google-site-verification=zl2BFmWkKnMfWepghiQhluc1_SNBuOLiZdzvrMLd1r8

Introducción

Para elegir un agente antimicrobiano, factores relacionados a la farmacocinética y farmacodinámica traen datos importantes en cuanto a la eficacia que el mismo tendrá. Las condiciones de toxicidad de cada fármaco también deben ser consideradas, especialmente en los tratamientos de hembras en fase de gestación o lactancia, neonatos o animales muy jóvenes y animales ancianos o con condiciones metabólicas y excretoras comprometidas por el mal funcionamiento de órganos relacionados al metabolismo y excreción de los fármacos.

 

“Tales condiciones pueden reducir el efecto de algunos antibióticos, para algunos fármacos, así como pueden facilitar la llegada de aquellos antibióticos que se depositan en fagocitos o se unen a estas estructuras celulares.”

La adecuada identificación de las bacterias involucradas en los casos clínicos (Gram-positivas, Gram-negativas, aerobias y anaerobias) puede ser realizada de forma simple en los casos donde existe acceso al tejido afectado, como ocurre en las lesiones de piel. La citología diagnóstica es un examen complementario simple, barato y muy valioso para diagnósticos diferenciales de las infecciones cutáneas y puede dar muchas pistas para una elección más asertiva y racional de antimicrobiano. Los exámenes de cultivo y antibiograma para la detección de la sensibilidad del agente patógeno a los diferentes grupos de fármacos y a fármacos específicos se recomiendan para las infecciones recidivantes y para los casos donde el tratamiento escogido no resulta en la mejora clínica esperada (Jessen et al., 2012).

La acción de los antibióticos a los agentes microbianos sensibles a sus espectros puede provocar efecto bactericida o efecto bacteriostático, siendo la variación de esta acción determinada por mecanismos de acción primarios o secundarios de las drogas sobre el agente y varían de acuerdo con la concentración del antibiótico en el medio en que se encuentra el agente frente a su sensibilidad a aquel fármaco. El mecanismo de acción de las drogas, que comprende tanto antimicrobianos como quimioterápicos, es ejercido esencialmente por interferencia en la síntesis de la pared celular; cambios en la permeabilidad de la membrana citoplasmática, inhibición de la síntesis de ácidos nucléicos o interferencia en procesos metabólicos (Tavares, 2009).

 

En la elección del antibiótico se debe evaluar la condición de perfusión tisular del mismo en el organismo, así como si existe presencia de pus o tejido de granulación en el tejido afectado. Tales condiciones pueden reducir el efecto de algunos antibióticos, para algunos fármacos, así como pueden facilitar la llegada de aquellos antibióticos que se depositan en fagocitos o se unen a estas estructuras celulares. Se sabe también que ciertos tipos de tejido no permiten la rápida difusión de antibióticos al sitio de la infección debido a la presencia de membranas lipídicas en las paredes de los capilares, dificultando así la acción de los activos. 

Estas barreras se describen en el sistema nervioso central, ojos, próstata, bronquios y sólo un número limitado de antibióticos lipofílicos son capaces de penetrar estas barreras, como por ejemplo los activos: ciprofloxacino, metronidazol, cloranfenicol, sulfametoxazol.

 

Los antibióticos pueden dividirse en dos grupos principales basados en los parámetros que mejor predice su eficacia clínica: antibióticos con actividad dependiente de concentración y con actividad dependiente del tiempo. Para los antibióticos del primer grupo, como por ejemplo, las fluoroquinolonas y aminoglucósidos, la eficacia antibiótica aumenta a medida que la dosis del activo está por encima de la concentración inhibitoria mínima (CIM) de los patógenos (Cmax / CIM), por lo que el antibiótico debe administrarse en altas dosis para maximizar el efecto clínico. Para los antibióticos del segundo grupo, ejemplificando las penicilinas y cefalosporinas, la duración de tiempo en que la concentración sérica del activo permanece en el lugar de la infección y excede la CIM del patógeno (T> CIM) es que determinará el efecto clínico del antibiótico. Para estos antibióticos, es importante que se administren a intervalos de tiempo regulares (Jessen et al., 2012).

 

La asociación entre antimicrobianos debe llevarse a cabo únicamente en situaciones especiales, justificada por el perfil de resistencia del patógeno o por la naturaleza de la enfermedad. Entre las combinaciones de activos con carácter sinérgico, se describen las sulfonamidas asociadas a diaminopirimidinas así como las penicilinas asociadas a aminoglucósidos. Las asociaciones entre penicilinas y macrólidos, así como entre macrólidos y tetraciclinas, presentan acción antagónica y resultan en bajo efecto al ser administradas en conjunto.

 

La posología adecuada respetando la dosis de activo administrada, el intervalo entre dosis y duración del tratamiento es de fundamental importancia para garantizar la eficacia antimicrobiana. Es esencial administrar los antimicrobianos de acuerdo con la posología recomendada, para minimizar la falla terapéutica y explotar el potencial de eficacia de la droga. Cada clase de antimicrobiano tiene las propias propiedades farmacodinámicas y farmacocinéticas, que se expresan cuando se aplica la dosis recomendada. Las dosis bajas, el aumento del intervalo de las dosis, la reducción de la duración y la discontinuación del tratamiento puede conducir a la reincidencia de la infección y aumentar el riesgo de selección de organismos resistentes. Por otro lado, períodos prolongados de tratamiento, pueden ampliar los efectos adversos y toxicidad para el organismo. Entre los posibles efectos adversos y tóxicos de los antimicrobianos, se describen: disfunción renal, ototoxicidad (aminoglucósidos); (por ejemplo, en la mayoría de los casos, en el caso de los pacientes que recibieron la vacuna contra el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).

Los factores relacionados con el huésped, tales como edad, preñez, animales debilitados y/o inmunosuprimidos, deben ser considerados en el momento de la elección y administración del tratamiento, para adecuar el protocolo y evitar posibles efectos indeseables en la salud del animal (Guardabassi, Jensen y Kruse, 2010).

En cuanto a los neonatos, la mayoría de los problemas relacionados con la terapia antimicrobiana pueden atribuirse a los cambios en el proceso de distribución de las drogas, influenciada por la baja cantidad de albúmina plasmática, diferencias en la cantidad y distribución del agua corpórea, alta permeabilidad de la barrera hematoencefálica, de los déficit relacionados con los mecanismos de excreción y metabolización de fármacos. Debido a estos factores, los ajustes en la dosis y/o en el intervalo de administración de los activos pueden ser necesarios (Crespilho, 2005).

“Es esencial administrar los antimicrobianos de acuerdo con la posología recomendada, para minimizar la falla terapéutica y explotar el potencial de eficacia de la droga.”

La administración de fármacos en las hembras gestantes debe ser, si es posible, evitada; ya que en esta fase se producen cambios de la albúmina sérica, de la perfusión renal y de la tasa de filtración glomerular que pueden afectar la disponibilidad y eliminación del fármaco. Además, se debe considerar también que todos los fármacos administrados a la madre atravesan la barrera placentaria y que algunos de estos principios activos pueden tener efectos teratogénicos, provocando aborto o mala formación congénita en el feto. Así, cuando sea necesario el tratamiento de las perras gestantes, la elección del fármaco deberá ser realizada con cautela y la dosis, así como el tiempo de tratamiento, deberán ser ajustados correctamente.

La antibioticoterapia es usualmente utilizada como primera opción en el tratamiento de diversas enfermedades en la medicina veterinaria y humana y la aparición de resistencia a las drogas antimicrobianas fue, es, y probablemente seguirá siendo uno de los grandes problemas de la medicina. La resistencia antimicrobiana puede ser natural o adquirida, siendo que la resistencia natural se da cuando un microorganismo es naturalmente resistente al antimicrobiano y la resistencia está relacionada con la morfología y la composición de la célula bacteriana. La resistencia adquirida es una nueva propiedad adquirida por una determinada cepa de un microorganismo que lo hace resistente al antimicrobiano, pudiendo ocurrir por mutación espontánea (al azar) o por transferencia y recombinación de genes de resistencia que crean variabilidad genética sobre la cual actúa la selección natural, dando ventajas a los microorganismos más aptos sobre los que las drogas antimicrobianas pasan a actuar como agentes selectivos.

 

Los mecanismos de resistencia bacteriana incluyen la producción de enzimas por las bacterias, que destruyen o inactivan las drogas; la disminución de la permeabilidad de la pared celular, el aumento del transporte activo del fármaco fuera de la célula, la alteración del receptor del fármaco o del lugar de unión y desarrollo de vías metabólicas alternativas (Kohl, Pontarolo y Pedrassani, 2016). Entre los microorganismos que presentan resistencia a ciertas categorías de antibióticos, se destacan las bacterias de la familia Enterobacteriaceae, Staphylococcus spp., Enterococcus spp. y Pseudomonas aeruginosa (Silva, Knobl y Moreno, 2013).

 

Con el fin de reducir los riesgos de resistencia bacteriana, el uso racional de los antibióticos se vuelve imperativo. La administración racional debe basarse en la aplicación de los principios generales de control de infección así como en el conocimiento sobre la epidemiología de las bacterias y el uso correcto de los activos en cada especie tratada (Kohl, Pontarolo y Pedrassani, 2016). La utilización prudente y racional de los antimicrobianos debe considerarse como una importante cuestión ética en la profesión veterinaria y que los veterinarios deben prescribir adecuadamente los antimicrobianos sólo cuando sea necesario, basada en el conocimiento de los agentes infecciosos mediante el aislamiento bacteriano y la realización de pruebas de sensibilidad, del uso de estas medicaciones en dosis correctas por tiempo adecuado, a fin de curar infecciones en sus pacientes, contribuyendo así a la salud y el bienestar de los animales

Bibliografía

 

  1. Tortora, G., Funke, B.; Case, C. Microbiology: an introduction. 10ª ed.  L. Berriman Estados Unidos da América: Benjamin Commings, 2010.

  2. Sommer, M. O.; Dantas, G. Antibiotics and the resistant microbiome. Curr. Opin. Microbiol. 14, 556–563, 2011.

  3. Arias, M.V.B.; Carrilho, C.M.D.M. Resistência antimicrobiana nos animais e no ser humano. Há motivo para preocupação? Semina: Ciências Agrárias, Londrina, v. 33, n. 2, p. 775-790, 2012.

  4. Jessen, L.R; Damborg, P.P; Spohr, A.  et al. Antibiotic Use Guidelines for Companion Animal Practice. The Danish Small Animal Veterinary Association, SvHKS, Nov. 2012.

  5. Tavares, W. Antibióticos e Quimioterápicos para os Clínicos. 2.ed. São Paulo: Editora Atheneu, 2009.

  6. Guardabassi, L.; Jensen, L.B.; Kruse, H. Guia de antimicrobianos em veterinária. Cap.1 Princípios da utilização prudente e racional de antimicrobianos em animais, Porto Alegre: Artmed, 2010.

  7. Crespilho, A.M. Abordagem terapêutica do paciente neonato. Monografia apresentada ao Programa de Pós-graduação em Medicina Veterinária, da Faculdade de Medicina Veterinária e Zootecnia da UNESP/Botucatu, 2005.

  8. Kohl, T.; Pontarolo, G.H.; Pedrassani, D. Resistência antimicrobiana de bactérias isoladas de amostras de animais atendidos em hospital veterinário. Saúde & Meio Ambiente. v. 5, n. 2, p. 115-127, 2016.

  9. Silva, K.C.; Knöbl, T.; Moreno, A.M. Antimicrobial resistance in veterinary medicine: mechanisms and bacterial agents with the greatest impact on human health. Braz. J. Vet. Res. Anim. Sci., São Paulo, v. 50, n. 3, p. 171-183, 2013. 

Antibioticoterapia: Uso y riesgos en medicina veterinaria

MVZ Andrea Novak Savioli. 

Gerente Técnico Ourofinio Brasil

andrea@ourofino.com

Resumen

Los antibióticos se definen como agentes químicos que tienen la capacidad de destruir un agente patógeno por su acción bactericida o de interferir con el crecimiento del microorganismo por medio de acción bacteriostática al ser utilizados en las concentraciones mínimas eficaces para no causar efectos adversos (Tortora et al., 2010; Sommer y Dantas, 2011).

 

En animales de compañía, los antimicrobianos desempeñan un papel importante en la rutina clínica veterinaria, que se utilizan para tratar enfermedades infecciosas importantes y frecuentes; como las infecciones de la piel, otitis, infecciones respiratorias, infecciones del tracto urinario y del tracto gastrointestinal; además de la profilaxis de las infecciones asociadas a procedimientos quirúrgicos. 

Las clases de antimicrobianos más frecuentemente utilizados en animales de compañía, en general, incluyen las penicilinas, cefalosporinas, lincosamidas, aminoglucósidos, fluorquinolonas, como fármacos de acción bactericida; así como los macrólidos, sulfas potenciadas y tetraciclinas que presentan acción bacteriostática (Arias y Carrilho, 2012).

 

En lo que se refiere al uso racional de estos fármacos como herramienta terapéutica, el uso empírico debe ser evitado siempre que sea posible y la adopción de exámenes complementarios tanto para el diagnóstico como para la identificación del patógeno (o patógenos) involucrado(s) y determinación de sensibilidad frente a los principios activos son medidas recomendadas y, en algunos casos, esenciales.

PALABRAS CLAVE > Antibioterapia > Farmacocinetica > farmacodinamia > antibiograma > posología > resistencia

Revista Especializada en Clínica de Pequeñas Especies

  • Blanca Facebook Icono
  • Blanco Icono de Instagram
  • Blanco Icono de YouTube

® Arterial S.A. de C.V. 2020