

Año XXIII. Edición 136. Agosto Septiembre 2026
Rickettsiosis: Riesgo para la salud pública y animal
PALABRAS CLAVE: Ectoparásitos > fiebre rickettsiales > enfermedad zoonótica > Rickettsia > hospedero
MVZ, Dr. Marco A. Torres-Castro¹*
MVZ, M. en C. Enrique Salazar-Grosskelwing²
MVZ, Dr. Manuel E. Bolio-González³
MVZ, PhD. Roger Iván Rodríguez-Vivas³
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Laboratorio de Zoonosis y otras Enfermedades Transmitidas por Vector, Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi”, Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida, México.
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Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad Veracruzana, Veracruz, Veracruz, México.
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Campus de Ciencias Biológicas y Agropecuarias. Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia, Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida, Yucatán, México.

KEY WORDS: Ectoparasites > human health > animal health > Rickettsia
Resumen
Las rickettsiosis o fiebres rickettsiales son enfermedades zoonóticas causadas por especies patógenas del género Rickettsia, que se transmiten principalmente por la picadura de ectoparásitos como garrapatas, pulgas, piojos y ácaros hematófagos. Los perros son hospederos de numerosas especies de ectoparásitos vectores que pueden parasitar a las personas y también pueden ser hospederos amplificadores de ciertas especies patógenas de Rickettsia. Por lo tanto, son epidemiológicamente importantes en las regiones endémicas de rickettsiosis. La rickettsiosis canina es una enfermedad descrita en perros causada por algunas especies patógenas de Rickettsia, incluidas R. rickettsii y R. conorii. La mayor parte de los casos son asintomáticos o leves, pero las infecciones severas presentan signos clínicos similares a los observados en las rickettsiosis humanas, como fiebre, dolor articular, alteraciones hematológicas e incluso la muerte en los casos graves. El objetivo de la presente revisión es describir algunas de las características epidemiológicas y clínicas de las rickettsiosis humana y canina, así como los riesgos que representan para la salud pública y animal.
Abstract
Rickettsiosis or rickettsial fevers are zoonotic diseases caused by pathogenic species of the genus Rickettsia, which are mainly transmitted by the bite of ectoparasites such as ticks, fleas, lice, and hematophagous mites. Dogs are hosts to numerous species of ectoparasitic vectors that can parasitize people and can also serve as amplifying hosts for certain pathogenic species of Rickettsia. Therefore, they are epidemiologically important in regions where rickettsiosis is endemic. Canine rickettsiosis is a disease in dogs caused by pathogenic Rickettsia species, including R. rickettsii and R. conorii. Most cases are asymptomatic or mild, but severe infections present clinical signs similar to those observed in human rickettsiosis, such as fever, joint pain, hematological alterations, and, in severe cases, death. The aim of this review is to describe some of the epidemiological and clinical characteristics of human and canine rickettsiosis, as well as the risks they pose to public and animal health.

Rickettsia (Rickettsiales: Rickettsiaceae) es un género de bacterias gramnegativas de genoma pequeño (1.1 a 1.5 Mb), no móviles con forma de bacilos o cocos, cuyas especies patógenas causan enfermedades en humanos y animales, principalmente los perros. Son intracelulares obligadas; es decir, no pueden replicarse fuera de una célula hospedadora, y su presencia en el ambiente depende de sus reservorios, hospederos amplificadores (roedores, perros, zarigüeyas, etc.) y artrópodos vectores, entre los que se encuentran varias especies de garrapatas (duras y suaves), piojos, pulgas y ácaros hematófagos. Todas las especies patógenas de Rickettsia pasan al menos una parte de su ciclo de vida en el organismo de algún artrópodo vector (Portillo et al., 2017; Rymaszewska y Piotrowski, 2024; Sudha et al., 2025).
En la actualidad, las rickettsias, como se les conoce habitualmente, están distribuidas en cinco grupos, que contienen diferentes números de especies, basados en el análisis de su material genético (El Karkouri et al., 2022; Rymaszewska y Piotrowski, 2024):
Introducción
• I grupo belli (el grupo inicial y más antiguo de Rickettsia); BG, por sus siglas en inglés.
• II grupo canadensis; CG, por sus siglas en inglés.
• III grupo tifus; TG, por sus siglas en inglés.
• IV grupo fiebre manchadas I; SFG, por sus siglas en inglés.
• V grupo fiebre manchadas II.
Los grupos TG (R. typhi) y SFG (R. prowazekii, R. conorii y R. rickettsii) incluyen las especies de mayor importancia para la salud pública debido a las enfermedades que provocan, conocidas en su conjunto como rickettsiosis o fiebres rickettsiales, entre las que destacan por sus tasas de morbilidad y mortalidad, la fiebre manchada de las Montañas Rocosas (R. rickettsii) y el tifo murino o tifo endémico (R. typhi) (Sánchez-Montes et al., 2021).
Las rickettsiosis humanas, que forman parte de las enfermedades transmitidas por vector (ETV), se han identificado en países de casi todos los continentes: América, Oceanía, África y Europa. La distribución y la epidemiología de las especies patógenas de Rickettsia que las ocasionan dependen de la presencia de los hospederos susceptibles y, principalmente, de los ectoparásitos vectores y reservorios, por lo que algunas rickettsiosis tienen una distribución geográfica considerablemente más amplia que otras; por ejemplo, la rickettsiosis por pulgas de gato (R. felis) y el tifo murino (Fang et al., 2017; Santamaría-Arza et al., 2018).
Sin embargo, en los últimos años, los casos de rickettsiosis humanas y su distribución geográfica han aumentado debido a distintos factores epidemiológicos, como el incremento en la distribución de los animales asociados a su transmisión (reservorios y hospederos) y de los ectoparásitos que las transmiten (reservorios y vectores) (Torres-Castro et al., 2023, 2024; Aguilar-Tipacamú et al., 2025).
Dentro de los ectoparásitos vectores más importantes a nivel mundial de especies patógenas de Rickettsia se encuentran la “garrapata marrón o café del perro” (Rhipicephalus sanguineus sensu lato) y la “pulga del gato” (Ctenocephalides felis). Ambos son ectoparásitos comunes de perros de distintas regiones de México (Peniche-Lara et al., 2015; Lara-Reyes et al., 2021; Rodríguez-Vivas et al., 2023). Otros vectores de Rickettsia asociados con perros son las garrapatas duras de los géneros Ixodes y Amblyomma (Nicholson et al., 2010; Martínez-Ortiz et al., 2019).
La rickettsiosis canina se desarrolla debido a la susceptibilidad de los perros frente a algunas especies patógenas de Rickettsia. La mayor parte de los casos son asintomáticos o con manifestaciones leves. Sin embargo, sin el diagnóstico y el tratamiento adecuados las infecciones pueden agravarse y concluir en la muerte del paciente (López del P. et al., 2007). A nivel mundial los estudios clínicos en perros infectados naturalmente son escasos. En México, únicamente Zavala-Castro et al. (2009) registraron signos clínicos en un perro asociados con rickettsiosis.
Por otra parte, debido a su condición de hospederos de ectoparásitos vectores de Rickettsia, los perros son elementos importantes en la epidemiología de las rickettsiosis humanas, tanto en ambientes urbanos como rurales (Torres-Castro et al., 2020; Arroyo-Ramírez et al., 2025). Asimismo, se han registrado numerosos casos de infecciones causadas por algunas especies patógenas de Rickettsia en estos animales (Sánchez-Montes et al., 2021; Torres-Castro et al., 2024). Algunas investigaciones han concluido que los perros que acceden a zonas con vegetación o que acompañan a sus dueños o tutores a realizar prácticas como la cacería, la recolección de frutos, etc., acercan y mantienen poblaciones de ectoparásitos de condiciones silvestres en ambientes como el interior de los hogares y los patios, por lo que representan la conexión entre los ciclos de transmisión enzoótico y zoonótico, generando un riesgo para la salud de las personas que habitualmente conviven con ellos (Solano-Gallego et al., 2006; Torres-Castro et al., 2020, 2022; Patiño-Quiroz et al., 2026).
El objetivo de esta revisión es describir algunas de las características epidemiológicas y clínicas de las rickettsiosis humana y canina, así como los riesgos que representa para la salud pública y animal.
Aspectos generales de las rickettsiosis humanas
Las rickettsiosis, o fiebres rickettsiales, tienen carácter emergente o reemergente por diferentes motivos epidemiológicos en numerosos países de América Latina, incluido México (Torres-Castro et al., 2023, 2024; Martínez-Ibañez et al., 2025) donde representan un importante problema de salud pública debido a que se han identificado siete especies patógenas de Rickettsia: dos del TG: R. prowazekii (agente etiológico de la enfermedad de tifo epidémico o tifo exantemático) y R. typhi (agente etiológico del tifo murino), y cinco del SFG: R. akari (agente etiológico de la viruela rickettsial), R. felis (agente causal de la fiebre maculosa transmitida por pulgas), R. massiliae (agente causal de la fiebre maculosa), R. parkeri (agente causal de la fiebre maculosa) y R. rickettsii (agente causal de la fiebre manchada de las Montañas Rocosas (Sánchez-Montes et al., 2021; Torres-Castro et al., 2024; Aguilar-Tipacamú et al., 2025).

Imagen 1. Pies y parte inferior de las piernas de un paciente hospitalizado con erupciones maculares debido a la fiebre manchada de las Montañas Rocosas, causada por Rickettsia rickettsii, transmitida a través de la picadura de una garrapata infectada. Imagen de libre acceso. Tomada de: https://wwwn.cdc.gov/PHIL/Details.aspx?pid=19052. Créditos: CDC
Las rickettsiosis presentan cuadros clínicos de severidad variable (por ejemplo, R. rickettsii provoca con frecuencia cuadros clínicos muy graves, con alta mortalidad; en contraste, R. parkeri provoca cuadros más leves y, hasta el momento, no se ha reportado mortalidad, aunque los síntomas más frecuentes, independientemente de la especie que los ocasione, son fiebre, cefalea y manifestaciones cutáneas (edema, petequias, eritema, etc.) (Figura 1).
Los primeros síntomas son inespecíficos (malestar general, mialgias, artralgias) y suelen confundirse con los de las infecciones virales, lo que dificulta el diagnóstico y el tratamiento de estas enfermedades (Hidalgo et al., 2013; Abarca y Oteo, 2014; Santamaría-Arza et al., 2018).
En los casos más graves ocasionados por R. rickettsii, se producen daños potencialmente mortales en el pulmón (edema, neumonía intersticial, síndrome de dificultad respiratoria), en el cerebro (meningoencefalitis, convulsiones, déficit neurológico), en el riñón (falla renal aguda), además de producirse choque hipovolémico. Algunas rickettsiosis como la ocasionada por R. parkeri, presentan, entre sus manifestaciones clínicas dermatológicas, la escara de inoculación (única o múltiple), definida como una lesión costrosa-necrótica con un halo eritematoso circundante que delimita el sitio de ingreso de las bacterias por medio de la picadura del artrópodo vector (Hidalgo et al., 2013).
Las rickettsiosis se presentan en personas de todas las edades, de ambos sexos y de cualquier grupo poblacional (origen étnico, situación económica, ubicación geográfica, etc.), independientemente de su estado inmunitario; aunque, la frecuencia más elevada de casos se reporta en habitantes de regiones con climas tropicales y subtropicales por la diversidad y abundancia de los ectoparásitos vectores, principalmente garrapatas y pulgas (Estrada-Mendizabal et al., 2022) y con antecedentes de contacto con animales (Rodríguez-Muñoz et al., 2023). Otro de los factores epidemiológicos que se asocia con la ocurrencia de los casos clínicos son la pobreza y la baja alfabetización (Caamal-Itzá et al., 2025).
Aspectos epidemiológicos y clínicos de la rickettsiosis canina
Los perros son los animales más estudiados para conocer las infecciones naturales y experimentales por Rickettsia, debido principalmente al estrecho contacto con los humanos y con otros mamíferos susceptibles a estas bacterias patógenas (Quintero-Vélez et al., 2012).
A nivel mundial, las infecciones con Rickettsia en perros han sido asociadas con varias especies con diferentes grados de patogenicidad y virulencia para los humanos, entre ellas están R. rickettsii (Aragón-López et al., 2021), R. typhi (Martínez-Ortiz et al., 2016; Torres-Castro et al., 2022), R. parkeri (Arroyo-Ramírez et al., 2023), R. felis (Ng-Nguyen et al., 2020), R. akari (Zavala-Castro et al., 2009), R. conorii (Solano-Gallego et al., 2006, 2008, 2015) y R. massiliae (Rubino et al., 2026). No obstante, los registros clínicos de rickettsiosis canina están asociados principalmente a R. rickettsii y R. conorii. Por el contrario, en infecciones ocasionadas por R. typhi y R. prowazekii no se han reportado manifestaciones clínicas (Breitschwerdt, 2016).
Algunas investigaciones han identificado mayor mortalidad en perros machos jóvenes (Cocco et al., 2003), así como una mayor frecuencia de anticuerpos en los perros mayores de un año, probablemente porque los animales de mayor edad tienen menor respuesta inmune que los hace más vulnerables a infecciones en comparación con los perros jóvenes (Di Bella et al., 2024). Igualmente, se ha identificado que los casos de rickettsiosis canina son más frecuentes en los meses cálidos, probablemente asociados al aumento de las poblaciones de los ectoparásitos vectores (Antinoff, 2026). Torres-Castro et al. (2022) encontraron que los perros mestizos y los perros con tratamiento antiparasitario tenían menor riesgo de infección por Rickettsia TG que los perros de raza pura y los no tratados.
La mayoría de las infecciones por Rickettsia en perros cursan de forma asintomática a con signos leves y son autolimitantes (Cocco et al., 2003). Sin embargo, algunas investigaciones describen una alta susceptibilidad a R. rickettsii (Nicholson et al., 2010; Palerme y Carnevale, 2025), lo cual concuerda con lo observado en humanos, así como a R. conorii (agente causal de la fiebre botonosa mediterránea en humanos). Ambas bacterias son potencialmente mortales en perros sin el diagnóstico y tratamiento adecuados (Cocco et al., 2003; Solano-Gallego et al., 2006, 2008, 2015).
Los signos clínicos más frecuentes en perros con infecciones naturales de Rickettsia son similares a los de las rickettsiosis en humanos, entre ellos se encuentran fiebre (aproximadamente después de 3 a 7 días post exposición a las bacterias), tos, letargia, vómitos, depresión o decaimiento, anorexia, petequias abundantes, equimosis, epistaxis, diarrea, melena, pérdida de peso, quejido al tacto profundo, dolor lumbar, linfoadenomegalia, inapetencia, hematemesis, deshidratación y otros signos respiratorios (Cocco et al., 2003; López del P. et al., 2007; Zavala-Castro et al., 2009; Nicholson et al., 2010; Levin et al., 2014; Solano-Gallego et al., 2015; Wilson et al., 2020; Palerme y Carnevale, 2025).
Si la infección se agrava se desarrollan signos clínicos adicionales, incluyendo lesiones oculares (conjuntivitis), hepatomegalia, esplenomegalia, edema, dolor y derrame en las articulaciones, principalmente los codos, que conllevan cojeras intermitentes y dificultad para caminar, anormalidades neurológicas (signos vestibulares, alteración del estado mental, paresia de extremidades posteriores, tetraparesis, ataxia y convulsiones) y varios trastornos hemorrágicos (Zavala-Castro et al., 2009; Nicholson et al., 2010; Miranda R. et al., 2017; Wilson et al., 2020; Palerme y Carnevale, 2025). En las etapas más avanzadas de la infección se han descrito hemorragias generalizadas en las membranas mucosas y en la cavidad bucal, así como necrosis de las extremidades, incluyendo las orejas, las patas, el escroto y los labios (Herrin, 2019).
En perros infectados con R. rickettsii se reportan vasculitis graves y daños en el sistema nervioso central, entre ellos encefalitis e hidrocefalia obstructiva secundaria. Además, en los testículos pueden desarrollarse eritema y edema de la túnica vaginal del escroto, hemorragia y epididimitis (Palerme y Carnevale, 2025). La muerte ocurre especialmente en los casos sin tratamiento antimicrobiano adecuado o cuando este nunca se inicia (Nicholson et al., 2010).
Los hallazgos en los exámenes de laboratorio pueden ser anemia normocítica normocrómica de leve a severa (en la mayor parte de los casos), leucocitosis leve con neutrofilia y/o eosinofilia, linfopenia, aumento leve de transaminasa glutámico-pirúvica, y aspartato aminotransferasa y gamma-glutamil transferasa normales, hipoalbuminemia, hipoglobulinemia, hipocalcemia, trombocitopenia (principalmente en infecciones subclínicas) y azotemia leve (López del P., et al., 2007; Zavala-Castro et al., 2009; Solano-Gallego et al., 2015; Wilson et al., 2020).
En las infecciones por R. rickettsii no se identifican anomalías en los estudios de imagen de la cavidad abdominal. No obstante, debe prestarse especial atención a la esplenomegalia como signo de infección (Wilson et al., 2020).
En México, sobre todo en las regiones del sureste y del norte, se han reportado casos de infección en perros causados por distintas especies patógenas de Rickettsia (Sánchez-Montes et al., 2021; Arroyo-Ramírez et al., 2022; Backus et al., 2025), lo que refleja su papel en la epidemiología de algunas de las rickettsiosis más importantes del país (Dzul-Rosado et al., 2021). Sin embargo, únicamente en el trabajo de Zavala-Castro et al. (2009) sobre un caso de rickettsiosis por R. akari se han descrito algunos signos clínicos. Por este motivo, en México se destaca la necesidad de realizar estudios para identificar y reportar los signos clínicos y los cambios en las pruebas de gabinete de las rickettsiosis caninas causadas por especies endémicas del país.
Diagnóstico de la rickettsiosis canina
El diagnóstico de la rickettsiosis canina es difícil por varios factores, entre ellos el número de enfermedades que provocan las especies patógenas de Rickettsia, las reacciones cruzadas que pueden arrojar las pruebas serológicas y moleculares, y la presencia de coinfecciones con bacterias transmitidas por ectoparásitos vectores de otros géneros (Ehrlichia y Anaplasma), endémicas en las mismas regiones geográficas (Cocco et al., 2003; Osorio-Primo et al., 2026).
La visualización de R. rickettsii mediante microscopía no se considera una prueba diagnóstica adecuada para la rickettsiosis canina, ya que esta bacteria infecta las células endoteliales vasculares y solo circula en bajas cantidades en el torrente sanguíneo hasta una etapa muy avanzada de la enfermedad, cuando la vasculitis es severa (Herrin, 2019).
El cultivo de las rickettsias requiere métodos, personal y equipo de laboratorio altamente especializado. Por lo tanto, no se utiliza como técnica diagnóstica, salvo en cuestiones de investigación, para confirmar la presencia de las bacterias, identificar la especie infectante o caracterizar una nueva especie. En este sentido, el cultivo es fundamental para la descripción y la caracterización completa de las bacterias presentes en las muestras biológicas, que pueden provenir de los ectoparásitos vectores o de sus hospederos, incluidos perros (Allison y Little, 2013).
El diagnóstico de infecciones por rickettsias en perros y otros hospederos suele realizarse mediante la determinación de anticuerpos (pruebas serológicas indirectas), siendo la inmunofluorescencia indirecta (IFI) el método de referencia. Sin embargo, debe considerarse que esta prueba no permite diagnosticar con certeza la especie infectante de Rickettsia, dada la existencia de antigenicidad cruzada entre especies del mismo género (López del P. et al., 2007; Allison y Little, 2013). Por lo tanto, al interpretar un resultado serológico positivo, para realizar un diagnóstico definitivo, los especialistas en salud animal deben considerar la exposición previa a ectoparásitos vectores, principalmente pugas y garrapatas, y el riesgo epidemiológico regional de enfermedades transmitidas por estos ectoparásitos.
También debe considerarse que la IFI puede detectar anticuerpos frente a infecciones causadas por especies de baja patogenicidad para los perros, así como anticuerpos que persisten durante años e incluso durante toda la vida del animal (Herrin, 2019). Por lo tanto, el diagnóstico de las rickettsiosis canina mediante pruebas serológicas debe basarse en los signos clínicos (historia clínica), en los antecedentes epidemiológicos de exposición a ectoparásitos en zonas endémicas y, en la medida de lo posible, en los resultados de otras pruebas diagnósticas (Herrin, 2019).
Los métodos moleculares directos, como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR, por sus siglas en inglés), se han empleado ampliamente en todo el mundo para la detección de material genético bacteriano en una gran variedad de muestras biológicas, tanto de vectores ectoparásitos como de hospederos mamíferos, incluidos los perros (Allison y Little, 2013). El tipo de muestra biológica empleado en el diagnóstico hace variar la sensibilidad de la PCR, ya que en sangre las bacterias circulan en pequeñas cantidades, por lo que pueden ser indetectables, particularmente R. rickettsii.
Los métodos moleculares tienen mayor sensibilidad cuando se utilizan muestras biológicas de perros clínicamente enfermos antes de la administración de antibióticos (Allison y Little, 2013). Otros factores que pueden afectar el resultado son la cantidad y la calidad de la muestra biológica, así como la presencia de inhibidores de la PCR. Por lo tanto, ante un resultado negativo, deben utilizarse otras técnicas de diagnóstico y la evidencia de signos clínicos para guiar el tratamiento de la rickettsiosis canina (Herrin, 2019).
Riesgos a la salud pública
La Asociación Médica Mundial (WMA, por sus siglas en inglés) define a la salud pública como “el cuidado y la promoción de la salud aplicados a toda la población o a un grupo preciso de la población” (https://www.wma.net/es/que-hacemos/salud-publica/). Las ETV, entre ellas las rickettsiosis, son uno de los objetivos prioritarios de la salud pública y la salud pública veterinaria, ya que representan una de las principales amenazas para el bienestar de la humanidad (Torres-Castro y Ordaz-Cervera, 2024).
Los perros desempeñan un papel fundamental en la epidemiología de las rickettsiosis humanas, ya que hospedan varias especies de ectoparásitos vectores como garrapatas, incluida R. sanguineus s.l. (Figura 2), y pulgas, incluida Ct. felis, que eventualmente parasitan a humanos, favoreciendo la transmisión de las rickettsias (Nicholson et al., 2010; Bermúdez et al., 2012; Martínez-Ortiz et al., 2019; Patiño-Quiroz et al., 2026). De igual manera, los perros se utilizan como centinelas en zonas endémicas de especies patógenas de Rickettsia (Bowser y Anderson, 2018; Backus et al., 2025), entre ellas las de los SFG (Miranda R. et al., 2017; Arroyo-Ramírez et al., 2025; Patiño-Quiroz et al., 2026) y del TG (Torres-Castro et al., 2022) debido a que perros y personas son susceptibles de infectarse con las mismas especies (Nicholson et al., 2010). Además, los perros mantienen una buena respuesta inmunitaria (producción de anticuerpos) tras la infección (Patiño-Quiroz et al., 2026).
Numerosos estudios han demostrado o sugerido una asociación epidemiológica entre la infección en perros por especies de los SFG y TG y la presencia de anticuerpos contra estas bacterias en las personas con las que conviven habitualmente, lo que indica una posible ruta zoonótica de transmisión (Nogueras et al., 2013; Espejo et al., 2016; Kmetiuk et al., 2022; Palacios-Santana et al., 2023). En este contexto, en la comunidad rural de Maxcanú, Yucatán, México, Torres-Castro et al. (2020) encontraron una mayor frecuencia de anticuerpos (97.8%) contra Rickettsia en habitantes dueños de perros, aunque esta característica no se asoció con el riesgo de presentar anticuerpos. Asimismo, en Ensenada, Baja California, durante una epidemia de fiebre de las Montañas Rocosas, Backus et al. (2025) reportaron que un factor asociado con la presencia de garrapatas vectores en el ambiente eran las poblaciones de perros ferales. La presencia de estos ectoparásitos se asocia con la aparición de casos de rickettsiosis en humanos (Backus et al., 2025).
Por otro lado, en muchos ambientes urbanos y periurbanos, los perros exhiben comportamientos de vagabundeo que abarcan tanto ambientes selváticos como peridomésticos. Este patrón aumenta la probabilidad de que hospeden garrapatas infectadas y, posteriormente, de que las introduzcan en los hogares y sus alrededores, lo que incrementa el riesgo de exposición y facilita el contagio de las personas con las que cohabitan (Foley et al., 2024).
El mecanismo de transmisión de las rickettsias patógenas más importante hacia los dueños y otras personas que conviven con perros es la picadura de los ectoparásitos vectores (Figura 3), aunque se sabe que el humano es un hospedero accidental de la mayoría de estos ectoparásitos. Otro mecanismo de transmisión ocurre mediante la inoculación directa de fluidos infecciosos o heces de los ectoparásitos en el/los sitio(s) de picadura, en la piel lesionada o en la conjuntiva (CDC, 2026).

Imagen 2. Perro con la oreja infestada de garrapatas marrones (Rhipicephalus sanguineus), fotografía tomada en septiembre de 2024 en una comunidad afectada por la fiebre manchada de las Montañas Rocosas; imagen de libre acceso tomada de https://wwwn.cdc.gov/PHIL/Details.aspx?pid=30840 con créditos para Ann Carpenter, DVM.

Imagen 3. La picadura de ectoparásitos es el principal mecanismo de transmisión de Rickettsia patógenas a las personas. Imagen de libre acceso. Tomada de: https://wwwn.cdc.gov/phil/Details.aspx?pid=31552. Créditos: Lauren Bishop; CDC..
Conclusiones
Las rickettsiosis humanas son enfermedades zoonóticas transmitidas por ectoparásitos vectores, que tienen importancia para la salud pública en numerosos países, incluido México. Presentan cuadros clínicos de severidad variable, aunque los síntomas más frecuentes son fiebre, cefalea y manifestaciones cutáneas tales como edema, petequias y eritema. Los perros son eslabones importantes en la epidemiología de las rickettsiosis humana debido a que son portadores de las bacterias y de los ectoparásitos vectores que eventualmente pueden parasitar a las personas y transmitirlas. La rickettsiosis canina es una enfermedad recientemente descrita con casos en aumento en la literatura científica. La evidencia clínica indica que los signos clínicos en perros son muy similares a los observados en personas afectadas por rickettsiosis.
Referencias
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