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Año XXII. Edición 137. Octubre Noviembre 2026

​Colangitis felina y su relación con la triaditis: diagnóstico 

y abordaje terapéutico.

PALABRAS CLAVE: Colangitis > Triaditis > Hepatopatía > Neutrofílica > Linfocítica
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MVZ. Jesús Marín Heredia

Holland Animal Health
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La colangitis constituye una de las hepatopatías inflamatorias más importantes en el gato y puede presentarse de manera aislada o asociada con otros procesos, particularmente pancreatitis y enfermedad inflamatoria intestinal (EII). La presentación simultánea de estas tres entidades se conoce como triaditis felina. Aunque su etiopatogenia no se conoce por completo, la estrecha relación anatómica y funcional entre intestino, sistema biliar y páncreas ayuda a explicar la frecuente concurrencia de procesos inflamatorios en estos órganos (Černá et al., 2020). 

 

La colangitis se caracteriza por la inflamación primaria de los conductos biliares, que puede extenderse en grado variable al parénquima hepático y acompañarse de colestasis. Aunque históricamente se utilizó el término colangiohepatitis, en la actualidad se prefiere colangitis, ya que el proceso inflamatorio se localiza principalmente en el sistema biliar, mientras que la afectación del parénquima hepático puede ser mínima o inexistente (Low y Williams, 2023).

Anatomía y patogénesis de la colangitis en la triaditis

RX Felvital Liver

En el gato, el conducto pancreático principal se une al colédoco antes de desembocar en el duodeno a través de la papila duodenal mayor. Esta particularidad anatómica, aunada a la elevada carga bacteriana del duodeno y a la relativamente corta longitud del intestino delgado, puede favorecer el reflujo de contenido intestinal y bacterias hacia el sistema biliar y pancreático. La inflamación intestinal y las alteraciones de la barrera mucosa podrían contribuir además a la translocación bacteriana y al desarrollo de procesos inflamatorios en los órganos relacionados (Černá et al., 2020). 

 

La relación entre estos procesos no parece ser casual. En un estudio retrospectivo de gatos con colangitis, 83 % presentaban simultáneamente EII y 50 % pancreatitis; 39 % tenían inflamación de los tres órganos. En otro estudio prospectivo (Fragkou et al., 2016), encontraron que la EII fue el proceso inflamatorio más frecuente y que, cuando existía afectación de dos órganos, las asociaciones observadas fueron EII-colangitis o EII-pancreatitis, sin identificarse la combinación colangitis-pancreatitis en ausencia de EII. Asimismo, se encontró una correlación positiva, aunque leve, entre la gravedad de las lesiones intestinales y el número de procesos inflamatorios concurrentes. 

Aunque estos hallazgos no permiten establecer cuál de las tres enfermedades se desarrolla primero, resulta razonable plantear la posibilidad de que, al menos en algunos gatos, la enfermedad intestinal actúe como un factor inicial o facilitador del proceso inflamatorio multiorgánico. La alteración de la barrera intestinal, la frecuencia de EII en los gatos, la elevada población bacteriana duodenal y la comunicación anatómica entre los sistemas biliar y pancreático proporcionan una base fisiopatológica para esta hipótesis. Sin embargo, la evidencia disponible no permite considerar a la EII como la causa demostrada de la colangitis o la pancreatitis, y probablemente existan diferentes mecanismos de inicio y progresión entre pacientes. 

 

Desde el punto de vista clínico, sin embargo, la importancia de los tres componentes no necesariamente es equivalente. Aunque la enfermedad intestinal y la pancreatitis pueden contribuir a las manifestaciones clínicas, la enfermedad hepatobiliar puede dominar el cuadro en muchos pacientes, particularmente cuando existe colestasis, ictericia o una colangitis de mayor gravedad. Por ello, la identificación del tipo de colangitis y de sus posibles complicaciones constituye un elemento fundamental para establecer el diagnóstico, tratamiento y pronóstico de cada caso en particular.

Tipos de colangitis

Existen dos formas principales de colangitis desde la perspectiva histopatológica. La colangitis neutrofílica puede presentarse en fases aguda o crónica, mientras que la linfocítica generalmente corresponde a un proceso de evolución crónica. La clasificación histopatológica incluye además la colangitis crónica asociada con infestación por trematodos hepáticos, de presentación menos frecuente y cuya importancia depende, entre otros factores, de la región geográfica.

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• Colangitis neutrofílica

 

Se denomina así por la presencia predominante de neutrófilos en el lumen y epitelio de los conductos biliares, con extensión variable hacia las regiones portales. Su etiología se relaciona principalmente con una infección bacteriana ascendente de origen intestinal, favorecida por las particularidades anatómicas del sistema biliopancreático del gato.

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La inflamación puede extenderse más allá de los conductos biliares y afectar el parénquima hepático; en los casos graves pueden desarrollarse necrosis y abscesos. En las formas crónicas se observa un infiltrado inflamatorio mixto, acompañado en grado variable de hiperplasia de los conductos biliares y fibrosis. Las formas crónicas se diagnostican principalmente en gatos adultos de edad media o avanzada, mientras que las presentaciones agudas también pueden observarse en animales más jóvenes.

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Entre las bacterias aisladas con mayor frecuencia se encuentran microorganismos de origen entérico, principalmente Escherichia coli, además de Enterococcus spp., Streptococcus spp., Clostridium spp. y Bacteroides spp., entre otros (Errante, 2023).

 

• Colangitis linfocítica

 

La colangitis linfocítica es una enfermedad de curso crónico caracterizada histológicamente por un infiltrado predominantemente linfocítico alrededor de los conductos biliares, generalmente acompañado de hiperplasia biliar y grados variables de fibrosis. Su etiología no se conoce por completo, aunque se considera probable la participación de mecanismos inmunomediados. Se ha descrito con mayor frecuencia en gatos jóvenes y se ha señalado una posible predisposición en gatos de raza persa.

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Signos clínicos y diagnóstico

Las manifestaciones clínicas de la colangitis son variables y dependen, entre otros factores, del tipo de enfermedad, su gravedad y la presencia de procesos concomitantes. Entre los signos más frecuentes se encuentran anorexia o hiporexia, letargia, vómito, pérdida de peso e ictericia. También pueden presentarse diarrea y dolor abdominal. En la colangitis neutrofílica aguda es relativamente frecuente encontrar fiebre, mientras que en la forma linfocítica predominan las manifestaciones de evolución crónica, como pérdida de peso, anorexia e ictericia; en algunos pacientes puede observarse ascitis. 

 

El abordaje diagnóstico debe integrar los hallazgos clínicos con pruebas de laboratorio y estudios de imagen y, cuando está indicado, citología, cultivo e histopatología. Dependiendo de la presentación clínica y los antecedentes del paciente, también deberán descartarse enfermedades infecciosas o parasitarias que puedan producir alteraciones hepatobiliares similares.

 

En el hemograma pueden encontrarse alteraciones variables. La neutrofilia es particularmente compatible con la forma neutrofílica, aunque su ausencia no permite descartarla; también puede presentarse anemia y otras alteraciones leucocitarias.

 

En la bioquímica sérica son frecuentes los incrementos de alanina aminotransferasa (ALT), fosfatasa alcalina (FA) y gamma-glutamiltransferasa (GGT), además de hiperbilirrubinemia. La magnitud de estas alteraciones es variable y no permite por sí sola diferenciar los distintos tipos de colangitis. Un hallazgo clínicamente útil es el incremento de la GGT, que suele ser proporcionalmente mayor en las enfermedades inflamatorias del tracto biliar que en la lipidosis hepática felina, en la que típicamente existe un incremento marcado de FA con una elevación discreta o ausente de GGT. 

 

En la colangitis linfocítica puede observarse hiperglobulinemia. Este hallazgo, particularmente cuando es marcado y se acompaña de otras alteraciones compatibles, obliga a considerar diagnósticos diferenciales como la peritonitis infecciosa felina y algunas enfermedades neoplásicas.

 

El ultrasonido abdominal constituye una herramienta de gran utilidad ante la sospecha de colangitis, tanto para evaluar el hígado y el sistema biliar como para identificar enfermedades concomitantes. Los hallazgos pueden incluir alteraciones en la ecogenicidad y ecotextura hepáticas, engrosamiento de la pared de la vesícula biliar o del colédoco, dilatación de los conductos biliares, presencia de sedimento biliar y colelitiasis. Sin embargo, un ultrasonido sin alteraciones no excluye la presencia de colangitis. 

 

Considerando la frecuente asociación con pancreatitis y enfermedad inflamatoria intestinal, el estudio ultrasonográfico debe incluir también una evaluación detallada del páncreas y del tracto gastrointestinal. Las alteraciones en el grosor, estratificación y ecogenicidad de la pared intestinal pueden apoyar la sospecha de una enteropatía, pero no permiten establecer por sí mismas el diagnóstico de EII, que requiere integrar los hallazgos clínicos y excluir otras causas y, para su confirmación histopatológica, la evaluación de biopsias intestinales.

 

Ante la sospecha de colangitis neutrofílica, la obtención de bilis mediante colecistocentesis percutánea guiada por ultrasonido, seguida de evaluación citológica y cultivo bacteriano aerobio y anaerobio con antibiograma, proporciona información de gran valor diagnóstico y permite seleccionar racionalmente el tratamiento antimicrobiano. La bilis es una muestra particularmente útil para cultivo y puede proporcionar un mayor rendimiento diagnóstico que el cultivo de tejido hepático. 

 

Cuando se requiere establecer de manera definitiva el tipo de colangitis, la evaluación histopatológica del tejido hepático continúa siendo el método de referencia, ya que permite caracterizar el infiltrado inflamatorio y diferenciar la colangitis neutrofílica de la linfocítica y de otras enfermedades hepatobiliares. 

Estrategias terapéuticas

El manejo terapéutico de la colangitis representa todo un reto para el profesionista de la salud veterinaria, ya que una mala decisión o una terapia fuera de tiempo puede comprometer más la vida del gato, ya de por si amenazada. El enfoque se basa en dar soporte de hidratación requerido junto al manejo específico de acuerdo con el tipo de colangitis. Por lo que, si un gato presenta evidencia de un proceso neutrofílico o infeccioso, la antibioterapia debe ser una prioridad, mientras que para los procesos crónicos o de colangitis linfocítica, la terapia con corticosteroides es la que proporciona mejores resultados. Sin olvidar que la terapia complementaria puede coadyuvar en la mejoría clínica y resolución del problema.

 

• Antibioterapia

 

En la colangitis neutrofílica, la selección del antimicrobiano debe basarse, siempre que sea posible, en los resultados del cultivo y antibiograma de bilis. Debido a que el tratamiento frecuentemente debe iniciarse antes de disponer de estos resultados, puede ser necesario establecer inicialmente una terapia empírica dirigida contra las bacterias entéricas aerobias y anaerobias más a menudo involucradas, para posteriormente ajustarla de acuerdo con los resultados del cultivo y las pruebas de sensibilidad. 

 

La amoxicilina con ácido clavulánico constituye una de las opciones utilizadas como tratamiento inicial, debido a su actividad frente a diversos microorganismos entéricos y a que alcanza concentraciones terapéuticas en la bilis. La dosis es de 10–20 mg/kg vía subcutánea (SC), intravenosa (IV) u oral (PO), cada 12 horas.

 

Otras alternativas pueden considerarse de acuerdo con la gravedad del paciente, los microorganismos sospechados o identificados y su patrón de sensibilidad. 

 

El metronidazol proporciona cobertura frente a microorganismos anaerobios y ha sido utilizado en combinación con otros antimicrobianos. Debido a su metabolismo hepático y al riesgo de efectos adversos con dosis elevadas o tratamientos prolongados, debe utilizarse con precaución en pacientes con disfunción hepática grave. Su dosis es de 7.5–15 mg/kg vía PO cada 12–24 horas. Se recomienda la dosis baja de 7.5 mg/kg cada 12–24 horas, en caso de presentarse enfermedad hepática grave.

 

Las fluoroquinolonas pueden constituir una alternativa cuando el cultivo y antibiograma demuestren sensibilidad o cuando las características del caso justifiquen ampliar la cobertura antimicrobiana. Entre ellas, el pradofloxacino (en dosis de 5 mg/kg vía PO cada 24 horas) ha sido utilizado con éxito en gatos con infecciones hepatobiliares, aunque su elección, como la de cualquier antimicrobiano de importancia crítica, debe realizarse de manera racional y preferentemente sustentada en los resultados del cultivo. 

 

La duración del tratamiento debe individualizarse de acuerdo con la respuesta clínica, las alteraciones bioquímicas y, cuando sea posible, la resolución de la infección. Tradicionalmente se han recomendado tratamientos prolongados de al menos 4–6 semanas, aunque la duración óptima no está bien establecida y existen recomendaciones que proponen periodos mayores en determinados pacientes.

 

• Corticosteroides

 

Los corticosteroides están indicados principalmente en la colangitis linfocítica, debido a sus efectos antiinflamatorios e inmunosupresores y a su potencial para limitar la progresión de la inflamación y fibrosis. La prednisolona es el corticosteroide de elección y la dosis debe establecerse considerando, entre otros factores, la presencia o ausencia de infección bacteriana concomitante. Cuando existe infección, pueden emplearse inicialmente dosis antiinflamatorias de 1 a 1.5 mg/kg cada 24 horas PO, conjuntamente con la antibioterapia apropiada. Una vez descartada o controlada la infección, pueden utilizarse dosis inmunosupresoras de 2 a 4 mg/kg cada 24 horas PO, con reducción gradual de acuerdo con la respuesta clínica y bioquímica del paciente. 

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La respuesta al tratamiento debe evaluarse mediante la evolución de los signos clínicos y de parámetros como bilirrubina y enzimas hepáticas. Una vez alcanzada la respuesta deseada, la dosis de prednisolona se reduce gradualmente hasta alcanzar la menor dosis efectiva. El tratamiento suele prolongarse durante varias semanas o meses y algunos pacientes pueden requerir terapia de mantenimiento. 

 

En la colangitis neutrofílica crónica, los corticosteroides pueden considerarse en casos seleccionados cuando el componente inflamatorio persiste a pesar del tratamiento antimicrobiano adecuado. Se ha propuesto su incorporación cuando no existe una respuesta clínica satisfactoria después de aproximadamente dos semanas de antibioterapia, en dosis de 1 mg/kg cada 24 horas PO, siempre manteniendo una cobertura antimicrobiana apropiada cuando exista o se sospeche infección bacteriana. Sin embargo, la evidencia sobre el beneficio de los corticosteroides en esta forma de colangitis es limitada. 

 

En los pacientes con triaditis, la presencia concomitante de enteropatía inflamatoria crónica puede constituir una indicación adicional para el empleo de prednisolona. La dosis deberá individualizarse de acuerdo con la gravedad de la enfermedad intestinal y hepatobiliar y posteriormente reducirse de manera gradual según la respuesta clínica.

 

En caso de enfermedad inflamatoria crónica intestinal y triaditis, se recomienda el uso de prednisolona en dosis de 1 a 2 mg/kg. 

 

• Ácido ursodesoxicólico

 

El ácido ursodesoxicólico (AUDC) es un ácido biliar hidrofílico utilizado como parte del tratamiento complementario de diversas enfermedades hepatobiliares colestáticas. En el gato se recomienda una dosis de 10 a 15 mg/kg cada 24 horas PO, que puede dividirse en dos administraciones cada 12 horas. Además de favorecer el flujo biliar, posee propiedades citoprotectoras, antioxidantes, antiinflamatorias, inmunomoduladoras y antifibróticas, que explican su utilidad como coadyuvante en el manejo de la colangitis (Jaffey, 2022, Rudenko et al., 2023). 

 

Su empleo puede resultar beneficioso como parte de un tratamiento combinado, tanto en formas neutrofílicas como linfocíticas, siempre dirigido al proceso primario. En la colangitis neutrofílica no sustituye a la antibioterapia, mientras que en la linfocítica no reemplaza al tratamiento inmunosupresor cuando éste se encuentra indicado. Antes de administrarlo debe descartarse la presencia de obstrucción biliar completa, debido a su efecto colerético. 

 

En la colangitis linfocítica existe además evidencia clínica que permite delimitar mejor su papel. En un estudio retrospectivo de 26 gatos, los pacientes tratados con prednisolona presentaron un tiempo de supervivencia significativamente mayor que aquellos tratados con AUDC (Otte et al., 2013). Estos resultados respaldan su utilización principalmente como tratamiento complementario y no como sustituto de la terapia inmunosupresora. Sin embargo, debido al reducido número de animales estudiados y a que solamente dos recibieron ambos fármacos, todavía no puede establecerse el beneficio adicional que proporciona la combinación de AUDC y prednisolona frente al tratamiento con corticosteroides solo. 

Los principales efectos del AUDC son: Efecto colerético 

El AUDC ejerce un efecto colerético al favorecer la secreción hepatobiliar y aumentar el flujo de bilis. Entre los mecanismos implicados se encuentra la estimulación de sistemas de transporte en la membrana canalicular del hepatocito. Este incremento del flujo biliar contribuye a disminuir la retención de componentes potencialmente tóxicos de la bilis y constituye uno de los principales fundamentos para su utilización en enfermedades colestáticas (Center et al., 2022; Maevskaya, 2023). 

Efecto citoprotector 

El AUDC modifica la composición del conjunto de ácidos biliares, aumentando proporcionalmente la presencia de ácidos biliares hidrofílicos menos citotóxicos y reduciendo los efectos lesivos de los ácidos biliares hidrofóbicos que se acumulan durante la colestasis. De esta manera contribuye a proteger las membranas de hepatocitos y colangiocitos y a reducir mecanismos de daño celular y apoptosis. Estas propiedades constituyen parte del fundamento de su utilización como tratamiento complementario en las enfermedades hepatobiliares colestáticas (Center et al., 2022; Maevskaya, 2023).

Efecto antioxidante

El estrés oxidativo participa en el daño hepatocelular asociado con la colestasis. El AUDC puede contribuir a fortalecer los mecanismos antioxidantes celulares, entre ellos los relacionados con la síntesis y mantenimiento de las concentraciones de glutatión, además de ejercer efectos protectores frente a la generación de especies reactivas de oxígeno y la peroxidación lipídica.

Acción antiinflamatoria, inmunomoduladora y antifibrótica

El AUDC posee propiedades antiinflamatorias e inmunomoduladoras que pueden contribuir a disminuir la respuesta inflamatoria en el hígado y las vías biliares. Asimismo, mediante la reducción de la inflamación, el estrés oxidativo y otros mecanismos relacionados con la activación de las células responsables de la fibrogénesis, puede contribuir a limitar la progresión de la fibrosis. Estos efectos complementan su acción colerética y citoprotectora y explican su utilización como parte del manejo integral de diversas enfermedades hepatobiliares crónicas.

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• Taurina

 

Los gatos conjugan los ácidos biliares casi exclusivamente con taurina, por lo que este aminoácido desempeña un papel esencial en su metabolismo y excreción. En los pacientes con enfermedad hepatobiliar, la anorexia o hiporexia puede reducir su aporte dietético, mientras que la administración de ácido ursodesoxicólico incrementa la necesidad de taurina para su conjugación. Por ello, durante el tratamiento prolongado con AUDC se recomienda la suplementación con taurina a una dosis de 250 mg/gato PO cada 24 horas, particularmente en pacientes con ingesta alimentaria reducida, con el propósito de disminuir el riesgo de depleción de este aminoácido esencial.

 

• Soporte general

 

Independientemente del tipo de colangitis, el tratamiento debe complementarse con medidas de soporte adaptadas a las necesidades de cada paciente. La fluidoterapia está indicada para corregir la deshidratación y los desequilibrios hidroelectrolíticos, considerando las pérdidas existentes y las enfermedades concomitantes. 

 

La vitamina K1 está indicada en pacientes con alteraciones de la coagulación o con riesgo de deficiencia asociado con colestasis. Asimismo, es recomendable su administración en gatos ictéricos antes de procedimientos invasivos como biopsia hepática, colocación de sondas de alimentación o toma de muestras mediante aspiración. Puede administrarse a una dosis de 0.5 a 1.5 mg/kg SC o IM cada 12 horas, durante tres aplicaciones iniciales, ajustando posteriormente su utilización a las necesidades del paciente. 

 

La S-adenosilmetionina (SAMe) se utiliza como tratamiento hepatoprotector complementario debido principalmente a su participación en el mantenimiento de las concentraciones hepáticas de glutatión y del equilibrio oxidativo celular. En gatos con colangitis se han recomendado dosis de 40 a 50 mg/kg PO cada 24 horas. 

 

La vitamina E, por sus propiedades antioxidantes y protectoras de las membranas celulares, puede administrarse a una dosis de 10 U/kg PO cada 24 horas. Su utilización resulta especialmente pertinente en enfermedades hepatobiliares inflamatorias o colestáticas, en las que el estrés oxidativo puede contribuir al daño hepatocelular. 

 

El soporte nutricional constituye una parte fundamental del tratamiento. Debe proporcionarse una dieta completa, equilibrada, palatable y altamente digestible que cubra los requerimientos energéticos y proteicos del paciente. En gatos con anorexia o hiporexia persistente debe instaurarse tempranamente soporte nutricional enteral, utilizando una sonda de alimentación cuando sea necesario, con el propósito de evitar el deterioro nutricional y reducir el riesgo de desarrollo de lipidosis hepática secundaria. 

 

El tratamiento sintomático debe individualizarse. En presencia de náusea o vómito pueden utilizarse antieméticos como el citrato de maropitant. La dosis indicada es de 0.5 a 1 mg/kg cada 24 horas por vía SC. Además, se debe proporcionar analgesia cuando exista dolor abdominal, particularmente en pacientes con pancreatitis concomitante.

Pronóstico

El pronóstico de los gatos con colangitis depende del tipo y gravedad del proceso, de la presencia de enfermedades concomitantes y de la respuesta al tratamiento. En general, los procesos agudos, particularmente la colangitis neutrofílica, pueden tener una evolución favorable cuando se identifican y tratan oportunamente. En las formas crónicas, como la colangitis linfocítica, el objetivo suele ser controlar el proceso inflamatorio, limitar la progresión de la enfermedad y mantener una buena calidad de vida. Algunos pacientes pueden requerir tratamiento y seguimiento durante periodos prolongados.

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La participación del médico veterinario resulta fundamental para establecer un diagnóstico oportuno, seleccionar el tratamiento más apropiado y realizar el seguimiento del paciente. Aun cuando la resolución completa de la enfermedad no siempre sea posible, un manejo adecuado puede favorecer su control y proporcionar al gato una buena calidad de vida. El beneficio del tratamiento trasciende al propio paciente, al contribuir también al bienestar de sus tutores, para quienes el gato representa, en muchas ocasiones, un integrante más de la familia.

Referencias

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