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Año XXII. Edición 136. Agosto Septiembre 2026

Manejo antibiótico de la úlcera corneal en pequeños animales

Del principio farmacológico a la decisión clínica

PALABRAS CLAVE: úlcera corneal > oftalmología veterinaria > fluoroquinolonas > epitelizante ocular > suero autólogo.
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KEY WORDS: corneal ulcer, veterinary ophthalmology, fluoroquinolones, epithelializing agent, autologous serum.

Consutoría Científica Holliday Scott.

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Resumen

La úlcera corneal es una de las urgencias oftalmológicas más frecuentes en la clínica de perros y gatos, y su desenlace se define en buena medida por las decisiones tomadas en las primeras horas. El espectro va desde la úlcera superficial que reepiteliza en pocos días hasta la queratomalacia que puede perforar el globo en menos de 48 horas. Este artículo revisa los principios del manejo antibiótico tópico —espectro, penetración y frecuencia—, ubica a las fluoroquinolonas dentro de la decisión terapéutica y discute el papel coadyuvante de los epitelizantes oculares a la luz de la evidencia disponible.

Abstract

Corneal ulceration is one of the most common ophthalmic emergencies in canine and feline practice, and its outcome is largely determined by decisions made within the first hours. The spectrum ranges from superficial ulcers that re-epithelialize within a few days to keratomalacia, which can perforate the globe in under 48 hours. This article reviews the principles of topical antibiotic management —spectrum, corneal penetration, and dosing frequency—, positions the fluoroquinolones within the therapeutic decision, and discusses the adjunctive role of ocular epithelializing agents in light of the available evidence.

La decisión antibiótica define el pronóstico

La córnea carece de vasos sanguíneos y depende de la integridad de su epitelio como primera barrera frente a la infección. La superficie ocular sana del perro y del gato no es estéril: alberga una flora residente predominantemente grampositiva, en la que Staphylococcus y Streptococcus son los géneros más frecuentes. Mientras el epitelio está intacto, esa flora convive sin causar daño; pero cuando la barrera se rompe, esos mismos microorganismos —junto con patógenos oportunistas como Pseudomonas aeruginosa— acceden al estroma y pueden desencadenar la infección. A partir de ese momento, dos relojes corren en paralelo: el de la reepitelización y el de la progresión infecciosa. La elección antibiótica correcta, a la frecuencia adecuada, es lo que inclina la balanza hacia el primero. (1, 2)

Una úlcera superficial no complicada suele cerrar en tres a siete días con un manejo sencillo. Una úlcera con infección estromal activa, en cambio, puede progresar a queratomalacia (“melting”) y perforar en cuestión de horas. Por eso el manejo antibiótico no es un asunto a tomar a la ligera, sino la intervención que determina si conservamos un ojo funcional o terminamos en un injerto conjuntival, una queratoplastia o, en el peor escenario, la enucleación. (1, 2)

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Una clasificación que orienta el tratamiento

Antes de elegir un fármaco conviene clasificar la lesión, porque el tipo de úlcera dicta la agresividad del tratamiento y la necesidad —o no— de referir. La tinción con fluoresceína, la valoración de la profundidad y la presencia de signos de colagenólisis (aspecto gelatinoso, gris, blando) son los datos que cambian el tratamiento. Sea cual sea el esquema terapéutico elegido, el uso del collar isabelino debe acompañarlo siempre, para impedir el autotraumatismo que puede agravar la lesión o retrasar la reepitelización. (1, 2)

Microbiología de la úlcera infectada

En el perro, los aislados más frecuentes en úlceras infectadas son Staphylococcus pseudintermedius y Streptococcus β-hemolítico entre los grampositivos, y Pseudomonas aeruginosa entre los gramnegativos; este último es el protagonista clásico de la queratomalacia por su producción de proteasas. Esta distribución es la que justifica buscar, en la terapia empírica, una cobertura que abarque ambos grupos. (1, 3)

En el gato el escenario tiene un matiz que conviene no perder de vista: una proporción importante de las úlceras corneales tiene origen viral, asociada a herpesvirus felino tipo 1 (FHV-1). En estos casos el antibiótico tópico no trata la causa primaria, sino que previene o controla la infección bacteriana secundaria sobre un epitelio ya comprometido. 

Reconocer esta diferencia evita atribuir al antibiótico una falta de respuesta que en realidad corresponde al componente viral. (1, 2)

Por estas razones, la citología corneal y el cultivo con antibiograma se recomiendan en toda úlcera profunda, infectada o con signos de “melting”. La citología en consultorio puede orientar la terapia inicial en minutos —cocos frente a bacilos—, mientras el cultivo confirma y permite ajustar el tratamiento. (1, 2)

Tabla 1. Clasificación clínica de la úlcera corneal y enfoque terapéutico general. 

Las posologías indicadas siguen las recomendaciones del fabricante (Holliday Scott: línea Oftalday).

Principios del manejo antibiótico tópico

Tres variables gobiernan la eficacia de un antibiótico tópico en córnea: el espectro frente a los patógenos esperados, la capacidad de penetrar las capas corneales y la frecuencia de aplicación, que mantiene la concentración por encima de la concentración inhibitoria mínima (CIM) durante el tiempo necesario. Una molécula excelente aplicada con poca frecuencia rinde poco. (1, 2)

Para muchas úlceras superficiales y estromales tempranas, la monoterapia con una fluoroquinolona es suficiente. La evidencia de mejor calidad en medicina humana —revisiones de ensayos clínicos aleatorizados— muestra que las fluoroquinolonas tópicas son comparables a las combinaciones de antibióticos fortificados en la queratitis bacteriana, con la ventaja práctica de requerir un menor número de aplicaciones diarias, frente a la pauta intensiva que demandan los antibióticos fortificados. En cuadros graves o multirresistentes, en cambio, se recurre a terapia guiada por antibiograma. (4)

Fluoroquinolonas: generación, espectro y penetración

Las fluoroquinolonas inhiben la ADN-girasa y la topoisomerasa IV bacterianas. Las modificaciones moleculares introducidas en las generaciones más recientes ampliaron la actividad frente a grampositivos sin sacrificar la cobertura frente a gramnegativos, y mejoraron la penetración en los tejidos oculares. Comprender estas diferencias es clave para ubicar cada producto en su escenario. (2, 5)

En última instancia la elección debe apoyarse en la flora regional y, cuando sea posible, en el antibiograma, más que en la generación de la molécula por sí sola. (3)

Ofloxacina: el caballo de batalla en la úlcera no complicada

La ofloxacina, fluoroquinolona de segunda generación, ofrece una combinación difícil de igualar en costo-beneficio: buen espectro de amplio rango, penetración corneal adecuada incluso hacia capas profundas y un perfil de tolerancia bien establecido. Es una primera línea razonable para la mayoría de las úlceras superficiales y no complicadas, donde el objetivo es prevenir o controlar la infección mientras el epitelio cierra. En la práctica, la pauta habitual va de cada 12 horas en úlceras simples, intensificándose según la gravedad, pudiendo aplicarse cada 4 a 6 horas. (1, 2, 11)

Moxifloxacina + D-pantenol: penetración y soporte en una sola fórmula

La moxifloxacina es una fluoroquinolona de cuarta generación con mejor actividad frente a grampositivos y, de forma consistente en los estudios farmacocinéticos, una penetración corneal y hacia la cámara anterior superior a la de generaciones previas. A su mecanismo de doble diana —inhibe tanto la ADN-girasa como la topoisomerasa IV— se le atribuye una barrera más alta frente al desarrollo de resistencias, ya que la bacteria necesitaría mutaciones simultáneas en ambas enzimas; sobre esta base, y dado que la moxifloxacina alcanza en el ojo concentraciones por encima de la concentración preventiva de mutantes, se ha planteado la conveniencia de emplearla de forma suficientemente temprana e intensiva —cuando es activa frente al patógeno— para limitar la selección de subpoblaciones resistentes. Este perfil la hace especialmente atractiva cuando se busca alcanzar concentraciones eficaces en úlceras estromales o más profundas. (5)

El D-pantenol (provitamina B5) se incorpora como soporte de la reepitelización, actuando a nivel fisiológico mediante la hidratación y el efecto barrera de la superficie. (6) En la combinación, la moxifloxacina aporta el control infeccioso con penetración profunda y el D-pantenol acompaña la fase de reparación en una sola aplicación, lo que simplifica la pauta para el propietario. (11)

Tabla 2. Fluoroquinolonas oftálmicas de uso habitual en pequeños animales.

El epitelizante ocular en la fase de reparación

Un epitelizante a base de vitamina A, vitamina E y caseína hidrolizada cumple un papel complementario, sobre todo en la fase de cicatrización. La vitamina A es esencial para la diferenciación y el mantenimiento del epitelio corneal —su deficiencia se asocia a alteraciones de la superficie ocular—; la vitamina E aporta acción antioxidante frente al estrés oxidativo del tejido en reparación, y la caseína hidrolizada aporta sustrato de soporte. Su lugar natural es el acompañamiento de la reepitelización junto con el antibiótico desde el inicio del tratamiento. (2, 7)

Este posicionamiento cuenta, además, con respaldo experimental directo en la especie. En un ensayo clínico veterinario (Ortiz y col., Rev Colomb Cienc Pecu, 2012), 42 perros con úlcera corneal superficial no complicada (grados I–II), todos bajo terapia antibiótica tópica estándar y collar isabelino, se asignaron al azar a recibir como coadyuvante un ungüento comercial compuesto por vitamina A palmitato, vitamina E acetato y caseína hidrolizada, o bien suero autólogo, el referente clásico de terapia epiteliotrófica. Al medir la reducción del defecto corneal a los días 3 y 7, no hubo diferencia estadísticamente significativa entre ambos coadyuvantes (p>0,05). En otras palabras, el epitelizante logró una reepitelización comparable a la del suero autólogo, con la ventaja práctica de ser un producto listo para usar, sin venopunción, refrigeración ni el riesgo de contaminación microbiológica que en la práctica limita el empleo del suero. (10)

El componente anticolagenasa en la queratomalacia

Cualquier revisión del manejo antibiótico quedaría incompleta sin mencionar el control de la colagenólisis en las úlceras “melting”. En estos casos, la sobreexpresión de metaloproteinasas de matriz (MMP) y de proteasas bacterianas degrada el estroma a gran velocidad. El antibiótico controla la infección, pero detener el “melting” exige terapia anticolagenasa —suero o plasma autólogo tópico, doxiciclina oral, y agentes como EDTA o N-acetilcisteína— aplicada con frecuencia, junto con manejo del dolor y soporte estructural del globo. Estas úlceras se benefician de referencia temprana a oftalmología, dada su rápida progresión y la necesidad frecuente de cirugía. (8, 9)

Conclusión

El manejo antibiótico de la úlcera corneal se sostiene en tres decisiones encadenadas: clasificar correctamente la lesión, elegir un antibiótico con el espectro y la penetración adecuados a la profundidad del cuadro, y acompañar la reparación epitelial sin descuidar la colagenólisis cuando existe. La ofloxacina conserva un papel sólido como primera línea en la úlcera no complicada; la combinación de moxifloxacina con D-pantenol aporta penetración profunda y soporte de reepitelización para los cuadros que lo exigen, y el epitelizante a base de vitamina A, E y caseína hidrolizada acompaña la fase de cierre. Sobre todo, ninguna molécula reemplaza la valoración cuidadosa, la frecuencia adecuada de aplicación y la referencia oportuna: en la córnea, el tiempo es tejido.

Bibliografía

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  • Holliday Scott. Información técnica de producto: línea oftalday (Ofloxacina; Anti Úlceras; Epitelizante Ocular). Holliday Scott.

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