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Hipertiroidismo en gatos, un Trastorno Relativamente “Nuevo”. 

PALABRAS CLAVE >  Hipertiroidismo Felino > tiroides > hormónas > hiperplasia adenomatosa metimazol

MVZ. Saúl Martínez García.

Médico Veterinario y Zootecnista por la F.M.V.Z. de la U.N.A.M. 

Especialidad en Medicina y Cirugía en Perros y Gatos por la F.M.V.Z. de la U.N.A.M.

Especialidad en Patología Clínica Veterinaria por la F.M.V.Z. de la U.N.A.M.

GP Cert en Medicina Interna Felina por International School of Veterinary

Introducción

En la actualidad se reconoce al Hipertiroidismo Felino como el trastorno endocrino común en gatos de mediana a edad avanzada, sin que se haya encontrado una predilección obvia por raza o sexo en la mayoría de los estudios epidemiológicos (De wet et al., 2009; Peterson, 2012; Peterson, 2014). El hipertiroidismo se refiere a un trastorno multisistémico, resultante de la sobreproducción de hormonas tiroideas, triyodotironina (T3) y/o, tiroxina (T4) producidas por la glándula tiroides, que funciona de manera anormal (Figura 1) (De Wet et al., 2009; Bree et al., 2018; Khare et al., 2018). Esta enfermedad felina es una condición progresiva, por lo general resulta de hiperplasia adenomatosa tiroidea funcional o adenoma, en la que los gatos pasan de una etapa subclínica a un hipertiroidismo manifiesto a medida que los nódulos tiroideos aumentan de tamaño (Peterson, 2014; Watson et al, 2018), y sólo una pequeña proporción de la población presenta  carcinoma de tiroides (Bree et al., 2018).

Prevalencia

 

El Hipertiroidismo Felino fue descrito por primera vez en 1979 (Peterson, 2012), durante estos últimos años, la prevalencia de anomalías patológicas tiroideas ha aumentado de manera constante en la población mundial de gatos (Tabla 1). 

 

Este trastorno ahora no solo se reconoce como la endocrinopatía más común del gato, sino que es uno de los trastornos diagnosticados con más frecuencia en la práctica veterinaria. Se ha reportado en gatos de entre 8 meses y 22 años, con una edad media de 13 años. Sólo el 5% de los gatos hipertiroideos tienen menos de 10 años en el momento del diagnóstico (McLean et al., 2014). La estimación de la prevalencia del hipertiroidismo es importante para facilitar la priorización de la enfermedad (Stephens et al., 2014).

Etiología y factores de riesgo

 

La etiología de la enfermedad sigue sin estar clara (Grossi et al., 2019), en 99% de los casos, la causa son adenomas nodulares benignos que secretan de forma autónoma las hormonas tiroideas T4 (Tiroxina) y T3 (Triyodotironina) en exceso, esta secreción tiene retroalimentación negativa a la pituitaria, suprimiendo la secreción de hormona estimulante de la tiroides (TSH) (Figura 1). 

 

El tejido tiroideo normal se atrofia debido a la falta de TSH de la glándula pituitaria y cesa la secreción de T4 y T3. Estos adenomas varían en tamaño de 1 mm a 30 mm, a veces muestran cambios quísticos extensos, entre el 70 y el 75% de los casos son bilaterales. En el caso de adenocarcinoma de tiroides leve a moderadamente maligno se presentará raramente (1% de los casos) (Bodey, 2015; Khare et al., 2018). 

 
 
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Figura 1.  Eje hipotalámico-hipófisis-tiroideo en un gato sano y en un gato con hipertiroidismo. La hormona liberadora de tirotropina (TRH), producida por el hipotálamo y la hormona estimulante de la tiroides (TSH) producida por la adenohipófisis son liberadas al torrente sanguíneo en respuesta a la TRH, son los dos factores que controlan la secreción de las hormonas tiroideas (Advanced veterinary medical imaging; Khare et al., 2018).

Tabla 1. Prevalencias de Hipertiroidismo Felino registradas en diferentes países.

Figura 2.  Factores potenciales asociados al desarrollo de Hipertiroidismo Felino (Modificado de McLean et al., 2014).

 

Distintos estudios epidemiológicos han intentado identificar factores de riesgo potenciales para el Hipertiroidismo Felino (Figura 2) (McLean et al., 2014; Bodey 2015). Se han explorado muchas hipótesis; factores inmunológicos, infecciosos, nutricionales, ambientales y genéticos, sin embargo, aún no se ha identificado un solo factor dominante, aparte de la edad avanzada (Bree et al., 2018).

Signos Clínicos

Las hormonas tiroideas normalmente regulan muchos de los procesos metabólicos del organismo. A medida que los niveles circulantes de hormonas tiroideas aumentan cada vez más en los gatos con hipertiroidismo, se desarrolla un aumento progresivo de su tasa metabólica (Khare et al., 2018), por lo que los gatos afectados pueden presentar signos que incluyen pérdida de peso y mala condición corporal (Figura 3), polifagia, taquicardia, polidipsia y poliuria, diarrea y vómitos, hiperactividad y nerviosismo, con frecuencia se les diagnostica enfermedades asociadas que incluyen hepatopatía, insuficiencia renal e hipertrofia cardíaca. Sin embargo, estos cambios no son evidentes en las primeras etapas y el Hipertiroidismo Felino es una condición frecuentemente sub-diagnosticada en hasta un 10% de los gatos mayores con hipertiroidismo subclínico (Stephens  et al., 2014; Bodey, 2015). Más del 90% de los gatos hipertiroideos tienen una masa cervical palpable (Grossi  et al, 2019).

Figura 3.  Gato con hipertiroidismo (Advanced veterinary medical imaging)

 

Figura 4. Abordaje diagnóstico de un gato con sospecha de hipertiroidismo (Modificado de Peterson, 2013b).

Diagnóstico

El diagnóstico correcto puede ser un desafío, independientemente de su etiología. Es realizado mediante una combinación de signos clínicos, hallazgos a la exploración física, resultados de pruebas de laboratorio de rutina y concentraciones altas de hormonas tiroideas circulantes (Figura 4) (Peterson, 2013a).

 

Pruebas específicas de función tiroidea

 

• Concentración total de T4 en suero

Más del 90% de los gatos hipertiroideos se confirmarán mediante pruebas aleatorias de T4 Total en suero. 

La concentración sérica de T4 Total mide la fracción unida a proteínas y las fracciones de hormonas libres. 

La T4 sérica se puede medir mediante cuatro técnicas de ensayo diferentes: radioinmunoensayo (RIA) (método estándar de oro), inmunoensayo enzimático quimioluminiscente, inmunoensayo enzimático homogéneo (CEIA) y un kit de prueba ELISA (SNAP Total T4, IDEXX Laboratories) para uso interno, sin embargo, cualquiera de estas técnicas puede proporcionar valores de T4 en suero que son falsamente bajos (o altos) (Peterson, 2013a; Vaske et al., 2014).

 

• Concentración de T4 libre en suero

La fracción libre de la hormona T4, representa menos del 1% del total de la hormona tiroidea circulante. 

 

Esta prueba es más sensible que la anterior, ya que, más del 95% de los gatos hipertiroideos con una concentración de T4 total dentro del intervalo de referencia tendrán una concentración de T4 libre elevada. La medición de T4 libre no está indicada ni es necesaria si la T4 total está elevada. Si las concentraciones de T4 total y T4 libre se encuentran dentro del intervalo de referencia en varias ocasiones separadas, pero la sospecha clínica de hipertiroidismo sigue siendo alta, se deben realizar pruebas adicionales (Peterson, 2013a; Vaske et al., 2014).

• Prueba de supresión de T3

Evalúa la integridad del circuito de retroalimentación fisiológica a través del cual la hormona tiroidea regula la función de la glándula pituitaria. Esta prueba es útil para distinguir gatos levemente hipertiroideos de gatos eutiroideos; sin embargo, se requieren varios días de tratamiento para que ocurra la supresión y el cumplimiento del propietario es fundamental. Después de la recolección de muestras de suero T3 y T4 de referencia, los propietarios deben administrar la hormona T3 (liotironina) 25 µg por vía oral tres veces al día durante 2 días, y una vez en la mañana del día 3, para un total de siete dosis. De dos a cuatro horas después de administrada la dosis final, se evalúa una segunda concentración de T3 y T4. 

 

Los gatos con hipertiroidismo tendrán poca o ninguna disminución en la concentración de T4 total después de la administración de liotironina, aunque la falta de supresión de T4 también podría ser el resultado de un cumplimiento deficiente de la prueba (Vaske et al., 2014).

 

• Prueba de estimulación TRH

También evalúa la integridad del sistema de retroalimentación de la glándula pituitaria-tiroides mediante la administración de TRH. Para realizar esta prueba, se recolecta una muestra de T4 sérica antes y 4 horas después de la administración intravenosa de 0.1 mg / kg de TRH. Los gatos con hipertiroidismo leve deben tener poco (50%) o ningún aumento en la concentración sérica de T4 total. Esta prueba se considera tan confiable como una prueba de supresión de T3; sin embargo, ya no está disponible (Vaske et al., 2014).

 

Gammagrafía de tiroides

Es un procedimiento de medicina nuclear que produce una muestra visual del tejido tiroideo funcional basada en la captación selectiva de varios radionucleidos por el tejido tiroideo (Peterson, 2013). Se debe considerar la gammagrafía tiroidea para confirmar el hipertiroidismo si los resultados de las pruebas de hormona tiroidea son ambiguos pero la sospecha clínica sigue siendo alta. La gammagrafía tiroidea también puede proporcionar información que ayuda en las decisiones de tratamiento y es la mejor manera de detectar metástasis de tumores tiroideos malignos (Vaske et al., 2014). Sin embargo, pocos veterinarios tienen acceso al equipo necesario para obtener imágenes de la tiroides o realizar determinaciones de la captación tiroidea (Peterson, 2013a).

Ecografía de tiroides

Se puede utilizar para evaluar la arquitectura de las glándulas tiroides; sin embargo, no es útil para el diagnóstico de hipertiroidismo. La glándula tiroides felina normal es delgada, de forma fusiforme y de aproximadamente 15 a 25 mm de longitud, con ecogenicidad uniforme y rodeada por una cápsula hiperecoica delgada (Vaske et al., 2014). 

Tratamiento

Actualmente, existen cuatro alternativas terapéuticas para el Hipertiroidismo Felino: tiroidectomía, terapia farmacológica, terapia con yodo radiactivo y terapia nutricional, que por lo general su elección será en función de la preferencia del propietario, los recursos económicos y la disponibilidad de las alternativas en cada país, la presencia de enfermedades concurrentes y la posibilidad de realizar una cirugía o terapia con yodo radiactivo (Grossi et al., 2019). En la práctica general, el tratamiento farmacológico a menudo se percibe como más asequible. A largo plazo el tratamiento con tioureilenos (tioamidas) es muy popular, generalmente exitoso y bien tolerado (Khare et al., 2018). El metimazol es uno de los fármacos más utilizados para tratar el Hipertiroidismo Felino, es una modalidad de tratamiento no curativo, su uso tiene muchos beneficios, incluida la reducción de los niveles de T4 antes de la cirugía o de la terapia con yodo radioactivo: (Vaske et al., 2014; Druce, 2015).

 

• Permitir una anestesia más segura

• Reversibilidad del tratamiento que permite detectar precozmente la insuficiencia renal subyacente

• El tratamiento puede interrumpirse si es necesario

• Asequible para muchos clientes

 

El metimazol (también conocido como tiamazol) es un compuesto de tioureileno que bloquea la síntesis de ambas hormonas tiroideas (T4 y T3) dentro de la gládula tiroides, al inhibir la actividad de la peroxidasa tiroidea, lo que conduce a una organificación reducida del yoduro, así como a la inhibición del acoplamiento de yodotironinas para formar T3 y T4 (Vaske et al., 2014; Khare et al., 2018). Tiene una vida media sérica de 2.3 horas en gatos hipertiroideos y de 4.7 horas en gatos normales (Vaske et al., 2014). Es eficaz para normalizar la T4 en la mayoría de los gatos tratados, y este efecto depende de la dosis. 

 

Las dosis iniciales típicas de metimazol varían de 1,25 a 2,5 mg administrados dos veces al día. Rara vez es necesaria una dosificación más frecuente (cada 8 horas). Las dosis iniciales se pueden ajustar hacia arriba si hay una respuesta inicial inadecuada a dosis más bajas de metimazol durante 2 a 4 semanas (Trepanier, 2007).

 

Como ocurre con todos los medicamentos, los tioureilenos pueden causar efectos secundarios en algunos gatos, aunque estos no son comunes. En gatos que toleran el metimazol sin efectos secundarios, la eficacia es superior al 90%. Los efectos secundarios generalmente ocurren dentro de los primeros tres meses de tratamiento. 

 

Hasta en un 20 % de los gatos se observan efectos secundarios leves, típicamente transitorios, que incluyen disminución del apetito, náuseas y vómitos. Se observan efectos secundarios graves en menos del 5% de los gatos tratados e incluyen signos gastrointestinales persistentes, dermatitis pruriginosa que afecta a la cabeza y el cuello, hepatopatías y complicaciones hematológicas, como trombocitopenia y leucopenia (Trepanier, 2007; Khare et al., 2018) .

Bibliografía​​

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