OSTEOSARCOMA DE CRESTA TIBIAL EN UNA PERRA PITBUL DE 2 AÑOS

M.V. Z Esp. Gutiérrez López Christian*

M.V. Z Esp. Flores Dávila María de los Angeles*

M.V. Z Esp. Ramírez Rangel Fabian*

M.V. Z Esp. Villalpando Villalobos Ana Celia*

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Introducción

 

El osteosarcoma (OSA) es la neoplasia ósea primaria más común en perros y gatos y supone el 85% de los tumores óseos de las extremidades. Debido a que el OSA varía en el tipo y la cantidad de matriz producida, así como en la disposición y el patrón celular, se le subclasifica como: Osteoblástico, Condroblástico, Fibroblástico y Telangiectacico (vascular). El esqueleto apendicular se afecta de tres a cuatro veces más (75%) que el axial y los miembros torácicos se ven más afectados que los pélvicos. 

En los perros la medida de edad en la que se presenta el OSA oscila entre los 7.5 y 8 años de edad. En ocasiones se pueden encontrar afectados animales de menos de dos años de edad.

 

La raza es un factor de gran importancia para determinar la incidencia del OSA. Las razas gigantes desarrollan la neoplasia a edades más cortas que los perros de menor talla (Figura 1). 

 

SIGNOLOGÍA

Los signos clínicos asociados a la presencia de tumores óseos son dolor, perdida de la función e inflamación y se presentan en relación estrecha con la localización y en menor grado con el tipo de tumor.

 

En etapas tempranas de la enfermedad los animales afectados por OSA, presentan claudicación intermitente que se va exacerbando o se asocia a un suceso traumático. La claudicación en la mayoría de los casos es crónica y el paciente puede llegar a una claudicación grado IV; de igual manera la inflamación evoluciona hasta hacerse manifiesta.

 

La presentación en huesos largos se da con mayor frecuencia en el radio distal (21.1%) y en humero proximal (18.5% de los casos), mientras que en la extremidad pélvica, se da en la tibia proximal y en fémur distal. 

 

DIAGNÓSTICO

Para comenzar con el diagnostico es necesario observar al paciente en estática para determinar el sitio de la lesión por el dolor a la palpación en especial en la metáfisis de los huesos, la deformidad y el edema y en dinámica para evaluar la perdida de la función, así como la presencia y la gravedad de la claudicación. 

 

Mas del 90% de los perros con OSA presentan procesos micrometastásicos, sin embargo menos del 15% de los perros tienen metástasis clínicamente detectables en el momento del diagnostico inicial.

 

La metástasis ocurre principalmente siguiendo la vía hematógena, sobre todo a pulmones y otros huesos, aunque se ha descrito la presencia de metástasis en linfonodos regionales en más del 37% de los perros con OSA.

El estudio radiográfico es una herramienta vital en el intento de diagnosticar y determinar el estadio clínico de un tumor óseo.

 

Los signos radiográficos más sugestivos de una neoplasia ósea incluyen la lisis de la corteza ósea así como una lesión que no pasa la línea articular. La extensión del tumor y la mineralización del tejido circundante conforman las espículas periostiales que le dan el aspecto de “rayos de sol”.

 

Aunque la metástasis pulmonar puede no ser detectada, siempre está indicado un estudio radiográfico de tórax.

 

El diagnostico definitivo siempre se deberá confirmar por medio de un estudio histopatológico, el cual es esencial también para el pronóstico.

 

TRATAMIENTO

En cuanto al tratamiento, en la mayoría de los casos, la amputación del miembro afectado permite un control adecuado del tumor primario, sin embargo el tiempo de supervivencia es corto debido a la metástasis. También es un mecanismo eficaz para el control del dolor, en especial en paciente con fracturas espontaneas y cojeras que no responden a analgésicos o radioterapia.

 

El criterio para determinar la elegibilidad de un paciente para el salvamento de una extremidad incluye que el tumor afecte 50% o menos de la longitud del hueso, que no se extienda a través de la articulación y que el paciente esté libre de metástasis o de enfermedades subyacentes.

 

El tratamiento definitivo de los perros con OSA de las extremidades requiere tanto del tratamiento local del tumor como de las micrometástasis. La cirugía a menos que se combine con quimioterapia, se considera una medida simplemente paliativa. La quimioterapia se inicia en el momento es que se retiran los puntos de sutura.

 

Los protocolos actuales de quimioterapia incluyen el empleo de cisplatino, carboplatino y doxorrubicina tanto en monoterapia como en combinación. En la práctica la selección de uno y otro depende a menudo del costo y de los efectos adversos así como de la intensidad del tratamiento (Tabla 1).

 

Si se utiliza cisplatino, es necesaria una diuresis salina para minimizar el riesgo de nefrotoxicidad, la cual también puede ser reducida utilizando carboplatino en lugar del cisplatino. El uso empleo de doxorubicina se ha asociado a toxicidad miocárdica, en especial a dosis acumulativas superiores a los 180 mg/m2 ; por lo que se recomienda realizar una electrocardiograma antes, durante y después del tratamiento en paciente de alto riesgo.

Dentro de los nuevos enfoques terapéuticos se ha comprobado que la suramina produce quimiosensibilización. Las células quimioresistentes expresan receptores del factor de crecimiento Fibroblástico (FGF). El efecto de la sumarina se basa en el bloqueo de estos receptores aumentando la mortalidad de las células tumorales sin aumentar la toxicidad. 

 

Después de la quimioterapia, los perros deben ser tratados en casa, si es necesario, con antibióticos y antieméticos para paliar el posible daño gastrointestinal y las nauseas. Se debe realizar una hematología antes y durante el tratamiento para conocer el grado de mielosupresión, en caso de presentarla. Se debe retrasar la administración o disminuir la dosis si el recuento de neutrófilos es inferior a 2000/µ o el recuento de plaquetas está por debajo de 100.000 µl.

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El tratamiento paliativo va encaminado al control del dolor y de las cojeras asociadas al tumor óseo primario, pero no pretende aumentar la esperanza de vida. No se ha documentado la media de supervivencia para los perros con OSA de las extremidades tratados únicamente con analgésicos, aunque pruebas anecdóticas indican que son razonables esperanzas de 1 a 3 meses. 

 

La analgesia es la piedra angular de los protocolos paliativos en estos pacientes (Tabla 2). Los AINES pueden ser inicialmente suficientes para controlar el dolor y mejorar la calidad de vida del paciente. Los AINES inhibidores de la cox-1 son los de elección debido a sus efectos adversos reducidos, sin embargo en ocasiones es necesaria la combinación farmacológica para un control del dolor más eficiente.

Tabla 1.- Agentes quimioterapéuticos usados comunmente y supervivencia de perros con osteosarcoma que se han sometido a amputación.

Tabla 2.- Analgésicos orales y transdérmicos utilizados de modo paliativo en perros con osa de las extremidades

CASO CLÍNICO

 

Se presenta el 13 de agosto del 2014 al Centro Veterinario Integral la paciente de nombre Kiara, perro doméstico, cruza de Pitbull de 2 años de edad y 25 kg de peso. El propietario refiere que la paciente ha bajado de peso, no tiene apetito y tiene dificultad para caminar desde hace una semana.

 

Al examen físico presenta claudicación grado 3 en dinámica del miembro pélvico derecho, así como inflamación evidente y dolor a la manipulación a nivel de la articulación de la rodilla, sin historial de golpes o heridas penetrantes (Fig. 1). 

 

Se decida tomar una placa radiográfica (Fig. 2 y 3) y debido a los hallazgos en dicho estudio, se sugiere tomar una biopsia para lo cual se acuerda una cita el 19 de agosto. Se manda a casa con Tramadol a 2mg/kg PO BID por 6 días, Prednisona a 0.25 mg/kg PO BID y Omeprazol a 0.7mg/kg PO BID por 8 días así como reposo absoluto.

 

Diagnostico histopatológico: Sarcoma Osteogénico, bien diferenciado, de la cresta tibial derecha, con extensión a tejidos blandos. 

 

Por lo anterior se sugiere la amputación del miembro afectado, a lo cual el propietario después de pensarlo algunos días acepta y el día 2 de septiembre se realiza el procedimiento quirúrgico previo un hemograma, en el cual solo se observa una neutrofilia así mismo un estudio radiográfico de tórax, sin hallazgos relevantes.

 

La paciente se queda hospitalizada con terapia de líquidos al 6% de deshidratación con una infusión de ketamina/ lidocaína al 2% (200mg/ 300mg/ 1000ml) a 3ml/ kg/ hora las primeras 48hrs pos quirúrgicas, además de tramadol a 2mg/kg PO TID, Carprofeno a 2mg/kg PO BID, Clindamicina a 11mg/kg PO BID y Omeprazol a 0.7 mg/kg PO SID los siguientes días (Fig. 4 y 5). 

 

Al quinto día posquirúrgico se decide comenzar con una quimioterapia siguiendo el siguiente protocolo: 

 

Carboplatino a 300mg/m2 intravenosos por goteo, una sesión cada 21 días hasta completar cuatro sesiones (Tabla 3). 

 

La paciente sale del hospital 9 días después de la cirugía por decisión del propietario. 

 

La paciente se encuentra actualmente en buen estado físico y sin ninguna dificultad para hacer su vida diaria (Fig. 6, 7 y 8).

Fig. 1.- Exámen físico de la paciente.
Fig. 2.- Imagen cráneo caudal de la tibia, en donde se observa un proceso lítico óseo así como los márgenes lisos de la lesión.
Fig. 3.- Imagen medio lateral de la tibia en donde se aprecia una lesión lítica de la cresta tibial.
Fig. 4.
Fig. 5.
Fig. 6.
Fig. 7.
Fig. 8.
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Tabla 3.

Blibliografía:

 

  1. Couto Guillermo, Moreno Nestor; Oncología Canina y Felina; Ed. Servet, Zaragoza España 2013.

  2. Santoscoy Mejía Eduardo Carlos; Ortopedia, neurología y rehabilitación en pequeñas especies, perro y gatos; ed. Manual Moderno, México 2000

  3. Withrow J. Stephen; Oncología Clínica; Multimedica Ediciones, Barcelona España, cuarta edición, 2009.

  4. Ettinger J. Stephen, Feldman C. Edward; Tratado de Medicina Interna Veterinaria; ed. Servet, Madrid España, sexta edición, volumen I, 2007. 

  5. E. Thrall Donald; Diagnostico Radiológico Veterinario; ed. Elsevier, Madrid España, 2003, cuarta edición.

  6. Pharm D., Plumb C. Donald; Manual de Farmacología Veterinaria; ed. Inter-medica, Buenos Aires Argentina, 2010, sexta edición. 

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