Cistitis idiopática felina, aún hay opción de tratamiento.

 
 
PALABRAS CLAVE Cistitis idiopática > Enfermedad Felina del tracto urinario inferior > urolitiasis > calmurofel 

MVZ MC Camilo Romero Núñez¹, MVZ Esp. Sonia Lomelín del Castillo ²  

¹Hospital Veterinario Dermavet CDMX, ²Hospital Veterinario OCICAT GDL

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Resumen

La enfermedad felina del tracto urinario inferior (FLUTD, por sus siglas en inglés) es un término general utilizado para describir las diversas causas de los signos del tracto urinario inferior (como; disuria, hematuria, polaquiuria, micción inadecuada) en gatos (Defau et al., 2011; Dorsch  et al., 2016). Se ha informado que las posibles causas son infecciones, urolitiasis, tapones uretrales, neoplasias y defectos anatómicos (Lund et al., 2015). Sin embargo, en una gran proporción de gatos con signos de FLUTD, la investigación diagnóstica exhaustiva no revela una causa específica y entonces, estos pacientes se clasifican como con cistitis idiopática felina (Lund y Eggertsdóttir, 2018).

Introducción

 

La cistitis idiopática felina (CIF) es una afección común en gatos que se presenta en clínicas de animales pequeños y se caracteriza por una inflamación estéril de la vejiga en ausencia de una causa conocida. Lo más probable es que la etiología de la CIF sea multifactorial (Delille et al., 2015). CIF representa hasta el 55% al 69% de las enfermedades del tracto urinario inferior (TUI) en gatos, mientras que la urolitiasis se encuentra en el 12 al 22%, la infección bacteriana del tracto urinario en el 1.5 a 20%, la neoplasia de la pared de la vejiga se detecta en el 0.3 a 3.6% y los trastornos neurológicos están presentes en el 0.2 a 3 % de los casos (Nivy et al., 2019; Kaul et al., 2019). 

 

La CIF tiene mucho en común con el síndrome de cistitis intersticial / dolor de vejiga en humanos, incluidos los signos clínicos, una tendencia a reaparecer, condiciones comórbidas y una relación con el estrés (Eggertsdóttir et al., 2021). Los episodios recurrentes de CIF se describen con frecuencia y afectan al 39-65% de los gatos entre 1 y 2 años después del episodio inicial (Lund y Eggertsdóttir, 2018). La mortalidad en estos gatos es difícil de evaluar debido a las variaciones en diseños de estudio y población de gatos, no obstante, se han informado tasas de mortalidad que oscilan entre el 8.5% y el 26% (Eggertsdóttir et al., 2021). Esta enfermedad suele ser motivo de abandono de gatos en refugios de animales o incluso de eutanasia (Lemberger et al., 2011).

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Factores de Riesgo

Se ha asociado una plétora de factores de riesgo y supuestas alteraciones fisiológicas y de comportamiento con la CIF. Los factores de riesgo publicados incluyen factores ambientales y de cría, como estilo de vida en interiores (inactividad), tipo de arena, dieta seca, cohabitación con gatos adicionales, y experimentar varias situaciones estresantes, además de la edad y la obesidad. Se han realizado estudios para evaluar factores de riesgo en gatos con CIF, encontrando que estos gatos son significativamente más propensos a ser machos, con pedigrí, de pelo largo, de mediana edad (2 a 7 años) y con sobrepeso (Defau et al., 2011; Forrester y Towell, 2015; Nivy et al., 2019).

 

Los factores estresantes sugeridos pueden incluir conflictos con otros gatos dentro o fuera del hogar, cambios en la dieta, el medio ambiente o el clima, el estrés del dueño y cambios mayores como mudarse de casa o la adición de nuevos animales o personas al hogar. Incluso, el papel del estrés en la inducción y / o mantenimiento de CIF está respaldado por estudios que informan que los gatos afectados parecen reaccionar de manera diferente al estrés que los gatos de control (Lund et al., 2015).

 

Además, se han identificado diversas anomalías en los sistemas nervioso, hormonal e inmunológico de los gatos con CIF. En particular, estudios previos observaron el desequilibrio entre el sistema nervioso simpático y el eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal, y el aumento de la capacidad de respuesta a la estimulación muscarínica. Estos cambios en el sistema nervioso autónomo, generan una mayor respuesta al estrés de los gatos afectados (Lemberger et al., 2011; Kim et al., 2017; Nivy et al., 2019).

 

Patogénesis 

La patogenia de la CIF sigue siendo un enigma y, aunque el estrés está muy asociado con el desarrollo de la CIF, la identificación de los posibles factores estresantes en la vida de un gato puede ser un desafío (Eggertsdóttir et al., 2021).

 

Varias anomalías locales de la vejiga en algunos gatos con CIF se han encontrado, incluida la disminución de las concentraciones de glicosaminoglicanos en orina (GAG) (Sparkes, 2018). La superficie de la mucosa de la vejiga está revestida por GAG y proteoglicanos. Los GAG son cadenas de mucopolisacáridos formadas por moléculas de polisacáridos no ramificados. Su función principal es prevenir la adhesión de sustancias nocivas (microbios, microcristales, proteínas, iones, carcinógenos y productos de desecho tóxicos del metabolismo) a la pared de la vejiga (Delille et al., 2015). Se ha propuesto una capa defectuosa de glucosaminoglicanos (GAG) que recubre la mucosa de la vejiga urinaria como causa y efecto de la CIF. La permeabilidad urotelial aumenta con defectos en los GAG de la superficie, lo que podría conducir a un mayor contacto de los componentes de la orina, en particular el potasio, con los tejidos de la pared de la vejiga, lo que resulta en la inducción de inflamación neurogénica o inmunomediada, activación de mastocitos y estimulación de nervios aferentes sensoriales (Bradley y Lappin, 2013; Jones et al., 2021)

Las anomalías neurológicas son una segunda característica hipotética de FIC. Un mecanismo patogénico implica la inflamación neurogénica, con un aumento de la sensibilidad de las neuronas de la fibra C y una regulación positiva del sistema de respuesta al estrés (SRS), lo que indica un aumento de la activación simpática debido a los factores de estrés (Jones et al., 2021). Los estresores pueden ser de naturaleza física, química o psicológica. Una teoría postula que el estrés crónico en gatos susceptibles da como resultado un desacoplamiento de la respuesta normal al estrés, que produce un flujo de salida aumentado del sistema nervioso simpático y respuestas adrenocorticales suprimidas, lo que lleva a un aumento de la estimulación sensorial y una alteración de la permeabilidad urotelial. La respuesta hipotálamo-pituitaria-suprarrenal (HPA) alterada en los gatos FIC se caracteriza por una liberación exagerada de catecolaminas y una respuesta atenuada del cortisol (Figura 1) (Forrester y Towell, 2015).

 

Independientemente de su etiología, la CIF se asocia con inflamación de la vejiga, que se manifiesta por grandes cambios cistoscópicos, aumento de las concentraciones urinarias de leucocitos y proteínas inflamatorias, disminución de la concentración de glucosaminoglicanos en orina y ulceración, y aumento de la permeabilidad del uroepitelio de la vejiga. Además, el aumento de la presión uretral y los espasmos que pueden contribuir a los signos clínicos (Nivy et al., 2019). La inflamación se asocia con la liberación de sustancias (p. Ej., Eicosanoides, histaminas, cininas, serotonina, prostaglandinas) que median la percepción del dolor en el sistema nervioso central (SNC) mediante la estimulación de los nociceptores y la conducción a través de fibras aferentes. Se ha identificado un mayor número de mastocitos en gatos con cistitis idiopática y se cree que están involucrados en la patogénesis (Dorsch et al., 2016).

Signos Clínicos

Los gatos con CIF pueden tener una variedad de presentaciones clínicas, que incluyen disuria (77%), estranguria y periuria (70%), polaquiuria (78%) y hematuria macroscópica (71%). También pueden presentar obstrucción uretral (15% -20%) o enfermedad no obstructiva con enfermedad aguda episodios limitantes (80% -90%), episodios frecuentes (2% -15%) o episodios crónicos persistentes (2% -15%). La duración del episodio para CIF es de 2 a 90 días (mediana de 6,5 días), con el 78% de los gatos experimentando más de un episodio y el 50% con un intervalo medio entre episodios de menos de 6 meses. Los gatos machos están predispuestos a una obstrucción uretral potencialmente mortal debido a su uretra estrecha (Forrester y Towell, 2015; Jones et al., 2021).

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Diagnóstico

Los gatos con cualquier enfermedad del tracto urinario inferior tienen signos clínicos similares, independientemente de la causa. Por lo tanto, para hacer un diagnóstico de CIF, es necesario excluir otros procesos patológicos (p. Ej., urolitiasis y neoplasia) mediante el uso de varios medios de diagnóstico (Tabla 1) (Lemberger et al., 2011). Las investigaciones sistemáticas deben incluir análisis de orina (incluido el análisis de sedimentos y cultivo bacteriano), diagnóstico por imágenes (generalmente radiografía simple, uretrografía retrógrada con contraste, cistografía positiva y de doble contraste y ecografía cuando corresponda). Estas investigaciones permitirán un diagnóstico específico de la mayoría de las causas reconocidas, sin embargo, en algunas también puede ser necesaria una biopsia de vejiga. Cuando tales investigaciones no revelan una causa subyacente específica, CIF es el diagnóstico presunto (Sparkes, 2018). 

 

a: Para la periuria, información sobre duración y ubicación de la micción inapropiada y el material / sustrato preferido por el gato (tipo de arena, tasa de limpieza de la caja de arena, ubicación y número de cajas de arena). Información del hogar: cantidad de gatos y otras mascotas y cómo comparten el espacio, relación con las personas, enriquecimiento y cambios recientes en el entorno.

 

b: Defectos anatómicos notificados en gatos: estenosis uretral, cuerno uterino ectópico que ingresa a la vejiga urinaria, uraco permeable, divertículos uracales, uretra ectópica y fístula uretrorectal.

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Tabla 1. Evaluación diagnóstica de gatos con signos no obstructivos del tracto urinario inferior (Modificado de Forrester y Towell, 2015).

Tratamiento

La patogénesis nebulosa de la CIF, la falta de etiologías conocidas y su naturaleza autolimitante impiden adaptar un tratamiento específico y eficaz. Solo el régimen de dieta se ha asociado con un mejor resultado y una reducción de los episodios recurrentes en un ensayo prospectivo aleatorizado. A menudo se recomiendan tratamientos adicionales, incluido el enriquecimiento ambiental, la reducción del estrés, la promoción de la relajación uretral y el manejo del dolor, a pesar de la falta de evidencia de respaldo de alto grado (Nivy et al., 2019). Se ha sugerido el tratamiento con GAG (p. Ej., Glucosamina, sulfato de condroitina) para gatos con CIF porque los defectos en la capa de GAG que cubre el epitelio de la vejiga urinaria pueden influir en la patogenia de la enfermedad (Forrester y Towell, 2015). Los glucosaminoglicanos administrados exógenamente se adhieren al uroepitelio vesical dañado y existen datos prometedores para su uso en modelos experimentales y cistitis intersticial humana (Bradley y Lappin, 2013).

 

El L-triptófano es un aminoácido esencial y precursor de la serotonina que ha demostrado que regula muchos procesos conductuales como el comportamiento agresivo y la respuesta al estrés. Este aminoácido se ha evaluado en el tratamiento de trastornos del comportamiento en gatos, incluidos signos de comportamiento repetitivo, vocalización y comportamientos agonistas (Landsberg et al., 2016; Yue et al., 2017). Pereira y colaboradores en 2010 en un estudio controlado y aleatorizado en gatos de hogares con varios gatos, demostraron que los gatos del grupo suplementado con L-triptófano tenían exhibiciones significativamente menores de comportamientos relacionados con el estrés asociados con la ansiedad y el estrés en comparación con el grupo de placebo.

 

Calmurofel® es un producto recomendado para gatos con cistitis idiopática felina que contiene Condroitin Sulfato, Glucosamina HCl, L- Triptófano y una formulación de ácido hialurónico (Oralvisc™). Este ultimo ha sido probado para el tratamiento seguro y eficaz de osteoartritis y sobrepeso en pacientes humanos y ratones, y aunque se requieren más estudios, en ratones los resultados sugieren que esta preparación podría ser útil como coadyuvante en estrategias de pérdida de peso (Reynés et al., 2014; Nelson et al., 2014)

Bibliografía

 

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