google-site-verification=zl2BFmWkKnMfWepghiQhluc1_SNBuOLiZdzvrMLd1r8 TRES MITOS Y REALIDADES DEL METAMIZOL SÓ | vanguardiavet2020

Tres Mitos Y Realidades Del Metamizol Sódico (Dipirona)

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Dr. Marco Antonio De Paz Campos

MVZ ESP. Doctor en Ciencias con Especialidad en Farmacología CINVESTAV.

Jefe del Hospital de Pequeñas Especies FESC-UNAM.

 

Mito 1: El metamizol es un Anti-Inflamatorio No Esteroidal (AINE)

 

Realidad: Este fármaco ha sido incorrectamente clasificado como un AINE, ya que durante mucho tiempo se consideró que era un inhibidor no selectivo de COX-1 y COX-2, sin embargo, se ha descubierto que su efecto analgésico, se debe a un fuerte bloqueo de la ciclo-oxigenasa 3 (COX-3) (Chandrasekharan et al. 2002, Muñoz et al. 2010) que se encuentra a nivel central y a la activación de los sistemas opioide (Tortorici y Vanegas 2000; Vázquez et al. 2005) y canabinoide (Escobar et al. 2012), mientras que el bloqueo de COX-1 y COX-2 es débil, por lo tanto sus efectos anti-inflamatorios son poco relevantes clínicamente (Campos et al. 1999; Botting 2000; Chandrasekharan et al. 2002; Rogosch et al. 2012). En los perros se ha demostrado la presencia de la COX-3 en la corteza cerebral (Chandrasekharan et al. 2002).

 

Los mecanismos antipiréticos del metamizol no están bien dilucidados, pero existe evidencia que demuestra que es a través de vías independientes al bloqueo de prostaglandinas (De Souza et al. 2002; Pessini et al. 2006; Malvar et al. 2011). Por otro lado, el efecto antiespasmódico se explica como una reducción en la liberación de calcio intracelular, como resultado de la disminución de la síntesis de fosfato de inositol (Gulmez et al. 2006).

 

Actualmente se considera dentro del grupo de los “Analgésicos no Opioides “ (Vazquez et al. 2005, Chaparro et al. 2012, Escobar et al. 2012).

 

Mito 2: El Metamizol es peligroso por generar agranulocitosis

Realidad: Algunos reportes realizados a principios del siglo XX señalaron que el uso de metamizol podría causar leucopenia, agranulocitosis e incluso anemia aplásica en personas, razón por lo que fue retirado del mercado en varios países, sin embargo, las conclusiones de estos reportes no son aceptables desde el punto de vista de Medicina Basada en Evidencia debido a la falta de rigor científico en la metodología usada (Arcila-Herrera et al. 2004).,Este hecho dio origen a un debate acerca de la importancia clínica de la mielotoxicidad, un reporte señala que la inducción de agranulocitosis por metamizol es tan alta como 1 de cada 1, 439 exposiciones (Hedenmalm y Spigset 2002), mientras que otros autores encontraron que este riesgo había sido exagerado (Maj y Lis 2002; Ibáñez et al. 2005; Basak et al. 2010; Żukowski y Kotfis 2009).

Otro estudio in vitro (García-Martínez et al. 2003) mostró que el metamizol no provoca mayor mielotoxicidad que el diclofenaco o el ácido acetil salicílico. En 1986 se publicó el llamado Estudio Boston o International Aplastic Anemia and Agranulocytosis Study. Este estudio multicentrico llevado a cabo en seis países concluye que el metamizol no está relacionado con anemia aplásica y el riesgo de agranulocitosis es de 1.1 casos por cada millón de personas que usaron metamizol por más de 7 días, similar al producido por el ácido acetil-salicílico (Arcila-Herrera et al. 2004). El Estudio Boston también demostró variaciones geográficas en la incidencia de agranulocitosis asociada con la exposición a metamizol. Este dato es concordante con otra serie de estudios donde se mostró que el riesgo de agranulocitosis en personas es extremadamente bajo: 0.25 casos por un millón de usuarios por día de tratamiento, riesgo menor que algunos AINEs (Maj y Centkowski 2004); 0.56 casos por millón de habitantes al año (Ibañez et al. 2005); 0.44 a 0.88 casos por millón de habitantes por año (Hamerschlak et al. 1993).

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De hecho un informe muestra que la agranulocitosis inducida por otros fármacos, es más frecuente que la generada por metamizol, por ejemplo: clozapina (antipsicótico), sulfasalazina (antibiótico) y tiamazol (antitiroideo) (Huber et al. 2014). También se ha descubierto que la agranulocitosis en humanos no se genera por alteraciones en los procesos de diferenciación de los agranulocitos ni en inducción de la apoptosis de los agranulocitos ya diferenciados, si no que se asocia a un origen inmunoalérgico (García –Martínez et al. 2003) para el cual existe una predisposición genética (Andrès y Maloisel, 2008; Vlahov et al. 1996). Por último cabe destacar que en humanos la presencia de agranulocitosis incrementa con el uso prolongado del metamizol. (Ibañez et al. 2005).

 

El panorama completo de la seguridad del metamizol no puede tenerse sin compararlo con otros fármacos, utilizados para indicaciones clínicas similares. En un estudio examinaron cientos de millones de casos de la literatura sobre la mortalidad producida por efectos adversos generados por los AINEs y los resultados muestran que el incremento en el riesgo de mortalidad con diclofenaco y aspirina es de 525 y 185 muertes por 100 millones de usuarios, respectivamente. En cambio, el metamizol sólo causa un incremento en el riesgo de mortalidad de 25 muertes por 100 millones de usuarios (Andrade et al. 1997).

 

En muchos países, incluyendo México, el metamizol está autorizado y es ampliamente utilizado en personas y animales. En nuestro país se encontró que entre 1994 y 1996 se usó metamizol en 82, 803 pacientes en el Hospital Regional Mérida del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE), y ninguno de éstos presentó agranulocitosis u otra discrasias sanguíneas (Vargas-Correa et al. 1999).

 

Hasta la fecha no existen reportes en la literatura de la presencia de agranulocitosis u otros efectos tóxicos hematológicos provocados por el metamizol en perros.

 

Mito 3: El metamizol no es útil en los perros

Realidad: El metamizol sódico puede ser considerado como un componente de la anlagesia multimodal, ya que es posible combinarlo con AINEs y opioides, permitiendo disminuir dosis (Schug y Manopas 2007). Por si esto fuera poco, se ha reportado sinergia del efecto analgésico con otros analgésicos como morfina (López-Muñoz et al. 2008; Dominguez-Ramirez et al. 2010) y ketoprofen (Oberhofer et al. 2005), También se ha demostrado su eficacia en el dolor posoperatorio en humanos (Edwards et al. 2001; Chaparro et al. 2012) y en animales (Imagawa et al. 2011),resultando especialmente útil en dolor visceral (Tylor et al. 1998) y el de origen oncológico (Edwards et al. 2001, Hinz et al. 2007).

 

Por sus propiedades antiespasmódicas resulta conveniente su uso en dolor por cólico gastrointestinal, biliar o urinario (Arellano et al. 1990, Edwards et al. 2001, Hinz et al. 2007). También se considera una alternativa eficaz para el control de la fiebre en el perro.

 

Debido a que su mecanismo de acción no involucra el bloqueo de prostaglandinas periféricas, no provoca los efectos adversos característicos de los AINEs como ulceras gastrointestinales, insuficiencia renal y aumento en el tiempo de coagulación (Shanchez et al. 2002; Berenguer et al. 2002 ). De hecho, un estudio en ratas demostró que el metamizol era capaz de proteger contra algunos tipos de ulceras gástricas, debido a un aumento gástrico en la PGE2 (Batu y Erol 2007). Por lo anterior puede ser considerado como una alternativa en pacientes con sensibilidad gastrointestinal. 

 

Aunque el potencial hepatotóxico de este fármaco en humanos es bajo (Drobnik 2010), se sugiere su administración con precaución en pacientes con alteraciones hepáticas. 

 

El uso del metamizol durante la gestación y la lactancia no ha mostrado los efectos adversos característicos de los AINEs y los estudios revelan que no provoca malformaciones congénitas, muerte fetal, parto prematuro o bajo peso al nacimiento (Bar-Oz et al. 2005 y da Silva Dal Pizzol et al. 2009). Sin embargo en personas no está autorizado durante la gestación y se requiere más evidencia para probar su seguridad en esta etapa.

 

La eficacia del metamizol en perros ha sido demostrada en algunos estudios, en uno de ellos se encontró que la dosis única intravenosa de 25 a 35 mg/kg provee una analgesia posoperatoria aceptable y ausencia de efectos adversos en perras sometidas a ovariohisterectomía (Imagawa, 2011)., mientras que otro estudio muestra una efectividad para controlar el dolor moderado a severo relacionado con cáncer combinado con tramadol y sin presentar efectos adversos (Flôr et al. 2013). 

 

En gatos se recomienda una dosis de 10 mg/kg y se han reportado cuadros de hipersensibilidad (Boothe, 2012).

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Revista Especializada en Clínica de Pequeñas Especies