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Lipoma infiltrativo en cavidad abdominal y pélvica en canino Yorkshire Terrier: Reporte de caso clínico.

PALABRAS CLAVE: Canal pélvico >  Cirugía  > Lipoma > Lipoma infiltrativo
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MVZ. Alondra Vianey García Lorenzana¹ 

MVZ. Lizeth Briones Izalde²

MVZ EMCPG.  Marco Antonio Ramírez Gutierrez³

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  1. Médico veterinario. Responsable del área de Oncología, Hospital Veterinario de Especialidades Ceylán itsalondragl@gmail.com

  2. Médico veterinario. Responsable del área de manejo de heridas, Hospital Veterinario de Especialidades Ceylán l80234709@gmail.com 

  3. Médico veterinario especialista en medicina y cirugía de perros y gatos. Responsable del área de tejidos blandos, Hospital Veterinario de Especialidades Ceylán hospvetceylan@hotmail.com 

Resumen

Los lipomas infiltrativos son neoplasias mesenquimales benignas poco frecuentes que se caracterizan por la invasión local de músculos, fascias y otros tejidos profundos, lo que dificulta su resección quirúrgica y aumenta el riesgo de recurrencia. Se presenta el caso de una perra Yorkshire Terrier esterilizada de siete años de edad con antecedente de resección de un lipoma en la región sacroilíaca cuatro años antes, que acudió por crecimiento progresivo de la masa, estreñimiento y tenesmo. La evaluación diagnóstica incluyó citología, radiografía, ultrasonografía, estudios laboratoriales, pruebas endocrinas y tomografía computarizada, la cual evidenció una masa de probable origen adiposo con extensión hacia la cavidad abdominal caudal y el canal pélvico. Debido a la complejidad anatómica de la lesión, se realizó la resección quirúrgica en dos tiempos, confirmándose mediante estudio histopatológico el diagnóstico de lipoma en ambas intervenciones. Posteriormente fue diagnosticada con hiperadrenocorticismo e hipotiroidismo, instaurando el tratamiento correspondiente. 

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Diez meses después de la segunda cirugía se documentó recurrencia tumoral local, requiriendo una nueva intervención quirúrgica. Actualmente la paciente permanece bajo seguimiento clínico y tratamiento de las endocrinopatías diagnosticadas. 

Introducción

Los lipomas son las neoplasias mesenquimales más frecuentes en perros y representan aproximadamente el 3.5 % de las neoplasias caninas (De la Cruz Hernández y Martínez, 2017). Se originan a partir de adipocitos maduros y, por lo general, se presentan como masas subcutáneas de crecimiento lento, bien delimitadas y con un comportamiento biológico benigno. Se observan principalmente en perros de mediana a avanzada edad, con mayor predisposición en hembras. Diversos factores, entre ellos la obesidad, la predisposición racial y algunas alteraciones metabólicas, han sido propuestos como posibles factores asociados a su desarrollo (García y Paez, 2025).

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Aunque la mayoría de los lipomas se desarrollan en el tejido subcutáneo, existe una variante poco frecuente denominada lipoma infiltrativo, caracterizada por la invasión local de músculos, fascias, tejido conectivo y, ocasionalmente, cavidades corporales. A diferencia de los lipomas simples, estas neoplasias presentan un comportamiento localmente invasivo, lo que dificulta la obtención de márgenes quirúrgicos adecuados y aumenta la probabilidad de recurrencia cuando la resección es incompleta.

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La presentación clínica depende de la localización anatómica del tumor y puede ocasionar signos derivados de la compresión de órganos o estructuras adyacentes, como alteraciones en la locomoción, disfunción urinaria o trastornos de la defecación (Huppes et al., 2016; Lappalainen et al., 2025). Existen pocos reportes de lipomas infiltrativos que se extiendan simultáneamente hacia cavidad abdominal y canal pélvico. 

 

El diagnóstico de los lipomas infiltrativos requiere un abordaje integral que combine la exploración clínica, los estudios citológicos e histopatológicos y las técnicas de imagen avanzada. La tomografía computarizada ha demostrado ser una herramienta de gran utilidad para determinar la extensión anatómica del tumor, evaluar la infiltración hacia tejidos vecinos y planificar el abordaje quirúrgico, especialmente en lesiones localizadas en regiones anatómicas complejas. Crowley et al. (2020) demostraron que la tomografía computarizada permitió definir con precisión la relación del tumor con estructuras neurovasculares y musculares, facilitando la planificación quirúrgica y contribuyendo a obtener resultados posoperatorios favorables.

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El tratamiento de elección para los lipomas infiltrativos es la escisión quirúrgica. Sin embargo, debido a su comportamiento localmente invasivo, la resección completa puede ser difícil de lograr, incrementando el riesgo de recurrencia. La recurrencia local constituye una de las principales complicaciones posteriores a la resección quirúrgica de estas lesiones, mientras que la radioterapia adyuvante constituye una alternativa terapéutica en pacientes con enfermedad residual o resecciones incompletas (Huppes et al., 2016; Lappalainen et al., 2025)

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El objetivo del presente reporte es describir el abordaje diagnóstico, tratamiento quirúrgico y evolución clínica de un lipoma infiltrativo con extensión abdominal y pélvica en un canino.​​

Caso clínico 

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Se presentó al Hospital Veterinario de Especialidades Ceylán una paciente canina, raza Yorkshire Terrier, hembra esterilizada de siete años de edad y 7.2 kg de peso. Su alimentación es a base de croquetas y comida casera de manera esporádica, vacunas y desparasitación vigentes. El motivo de consulta fue para evaluación de una masa localizada entre la región entre el coxis e isquion izquierdos. 

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Como antecedente relevante, en 2021 a la paciente se le realizó resección quirúrgica de una masa localizada en la región mencionada. El estudio histopatológico realizado en aquel momento reportó un lipoma. Posteriormente, los tutores observaron un crecimiento gradual de la masa durante los siguientes cuatro años. En los meses previos a la consulta, la paciente comenzó a presentar estreñimiento progresivo y tenesmo. 

En el examen físico general presentó condición corporal 4/5, constantes fisiológicas dentro de valores de referencia.  

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A la inspección y palpación se identificó una masa nodular firme, no desplazable, no ulcerada, no pigmentada, sin alopecia asociada y no dolorosa, localizada entre el coxis e isquion de lado izquierdo, con dimensiones aproximadas de 10 × 10 cm. 

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A la palpación rectal, la masa obliteraba el canal pélvico y desplazaba el recto. 

Plan diagnóstico​

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Se realizó citología mediante punción con aguja fina, en la cual por la escasa celularidad encontrada no fue posible obtener un diagnóstico citológico, sin embargo, por la apariencia y descripción macroscópica se consideró sugerente a lipoma.

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Se realizaron rayos x de cadera donde se apreció aumento de tejido blando en la zona dorsal de la cadera, más severo de lado izquierdo sin involucrar estructuras óseas. En el ultrasonido abdominal se reporta enteritis y estructura de ecogenicidad mixta en abdomen caudal. También se realizó hemograma que indicó eritrocitosis transitoria (Ht: 0.55 L/L) e incremento de sólidos totales por inflamación. 

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En la química sanguínea indicó hipertrigliceridemia (1.4 mmol/L) asociada a lipomovilización, hiperglobulinemia (39 g/L) asociado a inflamación crónica. En el urianálisis, colectado mediante cistocentesis, se apreció DU 1.018, hematuria asociada al método de muestreo. Así mismo se realizaron pruebas para descarte de endocrinopatías las cuales no mostraron alteraciones relevantes. 

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Con el objetivo de determinar la extensión anatómica de la lesión y planificar el tratamiento quirúrgico, se realizó tomografía computarizada. El estudio demostró una masa de posible origen adiposo de gran tamaño con infiltración hacia cavidad abdominal caudal y cavidad pélvica, ocasionando compresión de estructuras adyacentes (Imagen 1 y 2).

Plan terapéutico​

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Debido a la complejidad anatómica y extensión tumoral, se decidió realizar la resección quirúrgica en dos tiempos. Se realizaron estudios preanestésicos (hemograma, química sanguínea, urianálisis, tiempos de coagulación, electrocardiograma e índice sistólico diastólico) sin alteraciones relevantes. 

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En la primera intervención se efectuó la escisión de la porción infiltrativa localizada en cavidad abdominal caudal y pélvica. Se realizó abordaje por línea media con osteotomía de pubis, se realizó la liberación de adherencias a vejiga y uréteres. 

Imagen 1. Tomografía computarizada, corte axial a la altura de vértebra lumbar 5 donde se aprecia compresión de órganos abdominales con desplazamiento de la mayoría hacía lado derecho y desplazamiento del bazo hacia la izquierda.
Imagen 2. Tomografía computarizada, corte sagital a la altura de línea media, donde se aprecia infiltración de la masa hacia la cavidad abdominal caudal y pélvica, con desplazamiento de órganos hacia craneal, además de apreciarse masa dorsal a región pélvica.

Imagen 1. Tomografía computarizada, corte axial a la altura de vértebra lumbar 5 donde se aprecia compresión de órganos abdominales con desplazamiento de la mayoría hacía lado derecho y desplazamiento del bazo hacia la izquierda.

Imagen 2. Tomografía computarizada, corte sagital a la altura de línea media, donde se aprecia infiltración de la masa hacia la cavidad abdominal caudal y pélvica, con desplazamiento de órganos hacia craneal, además de apreciarse masa dorsal a región pélvica.

Como medida preventiva se realizó cistopexia. Además, se colocaron dos drenes pasivos. 

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Se realizó estudio histopatológico del tumor en el que se reporta recepción de dos tejidos: 1) cavidad abdominal, tejido parcialmente delimitado, no encapsulado, compuesto por mantos densos de células globosas, que poseen una gran vacuola clara en su citoplasma, que rechaza el núcleo a la periferia, el cual es ovoide, pequeño, e hipercromático (adipocitos maduros). Ocasionalmente entre el tejido tumoral hay fibras de colágeno, no se observan figuras mitóticas; 2) cavidad pélvica, tejido parcialmente delimitado, con mismas características descritas en la sección anterior (adipocitos maduros). Diagnóstico: 1,2) Tejido en cavidad abdominal y pélvica; lipoma.

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La paciente fue monitoreada estrechamente durante el periodo postoperatorio inmediato y a mediano plazo. Permaneció hospitalizada durante cinco días para vigilancia del dolor, control de los drenes, manejo de fluidoterapia intravenosa y monitoreo de  posibles complicaciones urinarias y abdominales. Se retiraron los drenes previo a la alta médica debido a la disminución progresiva de la secreción.

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En los primeros días posteriores al egreso, la propietaria reportó hiporexia transitoria y disminución en el consumo voluntario de agua; sin embargo, estos signos remitieron gradualmente sin requerir intervenciones adicionales. La función urinaria se mantuvo adecuada y no se observaron complicaciones asociadas a la cistopexia realizada durante la cirugía.

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Tres meses después, en una segunda intervención quirúrgica, se realizó la resección de la masa localizada en la región sacroilíaca donde presentaba desgarre del diafragma pélvico por lo que se unió el ligamento sacrotuberal a esfínter externo del ano utilizando sutura no absorbible, además se realizó elevación de músculo obturador para cierre de defecto y reconstrucción de diafragma pélvico (Imagen 3 y 4). De igual manera se realizó estudio histopatológico en el que se reporta recepción de un tejido con mismas características descritas en la sección anterior (adipocitos maduros), teniendo como diagnóstico de lipoma. 

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Imagen 2. Lipoma de región sacroilíaca dorsal durante la resección hasta liberación de las fascias musculares.

La paciente permaneció hospitalizada durante 24 horas, mostrando una recuperación favorable y sin evidencia de complicaciones posquirúrgicas inmediatas.

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En las evaluaciones de seguimiento se observó mejoría progresiva de los signos clínicos que motivaron la consulta inicial, particularmente la dificultad para la defecar. El estreñimiento logró mantenerse controlado mediante manejo médico y nutricional, incluyendo la administración de Plantago psyllium como fuente de fibra dietética y pravastatina para ayudar a disminuir los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre.

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Diez meses después, la paciente acude nuevamente a consulta porque los tutores notaron nuevamente aumento de tamaño en la misma región sacroilíaca izquierda, se realizó citología mediante punción con aguja fina obteniendo diagnóstico de lipoma, por lo que se realizaron nuevamente estudios preanestésicos en los que no se reportaron alteraciones relevantes.

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En la tercera cirugía se realizó un abordaje sobre región perineal izquierda abarcando desde el ala del isquion hasta dorso medio de sacro, se abordó piel y tejido subcutáneo hasta apreciar la periferia de la masa (Imagen 5), mediante desbride con pinzas de  hemostasis, se fue liberando de los tejidos adyacentes y teniendo que retirar suturas de herniorrafia del mismo lado colocadas en la primer cirugía (Imagen 6), para poder abordar hacia la cavidad pélvica que infiltraba el lipoma, logrando retirar el tumor macroscópicamente (Imagen 7 y 8), pero con posibles recidivas por infiltrados microscópicos, retirado el lipoma se realizó cierre con herniorrafia mediante sujeción del esfínter externo del ano con el ligamento sacrotuberal mediante el uso de puntos separados con sutura no absorbible nylon (Imagen 9) y posterior cierre de los planos hasta piel con sutura de ácido glicólico. 

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​Se realizó estudio histopatológico donde se reporta tejido parcialmente delimitado, no encapsulado, conformado con adipocitos maduros dispuestos en lóbulos sobre escaso estroma fibrovascular (Imagen 10). Los adipocitos neoplásicos tienen bordes celulares bien definidos, anisocitosis y anisocariosis leves, no se cuentan mitosis en 2.37 mm2 y todos los márgenes histológicos evaluados son estrechos (<0.5 mm), haciendo mención que el tejido adiposo neoplásico se encuentra entre fibras de músculo esquelético y colágeno. Los hallazgos descritos son compatibles con diagnóstico de lipoma. 

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Imagen 5. Resección de lipoma en región sacroilíaca izquierda donde se aprecia infiltrado hacia cavidad pélvica, incluso por zona de herniorrafia perineal de segunda cirugía..

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Imagen 7. Pieza quirúrgica obtenida de región pélvica y perineal izquierda, siendo un tejido color blanco amarillento con áreas café, que media 8.1 cm de eje mayor.

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Imagen 9. Herniorrafia perineal con patrón de sutura discontinuo y material de sutura no absorbible (nylon)

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Imagen 6. Hernia perineal residual posterior a resección de lipoma y retiro de herniorrafia de segunda cirugía, sitios por donde obliteraba lipoma hacia cavidad pélvica.

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Imagen 8. Corte de la misma pieza retirada de región pélvica y perineal izquierda, color blanco amarillento, homogéneo y de aspecto oleoso.

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Imagen 10. En corte histológico con tinción de hematoxilina-eosina, se observan adipocitos maduros dispuestos en lóbulos sobre escaso estroma fibrovascular.

Seguimiento y evolución clínica​

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Debido a la complejidad anatómica y extensión tumoral, se decidió realizar la resección quirúrgica en dos tiempos. Se realizaron estudios preanestésicos (hemograma, química sanguínea, urianálisis, tiempos de coagulación, electrocardiograma e índice sistólico diastólico) sin alteraciones relevantes. 

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En la primera intervención se efectuó la escisión de la porción infiltrativa localizada en cavidad abdominal caudal y pélvica. Se realizó abordaje por línea media con osteotomía de pubis, se realizó la liberación de adherencias a vejiga y uréteres. 

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estudios hematológicos, bioquímicos y se repitieron estudios endocrinológicos como control. En esta ocasión los resultados evidenciaron hipercortisolismo compatible con síndrome de Cushing, confirmado mediante prueba de supresión con dexametasona a dosis baja, así como alteraciones compatibles con hipotiroidismo. Debido a estos hallazgos, se instauró tratamiento médico específico y se estableció un protocolo de monitoreo periódico.

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Tras la tercera intervención quirúrgica, la paciente permanece estable, con adecuada calidad de vida y sin evidencia clínica de una nueva recurrencia durante el periodo de seguimiento. 

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Discusión

En el presente caso, la paciente presentó un lipoma con extensión hacia la región sacra, cavidad abdominal y canal pélvico, una localización poco frecuente que representó un importante reto diagnóstico y quirúrgico. La presencia de estreñimiento y desplazamiento del ano fue consecuencia del efecto de masa producido por el tumor sobre las estructuras pélvicas, hallazgos que coinciden con lo descrito por Lappalainen et al. (2025), quienes reportan que los lipomas del canal pélvico pueden manifestarse con tenesmo, estreñimiento, disquecia y alteraciones en la defecación debido a la compresión extraluminal del recto.

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La tomografía computarizada desempeñó un papel fundamental en la planeación quirúrgica. Crowley et al. (2020) demostraron que este estudio permite delimitar con precisión la extensión de los lipomas profundos y su relación con estructuras musculares y neurovasculares, facilitando la elección del abordaje quirúrgico más apropiado. De manera similar, en la paciente de este reporte, la tomografía permitió identificar la extensión de la masa hacia la cavidad abdominal y el canal pélvico, información indispensable para planificar ambas intervenciones quirúrgicas y anticipar las posibles dificultades durante la resección. 

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Los hallazgos observados en la presente paciente concuerdan con la descripción histopatológica clásica de los lipomas infiltrativos. De acuerdo con Goldschmidt y Hendrick, (2017) estas neoplasias están constituidas por adipocitos maduros bien diferenciados, morfológicamente similares a los observados en los lipomas convencionales; sin embargo, se distinguen por su capacidad para infiltrarse entre fibras musculares, fascia, tejido conectivo y otras estructuras profundas, manteniendo un comportamiento biológico benigno al no presentar atipia celular significativa ni un elevado índice mitótico. Esta característica explica que, a pesar de la apariencia histológica benigna, puedan representar un importante desafío quirúrgico debido a la dificultad para obtener márgenes libres de enfermedad y, en consecuencia, a su elevada tendencia a la recurrencia local. 

En este caso la presencia de tejido adiposo neoplásico entre fibras de músculo esquelético y tejido colágeno, en conjunto con los hallazgos de imagen y quirúrgicos que evidenciaron extensión hacia tejidos profundos, fue compatible con un patrón infiltrativo. Por lo anterior, el diagnóstico de lipoma infiltrativo se estableció mediante la integración de los hallazgos histopatológicos, tomográficos y quirúrgicos.

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La escisión quirúrgica continúa siendo el tratamiento de elección para los lipomas infiltrativos; sin embargo, la infiltración de tejidos profundos puede impedir la obtención de márgenes quirúrgicos adecuados y favorecer la persistencia de tejido tumoral. Tanto Huppes et al. (2016) como Lappalainen et al. (2025) destacan que esta variante presenta una mayor probabilidad de recurrencia local en comparación con los lipomas simples. Esta tendencia se alinea con lo observado en el presente caso, donde a pesar de haberse realizado dos procedimientos quirúrgicos con confirmación histopatológica, la paciente manifestó recidiva tumoral diez meses después de la segunda intervención. Dicho hallazgo respalda el comportamiento localmente invasivo descrito para los lipomas infiltrativos y pone en evidencia la complejidad de lograr un control local definitivo cuando la resección completa se ve supeditada a la proximidad de estructuras anatómicas críticas. 

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La persistencia del diagnóstico histopatológico de lipoma en las muestras obtenidas durante las diferentes intervenciones, sin evidencia de transformación maligna, es consistente con lo descrito por Goldschmidt y Hendrick (2017) para los lipomas infiltrativos. Estos autores señalan que la recurrencia local no implica necesariamente progresión hacia una neoplasia maligna, sino que suele ser consecuencia de la infiltración microscópica del tejido adiposo entre estructuras anatómicas profundas, lo que dificulta la resección completa incluso cuando macroscópicamente el procedimiento parece adecuado. 

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Por ello, algunos autores recomiendan considerar la radioterapia como tratamiento adyuvante en pacientes con resecciones incompletas o enfermedad residual microscópica, ya que se ha asociado con un mejor control local y bajas tasas de efectos adversos (Lappalainen et al., 2025). 

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La recurrencia observada en este caso resalta la importancia de establecer protocolos de seguimiento a largo plazo en pacientes con lipomas infiltrativos. Las revisiones clínicas periódicas, complementadas con estudios de imagen cuando exista sospecha de reincidencia, permiten detectar tempranamente el crecimiento tumoral y planificar nuevas intervenciones antes de que se produzca un compromiso importante de las estructuras adyacentes. Este caso confirma que, aunque los lipomas infiltrativos son histológicamente benignos, su comportamiento biológico puede representar un desafío terapéutico considerable y requiere un manejo multidisciplinario y un monitoreo continuo para optimizar la calidad de vida del paciente. 

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En el presente caso, la paciente desarrolló hiperadrenocorticismo, hipotiroidismo e hiperlipidemia durante el seguimiento clínico. Aunque actualmente no existe evidencia que demuestre una relación causal entre estas alteraciones metabólicas y la recurrencia de los lipomas infiltrativos, diversos mecanismos biológicos han sido propuestos para explicar la interacción entre el metabolismo del tejido adiposo y la carcinogénesis. Marchi et al. (2022) describen que el tejido adiposo funciona como un órgano endocrino capaz de secretar adipocinas, citocinas proinflamatorias y factores de crecimiento que favorecen un estado de inflamación crónica de bajo grado, resistencia a la insulina y alteraciones metabólicas, condiciones que podrían modificar el microambiente tumoral y favorecer el desarrollo o la progresión de algunas neoplasias en perros. Frente a este escenario, en este caso el uso de pravastatina se ha propuesto por su capacidad para inhibir la HMG-CoA reductasa, lo cual puede reducir la síntesis endógena de colesterol y mejorar el perfil lipídico general. Asimismo, la administración de Plantago Psyllium se plantea como un mecanismo complementario; su fibra soluble puede interferir con la absorción intestinal de lípidos exógenos y promueve el aclaramiento de triglicéridos plasmáticos.

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En este contexto, el control de las alteraciones metabólicas y endocrinas se consideró parte del manejo integral de la paciente. Sin embargo, no es posible establecer que el tratamiento hipolipemiante haya influido en la evolución biológica del lipoma, ya que actualmente no se dispone de evidencia suficiente que demuestre dicho efecto en perros con lipomas infiltrativos. 

Conclusiones

 

La tomografía computarizada constituye una herramienta de gran utilidad para determinar la extensión anatómica del tumor, valorar su relación con estructuras anatómicas adyacentes y planificar el abordaje quirúrgico en regiones complejas, contribuyendo de manera directa a una mejor toma de decisiones terapéuticas.La recurrencia observada diez meses después de la segunda intervención quirúrgica evidencia que la escisión quirúrgica, aun cuando sea amplia y cuidadosamente planificada, no siempre garantiza el control definitivo en pacientes con lipomas infiltrativos. ​​Este comportamiento coincide con lo descrito en la literatura y resalta la importancia de informar exhaustivamente a los tutores sobre el alto riesgo de reincidencia.Finalmente, este caso enfatiza la importancia de establecer un monitoreo continuo, tanto clínico como imagenológico a largo plazo. Este seguimiento estrecho es fundamental para detectar oportunamente cualquier signo de recurrencia local, intervenir de manera temprana y preservar la calidad de vida de la paciente mediante un manejo integral, médico-quirúrgico e individualizado. 

Bibliografía​

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  1. Crowley, J. D., Hosgood, G., Crawford, N. V., & Richardson, J. L. (2020). Computed tomographic findings, surgical management and postoperative outcomes of large intermuscular lipomas in the hindlimb of 11 dogs. Australian Veterinary Journal, 98(4), 135–139. 

  2. De la Cruz Hernández, N. I., & Martínez Martínez, M. A. (2017). Frecuencia y caracterización de las principales neoplasias presentes en el perro doméstico en Tamaulipas (México). Revista de Medicina Veterinaria, (35), 53–71.

  3. García Córdoba, C. G., & Páez Díaz, R. (2025). Predisposición al cáncer en razas caninas: Rol de la nutrición y el medio ambiente: Una revisión. Biociencias (UNAD), 9(1), 31–51. https://doi.org/10.22490/26194759.10547

  4. Goldschmidt, M. H., & Hendrick, M. J. (2017). Tumors of the skin and soft tissues. En D. J. Meuten (Ed.), Tumors in Domestic Animals (5th ed., pp. 88–141). Wiley Blackwell.

  5. Huppes, R. R., Dal Pietro, N., Wittmaack, M. C., (2016). Intermuscular lipoma in dogs. Acta Scientiae Veterinariae, 44(Suppl. 1), Article 127.

  6. Lappalainen, M., Gomez Fernandez, J., Béguin, J., et al. (2025). Presentation, treatment and outcome of lipomas of the pelvic canal in dogs. Veterinary Oncology, 2, Article 28. https://doi.org/10.1186/s44356-025-00044-1

  7. Marchi, P. H., Vendramini, T. H. A., Perini, M. P., Zafalon, R. V. A., Amaral, A. R., Ochamotto, V. A., Da Silveira, J. C., Dagli, M. L. Z., & Brunetto, M. A. (2022). Obesity, inflammation, and cancer in dogs: Review and perspectives. Frontiers in Veterinary Science, 9, Article 1004122. https://doi.org/10.3389/fvets.2022.1004122

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