Determinación de la adherencia a las terapias conductuales en medicina veterinaria.

PALABRAS CLAVE >  Terapia conductual > adherencia > terapia del comportamiento > agresividad > ansiedad

Javiera Toromoreno Rodríguez 1; Gonzalo Chávez Contreras 1-2

María José Ubilla Carvajal 3

1 Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Recursos Naturales y Medicina Veterinaria, 

Universidad Santo Tomás, Chile.

2 Observatorio de Tenencia Responsable y Vínculo Humano-Animal, Universidad Santo Tomás, Chile.

3 Escuela de Medicina Veterinaria, Facultad de Ciencias de la Vida, Universidad Andrés Bello, Chile.

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Resumen

La importancia de la adherencia terapéutica se reconoce en todos los ámbitos de la medicina humana y veterinaria. Se seleccionaron 150 fichas clínicas de pacientes caninos con diferentes problemas de comportamiento que fueron clasificados en tres grupos: agresividad, ansiedad y normas de convivencia.

 

Y 45 fichas clínicas de pacientes felinos que fueron clasificados en dos grupos: agresividad y trastornos de origen ansioso. Cada propietario recibió una encuesta por correo electrónico con dos recordatorios posteriores. El cumplimiento de las recomendaciones se reconoció como la adherencia a la terapia. La adherencia promedio de los propietarios de perros y gatos fue de 23,7% y 13,3% respectivamente. Se encontró que existía una diferencia estadísticamente significativa (Kruskal Wallis 9,8, p=0,0272) entre el nivel de adherencia obtenido por los tutores de caninos ansiosos (33,3%) versus los agresivos (6,7%). En el caso de los gatos, hubo diferencia estadísticamente significativa en el nivel de adherencia (t de Student, p=0,0112) entre tutores de gatos agresivos (22,2%) versus problemas de ansiedad (0%). Asimismo, se determinó que las mujeres son las principales responsables de los perros y gatos en el hogar y se identificó que el número de personas en el hogar es un factor determinante en el cumplimiento de las recomendaciones. 

Introducción

La importancia de la adherencia a la terapia por parte de los tutores de mascota se reconoce en todos los aspectos de la medicina veterinaria. Sin embargo, en medicina del comportamiento, los tratamientos se llevan a cabo íntegramente por los tutores, entendiéndose de este modo, que el compromiso de la familia es fundamental para lograr una exitosa resolución del caso. Hay numerosos factores que afectan el grado de cumplimiento de las recomendaciones entregadas por el médico veterinario, algunas de ellas son: circunstancias personales, actitud y comprensión frente al problema, percepción de la calidad del asesoramiento y así mismo, la confiabilidad de la fuente de ese consejo, siendo todos estos, factores determinantes en el nivel de adherencia a la terapia. 

El siguiente estudio, corresponde a una investigación descriptiva retrospectiva, mediante análisis de fichas clínicas de pacientes caninos y felinos atendidos por dos profesionales médicos veterinarios especialistas en medicina del comportamiento a través de la aplicación de un cuestionario vía correo electrónico a sus clientes. El objetivo fue evaluar la adherencia a la terapia con el propósito de mejorar el pronóstico y la efectividad de las terapias en esta área de la medicina veterinaria.

Etología clínica veterinaria

La etología clínica tiene como principales objetivos el diagnóstico, tratamiento y prevención de los problemas de comportamiento en animales, considerando, esto último, como cualquier pauta de conducta de un animal que pueda causar lesión o enfermedad en el individuo que la manifiesta o en otros, o que resulte peligrosa o simplemente molesta para el tutor. La prevención y la modificación de estas conductas es una de las tareas de los médicos veterinarios que trabajan con animales de compañía. Las conductas problemáticas son importantes por las siguientes razones: disminuyen la satisfacción derivada de la tenencia de un animal de compañía y son causa importante de abandono y sacrificio de perros y gatos. 

 

Prevalencia de problemas de comportamiento en perro y gato

Los problemas de comportamiento varían según la especie. En perros, por ejemplo, los problemas de comportamiento más frecuente son agresividad, seguido de eliminación inapropiada, comportamiento destructivo, problemas relacionados con el miedo y ladridos excesivos (Borchelt & Voith 1996 citado por Fatjó y col., 2006). Se han realizado pocos estudios exhaustivos sobre la prevalencia de problemas de comportamiento desde la perspectiva del médico veterinario de animales de compañía y, actualmente, no se incluye esta información en los libros sobre comportamiento. Sin embargo, podrían existir diferencias entre los problemas de comportamiento más comunes observados por especialistas en el comportamiento versus los médicos veterinarios generalistas (Fatjó, 2006). 

 

Un estudio realizado por Bustos y col. (2012) sobre los trastornos de comportamiento más diagnosticado en perros por médicos veterinarios generalistas en clínicas veterinarias de la Región Metropolitana, Chile, señaló que la agresividad era el trastorno más frecuentemente diagnosticado, seguido por el síndrome de ansiedad por separación, eliminación inadecuada y, por último, miedos y fobias. Otro estudio sobre frecuencia de trastornos conductuales en perros fue realizado por Huidobro y col. (2012) cuyo objetivo fue determinar la frecuencia de los trastornos conductuales en perros atendidos por médicos veterinarios especialistas en etología, donde se determinó que un 37% presentó trastornos relacionados con la ansiedad, un 35% con problemas de agresividad, seguido por problemas de socialización (17%), trastornos diversos (8%) y, por último, problemas de eliminación (3%). 

 

En gatos, en cambio, los problemas de comportamiento más frecuentes identificados por médicos veterinarios son eliminación inapropiada, seguido por arañado de muebles (marcaje con uñas), vocalización excesiva, agresividad hacia personas y otros gatos y, por último, hiperactividad y trastornos compulsivos (Fatjó y col., 2006). Los problemas de eliminación inapropiada en el gato parecen ser un motivo de consulta cada vez menos frecuentes a los especialistas en comportamiento debido, probablemente, a que los médicos veterinarios generalistas están cada vez más capacitados para diagnosticar y tratar este tipo de problemas (Herron, 2010 citado por Chávez, 2016). 

Terapia del comportamiento 

Los tratamientos en medicina del comportamiento, consisten, básicamente, en la utilización de técnicas de modificación conductual, modificación o enriquecimiento ambiental, procedimientos quirúrgicos, tratamientos farmacológicos y, de ser necesario, la recolocación o eutanasia (Heiblum, 2004). El término "modificación del comportamiento" se refiere a técnicas que aumentan o disminuyen la frecuencia y la expresión de comportamientos. 

 

Es importante señalar que el tratamiento de los problemas de comportamiento tiene éxito en un alto porcentaje de los casos; en el Hospital de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona, España, por ejemplo, se describía una mejoría en más de dos tercios de los casos. Igualmente, en el Hospital de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Filadelfia, EE.UU, aunque el 18% de los tutores de gatos con problemas de comportamiento consideraba inicialmente la eutanasia, sólo el 1% de los animales tratados por un especialista eran finalmente sacrificados (Manteca, 2003).

Adherencia terapéutica

La adherencia terapéutica fue descrita originalmente por Sackett y Haynes (1975), quienes la definieron como “grado de coincidencia del comportamiento de un cliente en relación con los medicamentos que ha de tomar, el seguimiento de una dieta o los cambios que ha de hacer en su estilo de vida según las recomendaciones dadas por los profesionales de la salud que le atienden” (Salinas y Nava, 2012). 

 

La Organización Mundial de la Salud, definió la adherencia terapéutica como “ grado en que el comportamiento de una persona (tomas del medicamento, seguir un régimen alimentario y ejecutar cambios en el modo de vida) se corresponde con las recomendaciones acordadas de un prestador de asistencia sanitaria” (OMS, 2004).

 

La falta de adherencia terapéutica es la principal causa que evita la obtención de todos los beneficios que los medicamentos pueden proporcionar a los enfermos. A este respecto, la falta de adherencia es la herramienta que se utiliza para considerar la magnitud con la que el paciente sigue o no las instrucciones médicas, lo cual implica la falta de aceptación de un diagnóstico y su incidencia en el pronóstico que, en el caso de medicina veterinaria, corresponde a no tener conciencia real del problema que se enfrenta cuando el seguimiento de las instrucciones es negativo, el pronóstico empeora y los resultados pueden ser desfavorables (Salinas y Nava, 2012). 

Los estudios sobre adherencia en medicina veterinaria se han enfocado, principalmente, a la terapia farmacológica. Bomzon (1978) realizó un estudio sobre el cumplimiento terapéutico en el uso a corto plazo de ampicilina en perros, donde concluyeron que tan solo el 27% de los propietarios había seguido las instrucciones correctamente. Por otro lado, Barter y col. (1996), determinaron que el 34% de los propietarios administró la terapia antimicrobiana en el tiempo óptimo recomendado por el especialista. Grave y Tanem (1999) determinaron el cumplimiento de la administración de antibióticos orales en tratamientos ambulatorios, donde un 44% de los propietarios cumplió el tratamiento. Otro estudio fue realizado por Adams y col. (2005), donde se observó que el nivel de adherencia a la terapia variaba dependiendo del método de medición. 

 

Por otra parte, Casey y Bradshaw (2008) determinaron el nivel de adherencia a la terapia comportamental en gatos, donde la adherencia media fue de 61%. Talamonti y col. (2015) realizaron un estudio preliminar sobre la adherencia de los propietarios a las terapias en distintas áreas de la medicina veterinaria, donde se observó que los responsables de los pacientes urológicos fueron los más preocupados por la enfermedad de su perro y no consideraron ni el abandono ni la eutanasia como una opción. En cardiología, el número de propietarios que piensa que la patología daña la calidad de vida de sus mascotas cae significativamente con el tiempo. Y, por último, a los propietarios de los pacientes con desórdenes del comportamiento les resultó más difícil que al resto poder aplicar las nuevas normas.

Estrategias para maximizar la adherencia 

En medicina veterinaria, la adherencia se basa en la comunicación eficaz de las recomendaciones, manteniendo al cliente informado y realizando un eficiente seguimiento de los pacientes. Un nivel alto de adhesión será dependiente de dos factores básicos: la visión del tutor de su animal (y la importancia que dicho animal tiene para él) y la comprensión de la situación médica (Talamonti y col., 2015). 

 

La adherencia al tratamiento también parece ser influenciada por la duración y la frecuencia del tratamiento. Respecto a la frecuencia de administración   del tratamiento se observa que los propietarios que administran el tratamiento una o dos veces al día tienen nueve veces más probabilidades de seguir el tratamiento frente a los que lo deben hacerlo tres veces al día (Adams y col., 2005). Por otra parte, el nivel de cumplimiento es considerablemente más alto cuando los clientes sintieron que los médicos veterinarios gastaban suficiente tiempo en la consulta (Grave y Tanem, 1999). Este enfoque es útil en medicina del comportamiento, donde debe establecerse un vínculo y relación de confianza con los clientes para obtener la mayor cantidad de información y asegurarse de que el tratamiento es practicable y fue entendido. De la misma manera, la capacidad del terapeuta para explicar suficientemente los motivos del comportamiento/síntoma manifestados por el paciente puede tener una influencia positiva sobre la adhesión a la terapia. Otra estrategia es citar al propietario a controles regulares para asegurarse que el tratamiento se está ejecutando correctamente, modificando ciertos aspectos basados en la respuesta del animal y animando al propietario a expresar sus dudas sobre la correcta aplicación del tratamiento (Talamonti y col., 2015). 

 

Unos de los motivos que hace que un propietario no se adhiera al tratamiento es que crea que el tratamiento no es necesario. En medicina humana, una de las razones por la que las personas no siguen el tratamiento, es porque creen y deciden que no lo necesitan. Los propietarios que no siguieron el tratamiento antimicrobiano en el estudio de Graves y Tanem (1999) señalaron que sintieron que el tratamiento no era necesario o que eran escépticos sobre el uso de antibióticos (Lue y col., 2008). 

 

Es importante averiguar si existe una asociación entre el cumplimiento de la terapia y el género del propietario, la experiencia educativa, estado civil, situación laboral, situación económica y origen étnico o cultural. 

 

Los efectos de estas variables pueden ser mitigados mediante la adaptación de las instrucciones para el nivel de comprensión y de las circunstancias individuales del propietario (Elsheikha, 2016).

 

Medición de la adherencia

De acuerdo a lo expuesto por Sotoca-Momblona y Codina-Jané (2006), la información proporcionada por los estudios de adherencia y cumplimiento dependen de los métodos de evaluación utilizados, pudiendo clasificarse en dos grupos:

Directos: representados casi exclusivamente por la determinación plasmática del fármaco y su aplicación se limita a ensayos clínicos o a la realización de estudios farmacocinéticos. 

 

Indirectos: recuento de la medicación sobrante, entrevista personalizada, control de las dispensaciones, autocuestionario, frascos con tapa electrónica, asistencia a las citas programadas y evolución de la enfermedad (Sotoca-Momblona y Codina-Jané, 2006). 

 

Sin embargo, el método ideal sería evaluar el cumplimiento absoluto y patrones de cumplimiento en un mismo periodo, ser discreto, no invasivo, aplicable en un gran número de temas y relativamente barato. Hasta la fecha ningún método cumple con todos los criterios y cada uno tiene deficiencias. La evaluación de la adhesión parece ser un instrumento óptimo en la identificación de los factores positivos y las dificultades encontradas por los propietarios durante la aplicación de un tratamiento que requiere la aplicación de normas de gestión precisas y la administración de fármacos específicos, lo que permite mejorar el pronóstico y la efectividad de las terapias (Talamonti y col., 2015). 

 

En medicina del comportamiento se vuelve especialmente importante toda vez que muchos de los problemas están relacionados con ansiedad y agresividad, lo que constituye un problema de salud pública y, por cierto, de bienestar animal (Manteca, 2009).

 

Materiales y métodos

 

Fase n°1: Revisión y análisis de fichas clínicas. 

Se utilizaron fichas clínicas de pacientes caninos y felinos que contenían los siguientes datos del paciente: sexo, edad, estado reproductivo y diagnóstico etológico. De los tutores se consideró: nombre y correo electrónico. 

 

Con el objetivo de diferenciar y comparar las respuestas por tipo de problema de comportamiento, los perros fueron clasificados en tres grupos: problemas de agresividad, problemas de origen ansioso y alteraciones en las normas de convivencia. En el caso de los gatos se consideró problemas de agresividad y de ansiedad. Los datos obtenidos fueron ordenados y clasificados en tablas independientes por especie y por tipo de alteración de conducta.  

Fase n°2: Aplicación de cuestionario para determinar adherencia a la terapia.

Se utilizó un cuestionario tomado y modificado a partir de Talamonti y col. (2015). Contenía siete preguntas de selección múltiple y 16 preguntas en escala Likert, donde 1 era muy en desacuerdo; 2 en desacuerdo; 3 indiferente; 4 de acuerdo y 5 muy de acuerdo. Por último, se consideraron dos preguntas abiertas. 

 

Como piloto, el instrumento fue aplicado presencialmente a 15 personas al azar para asegurar que las respuestas y opciones planteadas se comprendían correctamente. Dichas respuestas no fueron consideradas en el análisis posterior de los resultados. Posteriormente, los cuestionarios fueron enviados de forma personalizada a un total de 150 tutores de perros y 45 de gatos. 

 

El correo electrónico junto al cuestionario fue enviado en tres ocasiones a cada uno de los seleccionados. 

Para este estudio, se utilizó la definición de adherencia propuesta por Salinas y Nava (2012), la que planteaba lo siguiente: “Hice o hicimos adecuaciones a las recomendaciones que nos entregó el médico veterinario para que fueran más aplicables con nuestro estilo de vida” (pregunta 22 del cuestionario). Dentro de las opciones de respuesta, la categoría 1 (muy en desacuerdo) y 2 (en desacuerdo) se consideraron como adherencia a la terapia, la respuesta 3 (indiferente) como medianamente adheridos y, por último, las respuestas 4 (de acuerdo) y 5 (muy de acuerdo), como sin adherencia.

 

Con el propósito de comparar la adherencia entre grupos, según las características de la familia, se analizaron siete preguntas de selección múltiples del cuestionario. Las variables analizadas incluyeron: género del tutor responsable de la mascota; número de personas que cohabitan; número de adultos; presencia de niños menores de 18 años; adultos mayores de 65 años; número de perros o gatos que cohabitan; y colaboración familiar en la terapia. 

 

Análisis estadístico

Para el ordenamiento y clasificación de los resultados, se determinó moda, mediana y promedio de las respuestas obtenidas. Para evaluar si existía o no diferencia en la adherencia entre las diferentes patologías y diferencias en la colaboración familiar para la categoría perro se realizó una prueba de Kruskal Wallis y para la categoría gato, prueba t de Student. 

 

Fase 1

Resultados y discusión

De las 150 fichas de caninos, 61 presentaban algún tipo de agresividad, 57 presentaban trastornos conductuales de origen ansioso y 32 alteración en sus normas de convivencia.   En el caso de los gatos (N: 45), 26 presentaban algún tipo de agresividad y 19 presentaban trastornos conductuales de origen ansioso. 

 

Fase 2

Tasa de respuestas

El nivel de respuestas obtenido por los tutores de gatos y perros fue de 33,3% y 27,3% respectivamente. El uso de cuestionarios en línea en las investigaciones es cada vez más frecuente debido a que consiguen resultados con rapidez y bajo costo, sin embargo, una de las principales desventajas es la baja participación. Otros estudios relacionados con envío de encuestas a través de correos electrónicos describen tasas de respuestas medias, que oscilan entre el 32,7% y el 39,6%. Los motivos descritos para el bajo nivel de respuestas que alcanzan esta clase de cuestionarios pueden agruparse en cuatro tipos, relacionados con: 1) características de la población destinada, 2) diseño del estudio, 3) interés del tema abordado y 4) manera de usar el internet del destinatario (Perreten y col., 2012). Por lo tanto, frente a lo anterior, la tasa de respuestas obtenidas en este estudio se ajusta a la esperada para cuestionarios enviados por correo electrónico, sin embargo, considerando la especificidad del tema abordado y que la falta de adherencia a las terapias (más aún si el problema es conductual), afecta directamente a los encuestados y su entorno, se podría inferir que los propietarios que no contestaron el cuestionario, probablemente no se adhirieron a la terapia y, por lo tanto, optaron por no participar. 

Al considerar las respuestas de acuerdo a los grupos en los que se dividió la población estudio, en el caso de los tutores de gatos, el nivel de respuestas fue   similar en los grupos agresividad y ansiedad con un 34,6% y un 31,6% respectivamente. Paralelamente, en el grupo perros, se logró menor porcentaje de respuesta, con diferencias evidentes entre grupos, donde la tasa de respuesta más alta fue la obtenida por el grupo ´ansiedad` (31%), luego ´agresividad` (25%) y, por último, ´normas de convivencia` (16%). Lo que evidencia una heterogeneidad entre los tutores de perros respecto de la voluntad de participar en temas relacionados con la terapia de su mascota dependiente de la patología que los afecte. De este modo, podemos tener una primera aproximación a la medición de adherencia a la terapia del comportamiento e identificar diferencias, no solo entre tutores de perros y gatos, sino también, entre grupos, dependiendo del desorden del comportamiento manifestado por la mascota. Sin embargo, debido al bajo nivel de respuesta obtenido en el grupo normas de convivencia, los resultados deben ser interpretados con precaución y considerando que desde un principio estos se adhieren escasamente a la terapia.

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Tabla 1: Adherencia a la terapia del comportamiento en perros.

Al considerar las respuestas de acuerdo a los grupos en los que se dividió la población estudio, en el caso de los tutores de gatos, el nivel de respuestas fue   similar en los grupos agresividad y ansiedad con un 34,6% y un 31,6% respectivamente. Paralelamente, en el grupo perros, se logró menor porcentaje de respuesta, con diferencias evidentes entre grupos, donde la tasa de respuesta más alta fue la obtenida por el grupo ´ansiedad` (31%), luego ´agresividad` (25%) y, por último, ´normas de convivencia` (16%). Lo que evidencia una heterogeneidad entre los tutores de perros respecto de la voluntad de participar en temas relacionados con la terapia de su mascota dependiente de la patología que los afecte. De este modo, podemos tener una primera aproximación a la medición de adherencia a la terapia del comportamiento e identificar diferencias, no solo entre tutores de perros y gatos, sino también, entre grupos, dependiendo del desorden del comportamiento manifestado por la mascota. Sin embargo, debido al bajo nivel de respuesta obtenido en el grupo normas de convivencia, los resultados deben ser interpretados con precaución y considerando que desde un principio estos se adhieren escasamente a la terapia.

Adherencia a la terapia del comportamiento en perros

El análisis de la pregunta 22 del cuestionario, reveló la proporción de clientes que cumplen estrictamente con las recomendaciones y protocolos de los tratamientos prescritos. De los resultados, podemos observar que la proporción de tutores de pacientes caninos que se adhieren a la terapia corresponde al 23,7% (n=38) (Tabla 1). Este porcentaje, aunque menor, se asemeja al obtenido por Bomzon (1978) al determinar el cumplimiento terapéutico del uso de ampicilina en perros, donde el 27% de los propietarios había seguido las instrucciones correctamente. Y menor aun a los obtenido por Grave y Tanem (1999) al determinar el cumplimiento al tratamiento antibacteriano a corto plazo, donde el 44% de los propietarios siguió las recomendaciones en su totalidad. Estas diferencias se deben al hecho de que la terapia del comportamiento, a diferencia de los que generalmente ocurre en otras áreas, se compone de cambios en las reglas de manejo e interacción con la mascota, además de la administración de un tratamiento farmacológico cuando sea necesario. En medicina humana, se obtienen niveles sustancialmente más bajos de adherencia cuando el tratamiento consisten en cambios en el estilo de vida (30%), en comparación con los regímenes de medicación (50-60%), debido al esfuerzo requerido para adherirse al consejo (Berger, 2004). 

Los tutores que siguieron las recomendaciones se presentan en la (Tabla 1), donde además se observa que el porcentaje más alto fue obtenido por los tutores del grupo “trastornos sobre normas de convivencia” con un 40%, seguido por los tutores del grupo “trastornos de ansiedad” con 33,3% y, por último, los propietarios del grupo “agresividad”, donde solo el 6,6% sigue las recomendaciones sin hacer modificaciones en estas. Sobre lo anterior, es importante discutir el hecho del tiempo que han convivido la familia con su mascota y, por lo tanto, cuán agotados o motivados pueden estar para enfrentar una terapia conductual, ya que, por ejemplo, es más probable que una familia de un cachorro o un perro adoptado recientemente esté más dispuesta a trabajar y adherirse correctamente a las recomendaciones, en comparación a una familia que está emocionalmente agotada de la situación, como ocurre muchas veces en los trastornos agresivos, independientemente de que las consecuencias sean más graves. 

 

La prueba de Kruskal Wallis reveló una diferencia estadísticamente significativa en el cumplimiento entre el grupo “trastorno ansioso” y “trastorno agresivo” (p=0,0272). Por lo tanto, el grado de adherencia se relacionó con el tipo de problema presentado y los resultados señalan que los tutores de pacientes ansiosos se adhieren en mayor proporción frente a los de pacientes agresivos. Este resultado pareciera ser contra intuitivo y lo esperado sería que los propietarios de pacientes agresivos se adhirieran más debido a la gravedad del problema. Es posible que la percepción de gravedad de los dueños se vea influenciada no solo por cómo el problema de comportamiento afecta la calidad de vida de su mascota (Tabla 2), sino también, por la forma en que se ve afectado su propio estilo de vida (Tabla 3).

Tabla 2:  La calidad de vida de mi mascota se vio perjudicada por su desorden o problema conductual.

Tabla 3: Mi rutina diaria se vio afectada a causa del desorden de mi mascota.

Los tutores del grupo “trastorno agresivo” estarían mayoritariamente “muy de acuerdo” con que la calidad de vida de su mascota se vio perjudicada por el problema de conducta manifestado, al compararlo con el grupo “trastorno ansioso” donde la tendencia es a estar “de acuerdo” con esta afirmación y, del mismo modo, que su rutina diaria se vio afectada a causa de las alteraciones de comportamiento de su mascota, sin embargo, esto no parece ser razón suficiente para que una mayor proporción de tutores siguiera las recomendaciones. Por lo tanto, el grado en que los tutores se adhieren a la terapia del comportamiento parece ser independiente de la percepción que estos tienen sobre cómo se ve afectada la calidad de vida de su mascota y cómo el problema afecta su propia vida y la de la familia. En este grupo los tutores no se adhieren a la terapia básicamente porque adecúa las indicaciones para poder realizarlas más cómodamente para ellos. 

 

Los tratamientos, a menudo, implican cambios significativos en el estilo de vida y en el medio ambiente (entorno). Del mismo modo, la dificultad para seguir las instrucciones y realizar cambios sustanciales en la rutina familiar, podrían estar vinculados al hecho de que, a menudo, los propietarios no tienen la información necesaria respecto a quién acudir para resolver los problemas de comportamiento y no se dirigen a profesionales específicos y especializados. Un estudio preliminar sobre las percepciones de los propietarios de los terapeutas del comportamiento en Italia, realizado por Notari y Gallicchio (2008), evidenció que la palabra más reconocida por estos para describir a quién podía ayudarlos con los problemas de conducta de su mascota, era el término “entrenador”.  Esta podría ser una de las razones por la que muchas veces los tutores asisten a la consulta especializada de forma tardía, cuando las conductas problemáticas se han cronificado y la familia, de algún modo, tolera el problema, reduciéndose así la adherencia y empeorando el pronóstico (Talamonti y col., 2015).

 

Otro factor a considerar y que determina el grado en que las personas se adhieren a las terapias en medicina veterinaria, es la capacidad del profesional para explicar la patología y sus síntomas y la capacidad para explicar con claridad las nuevas normas de manejo e interacción con la mascota. En este estudio, los tutores, en su mayoría, afirmaron que el trastorno de su mascota y las normas de manejo fueron explicadas en detalle, por lo tanto, se podría presumir que las recomendaciones no se adaptaron porque no estaban informados sobre las causas del trastorno, sino que, por comodidad de aplicación. Takeuchi y col. (2000), evaluaron los tratamientos para la ansiedad por separación y observaron que el número de instrucciones dadas al propietario, influye sobre el cumplimiento de estas. En ese estudio, se determinó que la media de instrucciones dadas para tratar trastornos de ansiedad por separación era de 5,1 ± 2,0, pero los tutores cumplieron solo con 3,1 ± 2,2 de las instrucciones durante más de un mes. Esto implica que las personas que recibieron muchas instrucciones, pueden haber estado confundidos o reacios a realizar las mismas.

 

Respecto a lo anterior, es importante evaluar la percepción de las personas sobre el grado de complejidad de la terapia y la dificultad de su ejecución en la práctica. En este caso, los tutores del grupo “agresividad” se manifiestan indiferentes frente a la dificultad de las nuevas normas de manejo, esto, posiblemente, debido a que las adaptaron, por lo tanto, no percibieron la verdadera dificultad de estas. Distinto fue el caso del grupo “ansiedad”, donde la tendencia fue a estar “muy en desacuerdo” en que estas eran difíciles de aplicar. En el estudio antes mencionado, se observó que un alto porcentaje de personas cumplió con las instrucciones sencillas, tales como, no castigar, aumentar el ejercicio o la adquisición de juguetes interactivos, pero no pudieron seguir las recomendaciones de desensibilización. Por lo tanto, para mejorar el cumplimiento de las normas, los especialistas deben explicar cuidadosamente a los tutores las técnicas de modificación del comportamiento que resultan más difíciles y señalar la importancia de su correcta ejecución sobre el éxito de la terapia.

Características de la familia tutora de perros 

El análisis de los resultados mostró que el 92% de los tutores de perros correspondía a mujeres. No hubo diferencia entre grupos, por lo que no se pudo relacionar el sexo del propietario con el nivel de adherencia a la terapia, pero sí se pudo identificar que las mujeres son mayoritariamente las responsables del cuidado de las mascotas. Otros estudios han llegado a la conclusión de que las mujeres forman nexos más fuertes con los animales domésticos y, por lo tanto, tienen más interacción con ellos comparado con los hombres (Heidenberger, 1997; Woodward y Brauner 2007). Por esta razón, los esfuerzos deben concentrarse en concientizar a las mujeres sobre la importancia de aplicar correctamente las nuevas normas de manejo y a través de ella establecer un nexo de comunicación con el resto de la familia, que garantice que las interacciones se realicen en coherencia y concordancia con las necesidades de la terapia. 

 

Respecto al número de personas que componen la familia, destaca el resultado obtenido en el grupo “ansiedad”, donde la tendencia fue de tan solo una persona, con un promedio de 2,2. Esta tendencia es un factor de riesgo para la manifestación de trastornos ansioso. Un estudio realizado por Flannigam y Dobman (2001) señaló que los perros que conviven con una sola persona tenían aproximadamente 2,5 veces más probabilidades de presentar ansiedad por separación que los perros que viven con varias personas, esto, debido a que forman vínculos más estrechos con sus tutores. Este resultado podría explicarse por la mayor cantidad de tiempo destinado a la mascota y también por el hecho de que en esta condición puede haber menos dispersión de la atención por parte del propietario. McGreevy y Masters (2008) encontraron una asociación positiva entre el número de mujeres adultas en el hogar y la presentación de ansiedad por separación. 

 

No obstante, este factor podría tener un efecto facilitador al momento de seguir las recomendaciones dadas por el médico veterinario y, por lo tanto, ser uno de los motivos del porqué los propietarios de pacientes ansiosos alcanzaron el mayor nivel de adherencia dentro de los perros a diferencia de lo ocurrido con las familias del grupo “agresividad”, que están constituidas, en promedio, por 3,3 personas y mayoritariamente por cuatro. Por lo tanto, el número de personas que viven en la casa es inversamente proporcional al nivel de adherencia, sin embargo, el menor número de personas predispone a la presentación de trastornos ansiosos.

 

En el grupo “normas de convivencia”, destaca una mayor presencia de niños en comparación con el resto de los grupos, con un 80% sobre el 40% del grupo agresividad y un 22% en el grupo ansiedad. Es difícil asociar la presencia de niños con el nivel de adherencia obtenido por el grupo “normas de convivencia”, debido a que la muestra es muy pequeña y al momento de comparar entre grupos, el nivel de adherencia se ve disminuido con la presencia de niños en el hogar como es el caso del grupo “agresividad”. Sin embargo, la ausencia de hijos en la familia aumentó el nivel de apego del propietario hacia el perro, lo que nuevamente se considera un factor de riesgo para la presentación de ansiedad por separación (Adamelli y col., 2005). 

La misma asociación se puede hacer con la presencia de adultos mayores, donde en el 20% de las familias del grupo “agresividad” había adultos mayores, seguidos por el grupo ansiedad con un 11%. En el grupo “normas de convivencia” no había adultos mayores en el hogar. Por lo tanto, la presencia de niños y adultos mayores, no parece ser un motivo suficiente para que los tutores del grupo “agresividad” se adhieran en una mayor proporción a la terapia del comportamiento y, contrariamente, la ausencia de estos coincide con un mayor nivel de cumplimiento a la terapia del comportamiento.

Tabla 4: Mi familia colaboró en la terapia.

Tabla 5:  Adherencia a la terapia del comportamiento en gatos.

No hubo diferencias entre grupos al momento de evaluar la cantidad de perros y gatos. Para los perros la tendencia fue uno y en el caso de los gatos, cero. 

 

En la pregunta sobre colaboración familiar (Tabla 4), la tendencia es a estar “Muy de acuerdo” con que la familia colaboró en la terapia, independientemente de haber realizado modificaciones en esta, de hecho, parece ser que las modificaciones en las recomendaciones fueron realizadas con este fin.  La prueba de Kruskal Wallis no identificó diferencias entre los grupos respecto a la colaboración familiar (p=0,6798), por lo que la coherencia y precisión con que se cumplen las recomendaciones pareciera ser independiente de la voluntad de la familia por colaborar de manera activa en la terapia del comportamiento.

 

Adherencia a la terapia del comportamiento en gatos

La adherencia media registrada por los tutores de gatos fue de 13,3% (Tabla 5). Casey y Bradshaw (2008) determinaron que el 61% de los tutores de gatos cumplió con la terapia del comportamiento, sin embargo, la comparación de la adherencia a la terapia entre los diferentes estudios se complica por las diferentes formas en que se realiza la medición, por lo que este resultado puede estar influenciado por la naturaleza de la investigación.  

 

El porcentaje de adherencia a la terapia obtenida por los tutores de gatos se relacionó significativamente con el tipo de problema presentado, donde el nivel más alto de cumplimiento se registró en los casos de trastorno de agresividad con un 22,2% (p=0,0112).

 

Es probable que la adherencia se vea más influenciada por la forma en que el comportamiento del gato afecta en su propio estilo de vida y en el de la familia, que por el bienestar de la mascota. Este hallazgo es compatible con los resultados obtenidos por Casey y Bradshaw (2008), donde los niveles más altos de cumplimiento fueron obtenidos en los casos de agresividad hacia los miembros de la familia o visitantes y al identificar que los tutores buscan, principalmente, la remisión para los problemas de comportamiento que afectaban su vida o la de su hogar, tales como eliminación inapropiada y agresividad. Este factor podría justificar que tutores del grupo “trastorno ansioso”, en su totalidad, no siguieran las recomendaciones y las adaptaran a sus propias circunstancias debido a que le dan una menor importancia relativa al trastorno de comportamiento presentado por su gato. Así lo demostró el análisis de las afirmaciones ”La calidad de vida de mi mascota se vio perjudicada por su desorden o problema conductual” y “Mi rutina diaria se vio afectada a causa del desorden de mi mascota”, donde en ambas la tendencia es a estar muy de acuerdo, sin embargo, el grupo ansiedad promedia una actitud de  indiferencia frente a las alteraciones que causa el desorden de su gato en la rutina diaria familiar, lo que parece ser un factor importante al momento de seguir las recomendaciones dadas por el especialista.

 

Además, los comportamientos que son esencialmente normales o dentro de la gama de comportamientos demostrados por la especie, como la agresividad, son generalmente más fáciles de explicar a los propietarios, lo que puede influir en su percepción de confianza hacia el especialista y aumentar el nivel de adherencia (Casey y Bradshaw, 2008). Respecto a esto, existe una pequeña diferencia en el promedio a favor de los propietarios del grupo “trastorno agresivo”, sin embargo, ambos grupos están “muy de acuerdo” en que el trastorno de su mascota fue explicado en detalle y son categóricos al señalar que las nuevas normas de manejo se explicaron en detalle. 

 

De este modo, podemos señalar que la proporción de tutores que se adhieren a la terapia, en este estudio, no estaría influenciado por un desconocimiento de la patología cursada o por confusiones sobre las normas de manejo. 

 

Respecto a la complejidad de la terapia, no se reconoció diferencia entre el grupo trastorno agresivo y trastorno ansioso. Ambos señalan estar “Muy en desacuerdo” con que las nuevas normas de manejo que consideraba la terapia eran difíciles de aplicar. Por lo tanto, la adherencia, en este caso, no pareciera estar relacionada con diferencias en la dificultad de las terapias para las diferentes patologías. Los programas de tratamiento para los trastornos ansiosos, exceso de acicalamiento y pica, tienden a tener más elementos que los tratamientos de agresividad y algunas medidas pueden ser más difíciles de implementar (Casey y Bradshaw, 2008). Sin embargo, no hubo diferencia en la percepción de dificultad de la terapia entre los propietarios de pacientes agresivos y ansiosos. Del mismo modo, los propietarios se manifestaron “De acuerdo” con la afirmación “fue fácil hacer lo que el doctor sugirió”, aun así, modificaron las recomendaciones. 

Caracteristicas de la familia tutora de gatos

La mayoría de los responsables de la mascota eran mujeres, solo un hombre participó y pertenecía al grupo “trastorno ansioso”. Nuevamente, al igual que en el caso de los perros, el menor número de personas en el hogar se relacionó con una mayor adherencia a la terapia, con un promedio de 1,9 personas en grupo “trastorno agresivo” y 2,5 en el grupo “trastorno ansioso”. Además, solo se identificó presencia de niños en el grupo “trastorno ansioso”. 

 

Heidenberg y col. (1997) identificaron que el número de personas en la casa era un factor de riesgo para los problemas de comportamiento en gatos, ya que personas solteras y parejas sin hijos, suelen reportar ansiedad en sus gatos y la ausencia de niños, se relacionó con más problemas de comportamiento. Casey y Bradshaw (2008) también encontraron que el menor grado de cumplimiento estaba asociado a hogares con mayor número de personas. Esto puede reflejar menos tiempo para seguir el tratamiento o dificultades para persuadir a más personas a seguir de manera consiente las reglas de manejo e interacción con la mascota, lo que se traduce en la necesidad de adaptar las recomendaciones. Respecto al número de gatos en el hogar, la tendencia fue de dos gatos para ambos grupos y, en la mayoría de los casos, no había perros en la familia. Por lo tanto, al igual que los resultados de Casey y Bradshaw (2008), el nivel de adherencia a la terapia, no se relacionó con el número de gatos o la presencia de otras mascotas en el hogar.

 

En la pregunta sobre colaboración familiar, ambos grupos estaban “Muy de acuerdo” con que la familia colaboró en la terapia. La prueba t de Student no identificó diferencias entre los grupos respecto a la colaboración familiar, por lo que, la participación de la familia en la terapia no tiene relación con la correcta ejecución de la misma (p=0,2224).

Conclusión

La proporción de tutores de perros y gatos que se adhieren a la terapia del comportamiento se relacionó con el tipo de problema presentado, siendo mayor en los casos de trastornos de origen ansioso en perros (33,3%) y trastornos de agresividad en gatos (22,2%). Se identificó que el menor grado de cumplimiento con la terapia estaba asociado a hogares con mayor número de personas. 

 

Las personas responsables de la mascota en su mayoría correspondían a mujeres, quienes parecen conscientes de que la alteración del comportamiento afecta la calidad de vida de su mascota y se manifiestan conformes sobre el asesoramiento brindado por el especialista. Pese a ello, en su mayoría, modifican las recomendaciones para adaptarlas a su estilo de vida y al de la familia. 

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