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Año XXIII. Edición 133. Febrero Marzo 2026

 
 

Nutrición terapéutica en la enfermedad renal crónica de perros y gatos: más allá de la restricción proteica.

PALABRAS CLAVE: Manejo nutricional > Restricción de Fósforo > Masa Magra > Individualización 
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Asesor Técnico Petfood, Grupo Nutec

 
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Introducción

La enfermedad renal crónica (ERC) representa, sin lugar a duda, uno de los desafíos más complejos que enfrentamos en la práctica clínica diaria con pequeños animales. Al revisar las estadísticas, encontramos que la prevalencia aumenta dramáticamente con la edad: aproximadamente 10% en perros y hasta 30% en gatos mayores de 15 años (Brown et al., 1998). Lo que comenzó hace décadas como recomendaciones relativamente simples de "reducir proteína" se ha transformado en algo mucho más sofisticado y complicado de manejar.

 

En la práctica diaria, la modificación dietética sigue siendo fundamental—esto no ha cambiado—pero la manera en que comprendemos la nutrición renal ha evolucionado dramáticamente. Ya no podemos simplemente prescribir una "dieta renal" y esperar resultados uniformes. El panorama actual nos muestra múltiples nutrientes interactuando simultáneamente, cada uno influyendo tanto en cómo progresa la enfermedad como en la calidad de vida que experimentan nuestros pacientes día a día.

Comencemos con algo que probablemente todos hemos experimentado: la variabilidad individual en la respuesta a la enfermedad renal es, simplemente, frustrante. Dos gatos con creatininas similares pueden comportarse de maneras completamente diferentes. Brown y colaboradores demuestran esto en 1998 cuando escribieron que "el único aspecto constante de la insuficiencia renal es la inapetencia y pérdida de peso corporal".

Aquí está el problema real que enfrentamos: antes de obsesionarnos con restricciones dietéticas específicas) necesitamos asegurar que el paciente está comiendo suficiente. Vemos demasiados casos donde nos enfocamos tanto en la formulación "perfecta" que perdimos de vista si el gato realmente estaba consumiendo calorías adecuadas.

Hoy, la composición corporal nos dice mucho más de lo que sabíamos. Elliott y su equipo demostraron en 2000: gatos con peso corporal bajo (menos de 4.2 kg) al diagnóstico simplemente no sobrevivían tanto como aquellos con mayor peso. En perros, Parker documentó en 2021 que aquellos con condición corporal pobre (menor a 4/9) mostraban menor supervivencia. Entonces, un gato desnutrido con azotemia moderada tiene un riesgo más inmediato que uno bien nutrido con azotemia más severa. 

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¿Individualización o protocolización?

Cualquier estrategia nutricional que reduzca la ingesta voluntaria puede terminar siendo contraproducente, sin importar cuán potente sea su justificación bioquímica.

Fósforo: donde la evidencia realmente brilla

Si hay algo, donde la evidencia es consistentemente convincente, es el fósforo. Pero necesitamos entender los matices aquí. La retención de fósforo y la hiperfosfatemia aparecen temprano, mucho antes de que veamos creatininas alarmantes en el panel bioquímico. Esto genera un problema: si esperamos a ver hiperfosfatemia evidente para actuar, probablemente ya estamos tarde.

Los estudios experimentales— entendiendo las limitaciones de extrapolar de modelos experimentales a enfermedad naturalmente ocurrente—nos han dado información valiosa. Finco y su grupo de investigadores trabajaron con perros con masa renal quirúrgicamente reducida en 1992. Los números son impactantes: 75% de supervivencia con fósforo bajo (0.44% materia seca) versus apenas 33% con fósforo alto (1.44% MS). Más preocupante aún: la función renal se deterioraba notablemente más rápido en el grupo alto en fósforo. 

En gatos, Ross mostró diferencias histológicas dramáticas entre grupos con fósforo restringido vs normal.

Proteína: cuestionando lo que "siempre hemos hecho"

La restricción proteica ha sido casi un dogma durante décadas. La lógica suena bien: menos proteína significa menos productos nitrogenados, menos toxinas urémicas, mejor control de signos clínicos. 

Aquí hay una distinción metodológica que muchos desconocemos: los requerimientos proteicos tradicionales se basan en balance nitrogenado, no en mantenimiento de masa magra. Esta diferencia importa enormemente. Laflamme y Hannah demostraron en gatos en 2013: necesitas 1.5 g proteína/kg para balance nitrogenado, pero 5.2 g/kg para mantener masa magra. Más del triple. Pensemos en las implicaciones clínicas por un momento—un gato geriátrico con ERC perdiendo músculo progresivamente no solo se ve peor, tiene peor calidad de vida, menor movilidad, función inmune comprometida.

 

La evidencia sobre restricción proteica y progresión de enfermedad no es alentadora. Brown reportó (2013, 2014) que la restricción proteica no mejoró hipertensión glomerular, hipertrofia ni progresión en perros con insuficiencia renal inducida. Finco (1998) no encontró beneficio en gatos. 

La aproximación actual podría ser más conservadora respecto a restricción proteica agresiva:

Pacientes no azotémicos: Simplemente no restringir proteína a menos que haya proteinuria significativa (glomerulopatía documentada). ¿Por qué? No hay evidencia de beneficio y sí de riesgo de desnutrición.

Azotemia sin uremia: Restricción modesta, observar cuidadosamente masa muscular y peso. Si hay pérdida progresiva de condición, aumentar proteína inmediatamente, independientemente del BUN. 

Uremia activa: Aquí sí, la restricción puede aliviar signos gastrointestinales y neurológicos. Pero equilibrando meticulosamente contra desnutrición. La desnutrición mata más rápido que la azotemia moderada.

Gatos: Como carnívoros obligados, requieren proporcionalmente más proteína que perros. La restricción excesiva puede ser metabólicamente devastadora. Los gatos se deterioran rápidamente con dietas excesivamente restrictivas.

Parker sugiere 2.5-4 g/kg/día para perros y 3.5-4.5 g/kg/día para gatos azotémicos. Estas cifras son considerablemente más bajas que lo que nos enseñaron en la facultad. La evolución refleja una comprensión creciente—respaldada por evidencia—de que la desnutrición mata más rápido que azotemia moderada.

Otros nutrientes críticos que no deberíamos ignorar

Potasio: Más Importante de lo que pensamos

La hipocalemia en gatos con ERC es sorprendentemente común—de 20-30% según estudios epidemiológicos que probablemente subestiman la prevalencia real. Las manifestaciones clínicas pueden ser sutiles inicialmente: debilidad generalizada que los tutores atribuyen a "envejecimiento", ventroflexión cervical intermitente, poliuria que asumimos es solo por la enfermedad renal, constipación que tratamos sintomáticamente sin investigar la causa subyacente.

El manejo efectivo requiere pensar más allá del contenido de potasio del alimento. Tenemos que considerar acidosis metabólica (que desplaza potasio intracelularmente, artificialmente "normalizando" niveles séricos mientras las reservas corporales totales están depletas), medicamentos que prescribimos rutinariamente (IECAs, ARA-II), y la función renal residual del paciente específico.

Sodio: Tema Controvertido

 

Tradicionalmente se recomienda restricción para combatir hipertensión asociada con enfermedad renal. Suena lógico. Pero estudios recientes cuestionan tanto eficacia como la potencial seguridad de una restricción agresiva.

Buranakarl y colaboradores mostraron en 2004 que la restricción excesiva o rápida puede activar el sistema renina-angiotensina-aldosterona, promover kaliuresis, y potencialmente exacerbar progresión de enfermedad a través de mecanismos neuro humorales. Entonces podríamos estar causando daño con intención de ayudar.

Podemos favorecer niveles normales a moderadamente restringidos, con transiciones graduales (7-14 días mínimo) cuando la restricción parece justificada. Seamos más conservadores respecto a restricción agresiva, particularmente en pacientes geriátricos donde regulación homeostática ya está comprometida por edad además de enfermedad renal.

Omega-3: Antiinflamatorios con Potencial Real 

Los ácidos grasos omega-3 (EPA, DHA específicamente) tienen propiedades antiinflamatorias bien documentadas in vitro y en modelos experimentales. Brown y colaboradores reportaron en 1998 efectos favorables con aceite de pescado en perros con insuficiencia renal inducida: reducción de presión glomerular, modificación de perfil de eicosanoides, evidencia histológica de renoprotección versus aceite de cártamo (rico en omega-6).

Vitamina D: Complejidad Metabólica

Las alteraciones en metabolismo de vitamina D son prácticamente universales en ERC y contribuyen significativamente al síndrome de enfermedad mineral y ósea (conjunto complejo y muy confuso de alteraciones interrelacionadas en calcio, fósforo, PTH, FGF-23 y vitamina D).

Los pacientes con ERC típicamente muestran concentraciones reducidas de calcidiol (25-OH-D) y calcitriol (1,25-OH2-D), este último debido a reducción de masa renal funcional y efectos inhibitorios de FGF-23 sobre 1-alfa-hidroxilasa renal. La suplementación con calcitriol ha sido recomendada durante décadas para suprimir PTH y potencialmente ralentizar osteodistrofia renal.

Investigación reciente está explorando otras formas de vitamina D—particularmente calcifediol—que podrían ofrecer ventajas farmacocinéticas. Pero requerimos bastante más investigación antes de poder establecer recomendaciones clínicas definitivas basadas en evidencia sólida. Actualmente se usa calcitriol en pacientes con hiperparatiroidismo secundario documentado, comenzando conservadoramente (1.5-2.5 ng/kg/día) y monitoreando calcio ionizado estrechamente. Los riesgos de hipercalcemia iatrogénica son reales y potencialmente serios.

Llevando esto a la práctica clínica 

Evaluación Inicial: la base de todo

El éxito comienza con una evaluación integral. Necesitamos saber:

Historia dietética exhaustiva: 

No simplemente "¿qué come?" Necesitamos marca específica, formulación exacta, cantidad realmente consumida (no ofrecida—hay diferencia), método de alimentación, y absolutamente todos los premios, suplementos, alimentos para medicamentos, y "bocaditos". 

Evaluación meticulosa de composición corporal

Peso preciso en kilogramos, condición corporal con escala estandarizada 9 puntos, y condición muscular evaluando específicamente musculatura temporal, escapular, lumbar y pélvica. 

Laboratorio completo

Creatinina, BUN, fósforo, calcio total e ionizado idealmente (particularmente crucial en gatos donde la hipercalcemia ionizada aparece sorprendentemente frecuente), potasio, bicarbonato o CO2 total, proteínas totales, albúmina, hemograma completo, uroanálisis completo con UPC y densidad urinaria. 

Evaluación realista de apetito — crítico para anticipar desafíos realistas de transición dietética y ajustar expectativas del propietario desde el inicio. Si el gato ya es quisquilloso antes de ERC, la transición será desafiante.

 

Transición Dietética

 

La transición debe ser gradual—7-14 días típicamente, aunque pacientes particularmente selectivos pueden necesitar 3-4 semanas. 

  • Iniciar en casa, nunca durante hospitalizaciones. 

  • Un gato asociando alimento nuevo con sentirse terrible durante hospitalización probablemente nunca lo aceptará después.

  • Ofrecer múltiples formulaciones (seca, húmeda, diferentes proteínas) y dejar que el paciente "decida". 

  • Calentar el alimento a temperatura corporal. Esto intensifica aroma significativamente. Pacientes con sentido del olfato disminuido (común en gatos mayores) responden mejor.

  • Raciones pequeñas y frecuentes en lugar de llenar recipiente por la mañana y dejarlo todo el día. El alimento fresco es más atractivo.

  • Estimulantes de apetito cuando apropiado—capromorelin (2-3 mg/kg q24h en gatos), mirtazapina (dosis según especie y función renal). 

Elliott reportó que solo 58% de sus gatos aceptaron exitosamente la dieta renal. Esto es aleccionador. La aceptabilidad dietética puede ser el factor limitante más significativo—potencialmente más importante que la formulación específica del alimento. 

Soporte Nutricional Asistido:

 

Cuando un animal simplemente no consume voluntariamente suficiente alimento para mantener peso corporal a pesar de mejores esfuerzos—y esto pasa, más frecuentemente de lo que quisieramos— los tubos de alimentación pueden ser herramienta terapéutica valiosa.

La esofagostomía o gastrostomía son apropiados para uso crónico. Con propietarios comprometidos y adecuadamente entrenados, estos tubos funcionan efectivamente meses o años. La dietas terapéuticas renales húmedas se licuan bien con agua o fórmulas líquidas renales para conseguir consistencia apropiada (0.9-1.1 kcal/mL) para administración por sonda. Muchos propietarios inicialmente resistentes posteriormente reportan que la alimentación por sonda elimina el estrés diario de intentar persuadir gato reacio a comer, mejorando dramáticamente calidad de vida tanto de animal como de propietario. 

Monitoreo: Vigilancia continua

 

Un seguimiento regular es absolutamente crucial. Es medicina preventiva que permite ajustes proactivos antes de la crisis.

Reevalúar a las 2 semanas post-inicio (identificar problemas tempranos de aceptabilidad o efectos adversos), luego cada 3-4 meses en pacientes estables. Cada visita: historia dietética actualizada, peso corporal preciso (misma báscula cada vez si posible), condición corporal, examen físico completo, laboratorio repitiendo parámetros basales.

Este monitoreo permite detectar tendencias tempranamente. Un gato perdiendo 200 gramos entre consultas puede no parecer dramático, pero si esto es consistente durante tres visitas, estamos ante problema nutricional serio que requiere intervención inmediata.

Evidencia Clínica: 

¿Realmente funciona en la práctica diaria?

 

Los estudios en enfermedad naturalmente ocurrente son infinitamente más relevantes clínicamente que modelos experimentales con nefrectomías quirúrgicas. Elliott y colaboradores demostraron en 2000 que gatos con ERC estable alimentados con dieta comercial modificada en proteína y baja en fósforo tuvieron supervivencia media de 633 días versus apenas 264 días para dieta de mantenimiento. 2.4 veces mayor supervivencia.

Más revelador: 69% de gatos en dieta normal murieron específicamente de insuficiencia renal progresiva; ninguno en dieta renal experimentó crisis urémicas durante el estudio.

Jacob y colaboradores evaluaron 38 perros con ERC desarrollada naturalmente como resultado de otras condiciones médicas en 2002. Hubo una reducción del 70% en riesgo relativo de crisis urémica, 2.5 veces más tiempo libre de signos urémicos, supervivencia media tres veces mayor con dieta renal vs dieta de mantenimiento. La creatinina sérica declinó más lentamente en grupo con dieta renal.

Estos estudios—realizados en pacientes reales en clínicas veterinarias reales con propietarios reales—proporcionan evidencia convincente de que modificación dietética apropiada mejora significativa y mensurablemente tanto calidad como cantidad de vida. Sin duda se requieren más estudio aleatorizados.

Pero la evidencia disponible es suficientemente robusta para justificar firmemente recomendaciones dietéticas en la práctica clínica actual. 

Reflexiones Finales: 

¿Dónde estamos y hacia donde deberíamos ir?

 
 

El manejo nutricional de ERC ha experimentado una evolución notable, desde una aproximación dogmática centrada casi exclusivamente en restricción proteica severa hacia enfoque más holístico, individualizado y fundamentado en evidencia científica rigurosa en lugar de tradición clínica no cuestionada.

Principios que deberían guiar práctica contemporánea:

Primero y fundamentalmente; la ingesta calórica adecuada es innegociable. Ninguna modificación dietética, por elegante que sea su fundamentación bioquímica, beneficia si el animal no consume suficientes calorías para mantener peso y masa magra. Un gato desnutrido con BUN de 40 mg/dL está en peligro más   inmediato que un gato bien nutrido con BUN de 60 mg/dL. 

Restricción de fósforo: particularmente las formas altamente biodisponibles como sales inorgánicas, tiene evidencia experimental y clínica sólida de beneficio en ralentización de progresión. Esto merece atención prioritaria en una formulación dietética y selección de alimento comercial.

Restricción proteica moderada: cuidadosamente graduada según la respuesta individual, constantemente balanceada contra el riesgo de desnutrición proteico-energética, y ajustada dinámicamente conforme la enfermedad progresa. No existe "dosis única" apropiada para todos los pacientes.

Múltiples nutrientes adicionales: El potasio, sodio, omega-3, vitamina D, relación Ca:P, juegan roles importantes frecuentemente subestimados que deben ser considerados e individualizados según paciente específico, estadio de enfermedad, comorbilidades.

Monitorización regular, sistemática y ajuste dinámico de estrategia nutricional: no son opcionales. Son esenciales para optimizar resultados. Hay demasiados casos subóptimos donde la intervención temprana hubiera cambiado el rumbo.

Conclusiones

El éxito del manejo nutricional requiere colaboración estrecha entre el clínico, un nutricionista veterinario certificado y de manera muy importante, el propietario. Necesitamos desarrollar planes individualizados considerando no solo la evidencia científica sino también realidades prácticas, preferencias del paciente, capacidad del propietario (emocional, temporal, económica) y restricciones de cada caso particular.Brown y colaboradores nos recuerdan que: "no confundir el acto de ofrecer una dieta especial al paciente, con la ingesta real del nivel apropiado de nutrientes por ese paciente".

La nutrición en la enfermedad renal no es—no puede ser—enfoque de "talla única" o protocolo rígido aplicado universalmente. Requiere pensamiento crítico constante, evaluación individualizada cuidadosa, monitoreo continuo comprometido, y humildad para reconocer que mucho de lo que "sabíamos" hace dos décadas ha sido cuestionado o refinado significativamente por investigación subsecuente. Nuestra responsabilidad como clínicos es mantenernos actualizados con literatura emergente, cuestionar dogmas cuando la evidencia lo justifique, y siempre—absolutamente siempre—priorizar el bienestar y calidad de vida de nuestros pacientes sobre adherencia rígida a protocolos que pueden no aplicar a cada caso individual.

Referencias

  • Alexander, J., Stockman, J., Atwal, J., Butterwick, R., Colyer, A., Elliott, J., Gilham, M., Morris, P., Staunton, R., Sumarah, M., Watson, P., & Weidgraaf, K. (2018). Effects of the long-term feeding of diets enriched with inorganic phosphorus on the adult feline kidney and phosphorus metabolism. British Journal of Nutrition, 121(3), 249-269. https://doi.org/10.1017/S0007114518002751

  • Brown, S. A., Brown, C. A., Crowell, W. A., Barsanti, J. A., Allen, T., Cowell, C., & Finco, D. R. (1998). Beneficial effects of chronic administration of dietary omega-3 polyunsaturated fatty acids in dogs with renal insufficiency. Journal of Laboratory and Clinical Medicine, 131(5), 447-455.

  • Elliott, J., Rawlings, J. M., Markwell, P. J., & Barber, P. J. (2000). Survival of cats with naturally occurring chronic renal failure: Effect of dietary management. Journal of Small Animal Practice, 41(6), 235-242.

  • Finco, D. R., Brown, S. A., Brown, C. A., Crowell, W. A., Sunvold, G., & Cooper, T. L. (1998). Protein and calorie effects on progression of induced chronic renal failure in cats. American Journal of Veterinary Research, 59(5), 575-582.

  • Jacob, F., Polzin, D. J., Osborne, C. A., Neaton, J. D., Lekcharoensuk, C., Allen, T. A., Kirk, C. A., & Swanson, L. L. (2002). Clinical evaluation of dietary modification for treatment of spontaneous chronic renal failure in dogs. Journal of the American Veterinary Medical Association, 220(8), 1163-1170.

  • Laflamme, D. P., & Hannah, S. S. (2013). Discrepancy between use of lean body mass or nitrogen balance to determine protein requirements for adult cats. Journal of Feline Medicine and Surgery, 15(8), 691-697.

  • Parker, V. J. (2021). Nutritional management for dogs and cats with chronic kidney disease. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice, 51(3), 685-710. https://doi.org/10.1016/j.cvsm.2021.01.007

  • Ross, L. A., Finco, D. R., & Crowell, W. A. (1982). Effect of dietary phosphorus restriction on the kidneys of cats with reduced renal mass. American Journal of Veterinary Research, 43(6), 1023-1026.

 
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