada. El aumento de bacterias aeróbicas, tales como Escherichia coli, resulta en un desequilibrio de microbiota intestinal. Estas bacterias generan sustancias tóxicas; toxinas urémicas y disminuyen la población de bacterias anaerobias, tales como Bifidobacterium y Lactobacillus20

En la IRC, hay mayores concentraciones de urea y, en consecuencia, aumento de amonio; por lo tanto hay un aumento de pH que promueve el crecimiento de bacterias aerobias en el tracto gastrointestinal y la posterior producción de toxinas urémicas. A la inversa, las bifidobacterias fermentan los carbohidratos y producen ácido acético y ácido láctico para acidificar el intestino21. Existe evidencia de que los pacientes con uremia han deteriorado una barrera intestinal que se debe principalmente al desequilibrio de la microbiota. 

Los probióticos, en el papel de adyuvantes para eliminar la urea o las toxinas urémicas, tienen la capacitad de utilizar estos metabolitos como sustratos. Por lo tanto, los probióticos ayudan a la microbiota intestinal a disminuir bacterias productoras de toxinas urémicas. La ureasa es la enzima responsable de la hidrólisis de la urea en amonio y dióxido de carbono, pero solo ciertos microorganismos pueden sintetizar ureasa. 

En los pacientes urémicos, se ha demostrado que a las altas concentraciones de urea en plasma, se aumenta la actividad de la ureasa fecal. Por lo tanto, el aumento en el colon de la ureasa bacteriana se considera un factor benéfico en estos pacientes22

Diálisis Entérica 

El concepto de Diálisis Entérica como estrategia alternativa para la extracción de productos nitrogenados en la insuficiencia renal se basa en el hecho de que una de las funciones de la pared intestinal es de una membrana semipermeable. Impulsado por el gradiente de concentración, los solutos con elevada concentración en la sangre circulante se difunden desde el plasma hacia el lumen y una larga porción de los solutos urémicos son diferencialmente distribuidos a través del intestino15, 16. Los solutos urémicos pueden ser extraídos mediante la unión de absorbentes específicos ingeribles, dentro del intestino, pero este enfoque requiere ingerir grandes cantidades de absorbentes diariamente. Un enfoque innovador para mitigar la uremia es mediante el uso de bacterias vivas que cuando son ingeridas, catabolizan los solutos urémicos en el intestino y son eliminados vía fecal17, 18. 

“El uso de probióticos cada vez se emplea más clínicamente debido a su seguridad y las propiedades y beneficios que tiene sobre los pacientes. Se han evaluado numerosas cepas bacterianas con habilidad para utilizar varios solutos urémicos incluyendo urea, ácido úrico, creatinina y la mayoría de otros productos potencialmente dañinos con el objetivo de diseñar una fórmula que tenga como blanco estas sustancias en el intestino de tal manera que se busque mejorar la salud del paciente12” 

Estudios de eficacia de la bacterioterapia 
gastrointestinal en la IRC 

Hoy en día existe una fórmula patentada que se encuentra conformada por bacterias como Enterococcus thermophilus, Lactobacillus acidophilus y Bifidopacterium longum que ha sido estudiada en diferentes protocolos para evaluar su eficacia. En un estudio donde se emplearon seis minipigs Göttingen nefrectomizados 5/6 partes del riñón (equivalente a 85% de pérdida de la función renal) con azotemia moderada (104 ± 40.0 mg/dL) y se dividieron en dos grupos con tres individuos cada uno respectivamente. Un grupo recibió Azodyl diariamente mientras que el otro grupo fue considerado grupo placebo. Después de 8 semanas, al concluir el estudio, el grupo placebo evidenció un incremento significativo (p=0.009) en niveles de nitrógeno sérico urémico (BUN) después de 2 - 4 semanas (150 ± 0 mg/dL), mientras que el grupo tratado, lo niveles de BUN se mantuvieron por debajo de los niveles de referencia máximo permitidos. (75.1 ± 37.9 mg/dL). Todos los individuos en el grupo placebo murieron dentro de las 4 primeras semanas de estudio. Los sujetos en el grupo tratado mostraron una disminución significativa (p=0.0016) en niveles de BUN (desde 104 ± 40.0 a 45 ± 5.0 mg/dL) después de 8 semanas de tratamiento; todos los individuos sobrevivieron (Gráfica 1)23.

 

En otro estudio, donde se realizó una evaluación clínica preliminar para el tratamiento de azotemia felina, se emplearon 7 gatos con elevados niveles de BUN (41 a 74 mg/dL). Todos los gatos recibieron Azodyl por un periodo de 60 días. Se evaluaron los niveles de BUN y creatinina al día 30 y al día 60 de tratamiento. Lo resultados indicaron una disminución en los niveles de BUN en todos los gatos y una reducción en los niveles de creatinina en 6 de los 7 gatos (86%) tratados (Gráfica 2)24

Esta formulación patentada se desafió en tratamiento en grandes felinos. En una población seleccionada de 15 felinos de entre 12 - 18 años que incluyeron pumas (Puma concolor), leopardos (Panthera pardus), leones (Panthera leo) y tigres (Panthera tigris). Los criterios de inclusión para este estudio fueron niveles de BUN ≥ 38 mg/dL, creatinina ≥ 3.0 mg/dL, sin signos de enfermedad sistémica basado en los resultados sanguíneos y examen físico. 

A cada individuo le fue administrado el probiotico basado en las recomendaciones del fabricante hasta la conclusión del estudio 6 meses después. Los resultados mostraron una disminución significativa de las concentraciones de creatinina (p=0.04) mientras que las concentraciones de BUN no fueron significativamente diferentes (p=0.88) Cuando se evaluaron los niveles de creatinina a ciertos periodos, hubo una disminución significativa de las concentraciones de creatinina entre el mes 2 y el mes 6 (p=0.02)25. 

Conclusión 

El uso de ésta fórmula probiótica en diversos estudios ha mostrado resultados donde se ha identificado una reducción significativa en las concentraciones de BUN y/o creatinina en las diferentes especies incluidas. A lo largo de los reportes obtenidos sobre la eficacia, esta formulación ha mostrado tener efectos más contundentes sobre los valores de creatinina y BUN que empleando un tratamiento convencional con restricciones en la dieta y tratamiento sintomático; lo que se traduce en un aumento en la calidad de vida de estos pacientes así como un aumento en la expectativa de sobrevivencia. Al reducir significativamente los niveles de azotemia en estos pacientes se disminuye la carga de “trabajo” renal, por lo que se reduce la velocidad del efecto “autodestructivo” debido a la hipertrofia compensatoria de las nefronas no lesionadas. 
Cada paciente debe ser evaluado individualmente para conocer el curso de su padecimiento, pues como hemos visto, este puede ser muy variable entre cada individuo; mientras que para unos pacientes el progreso y desenlace de la enfermedad se puede dar en semanas, en otros puede cursar durante años. El empleo de esta formulación probiótica cuando se incluye en conjunto con un tratamiento integral ha mostrado tener efectos más contundentes en el tratamiento de la IRC en animales de compañía. El éxito de un protocolo de tratamiento para la IRC, consiste no únicamente en la estabilización de los valores de creatinina y BUN en sangre, sino en todos los elementos que se alteran durante la IRC. 
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 Referencias 

Bacterioterapia gastrointestinal en el tratamiento de la Insuficiencia Renal Crónica. Diálisis Entérica. 

 PALABRAS CLAVE  > Perro > Gato > IRC > Insuficiencia Renal > Negropatías > Congénitas > IRIS 

M en C MVZ Angel Jiménez García de León 

Gerente Técnico en Vetoquinol de México. 

Resumen

 La insuficiencia renal (IRC), es frecuentemente una consecuencia de desórdenes multisistémicos como hipertensión o diabetes; o bien, como consecuencia de una insuficiencia renal aguda1. Como tal, la enfermedad renal crónica, es uno de los padecimientos renales más frecuentes en perros y en gatos, con una prevalencia mundial entre 0.5 a 1.5% y del 1 a 3% en cada especie respectivamente. Esta estadística aumenta en pacientes geriátricos alcanzando inclusive un 35% en gatos2. Existen factores de riesgo que pueden aumentar significativamente la prevalencia de este padecimiento; uno de ellos es la edad del paciente; sin embargo, tanto en perros como en gatos pueden desarrollar IRC juvenil debido a la herencia genética y esto se encuentra reportado en ciertas razas específicamente (Tabla 1.)3. La edad promedio de perros al momento del diagnóstico es de 6.5 años y en el 45% de los casos reportados, en pacientes de más de 10 años4

Revista Especializada en Clínica de Pequeñas Especies

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