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Introducción

 

La Leptospirosis canina es una enfermedad de difícil diagnóstico, con una alta variedad de signos clínicos. Puede presentar curso sobreagudo, agudo o crónico y no implica necesariamente presencia de ictericia. Otro factor que dificulta su diagnóstico es que frecuentemente se presenta en forma subclínica, siendo los hallazgos serológicos la forma de detección, más que las manifestaciones clínicas (16).  Muerte por insuficiencia renal y hepática suelen ser el resultado final en los casos crónicos. Cuando la recuperación es posible, los animales siguen siendo portadores propagando la bacteria a través la orina. Esto es un claro factor de riesgo y un importante eslabón en la cadena epidemiológica de la leptospirosis humana (13). A pesar de su importancia médica, su amplia distribución geográfica, la gran variedad de agentes y hospederos involucrados, así como su alto nivel de incidencia y letalidad durante los brotes epidémicos asociados a inundaciones, la situación de Leptospirosis canina en México es poco conocida y el ámbito de interacción medicina veterinara/salud pública está pobremente atendido. Tampoco parece haber procedimientos específicos para su detección y estudio (22) y el cambio climático podría actuar sinérgicamente favoreciendo la propagación y prevalencia de la enfermedad. Por lo anterior, llama mucho la atención el hecho de que no se cuente con estrategias específicas para entender el comportamiento epidemiológico de este patógeno e implementar medidas de control. 

 

Descripción e historia natural de la patología

La Leptospirosis es una zoonosis bacteriana, cosmopolita en cuanto a su distribución geográfica, que tiene como hospederos a diversas especies de fauna silvestre y doméstica. Con cierta frecuencia, el ser humano se infecta y sufre de una enfermedad sistémica, febril y aguda. El causante de esta enfermedad es la espiroqueta Leptospira interrogans. Se transmiten al hombre a través del agua, los alimentos o el terreno húmedo, contaminados por orina de animales infectados. Anteriormente, se consideraba a L. interrogans como la única especie patogénica (7). Sin embargo, recientemente se revisó la clasificación del género, quedando distribuidas en 10 especies las 200 serovariedades patogénicas (21). Es posible que algunos laboratorios, continúen utilizando la clasificación anterior, lo cual evitaría que se considere la especificidad de los anticuerpos contenidos en las vacunas, en función de la ubicación geográfica.

“Se cree que esto se debe a la miniaturización de los animales, principalmente en razas braquicefálicas, lo cual no permite un equilibrio correcto entre las estructuras óseas y el parénquima cerebral.”

La frecuencia de Leptospirosis tiene variaciones estacionales estrechamente relacionadas con la abundancia de lluvias y con la ocurrencia de fenómenos climáticos como huracanes e inundaciones.  La contaminación del agua por animales asociados al ser humano también es un factor importante, así como poblaciones provenientes de reservorios en especies de fauna silvestre (5).  

 

En México se identificaron 9,261 casos seropositivos entre los años 2000 y 2005. De ellos, 293 fueron adecuadamente verificados de acuerdo a los criterios de presencia de Leptospira spp. La falta de un enfoque especializado en la especie zoonótica, Leptospira interrogans, refleja la ausencia de criterios específicos que faciliten la prevención de epidemias causadas por este patógeno. Sin embargo, en el trabajo referido se encontró que la mayor incidencia y prevalencia ocurre en los estados del sur y centro del país, coincidiendo la mayoría de los casos con la temporada de huracanes (20).

 

La serovariedad canícola parece ser la más común en las infecciones registradas, siendo la orina de los perros enfermos o portadores la vía de infección. La Leptospirosis canina debida a la serovariedad Icterohaemorrhagiae es en cambio menos frecuente y se asocia a la presencia de ratas al ser éstas las portadoras y transmisoras de la misma. Sin embargo, ambas serovariedades pueden infectar al ser humano, por lo que su presencia en la población canina resulta de importancia para la salud pública (13).

 

En el caso de perros que se recuperan de la enfermedad, se ha publicado que las leptospiras pueden seguir siendo eliminadas por la orina hasta cuatro años después de la recuperación, aunque lógicamente, durante las primeras semanas post-recuperación la cantidad es mayor. El comportamiento social de los perros (e.g. olfateo, lengüeteos y frecuentemente marcaje de territorio), hacen que la propagación de la bacteria sea relativamente fácil. Las zonas rurales y suburbanas, en las que suele haber grandes poblaciones tanto de perros como de roedores, pueden constituir focos de infección y propagación epidémica, misma que puede extenderse a la población de perros de casa no vacunados, al interactuar con los perros de calle (9).

 

La bacteria ingresa al organismo por cualquiera de las mucosas, así como por laceraciones o incluso reblandecimiento de la piel por humedad. Después pasa al torrente sanguíneo y llega a órganos parenquimatosos como hígado, riñón, bazo y meninges ocasionalmente. 

Por otro lado, los patógenos que permanecen en el torrente sanguíneo, penetran en el endotelio vascular, persisten en los intersticios celulares donde la presencia de anticuerpos es reducida. Estamos hablando de sitios corporales como túbulos renales, humor ocular o útero.  La localización postsepticémica de la bacteria en los riñones está asociada con inflamación intersticial focal o difusa de este órgano y una degeneración tubular transitoria aguda, así como a la eliminación de esta vía a la orina (9)

 

Riesgos domésticos ante la falta de medidas preventivas

Normalmente, los niños pasan tiempo jugando en el suelo, en charcos y en ambientes en general que pueden ser visitados tanto por perros como por roedores, que pueden haber eliminado cargas bacterianas a través de la orina. Claramente, las condiciones sanitarias del entorno doméstico y el cuidado veterinario de las mascotas son factores clave en la prevención de la Leptospirosis. Se ha observado que, personas con antecedentes de estrecho contacto con animales eran 7.5 veces más proclives a enfermar de Leptospirosis (18).

 

Normatividad en México y en el contexto internacional

La Organización Panamericana de la salud, en su normativa de notificación de enfermedades de denuncia obligatoria en veterinaria de pequeños animales, califica a la Leptospirosis canina como una enfermedad de notificación individual ante una muestra sospechosa (14). Sin embargo, y en contraste con la gran cantidad de artículos y normas de notificación sobre leptospirosis en humanos, hasta el término de esta revisión no encontramos normativas veterinarias para la notificación y seguimiento de pacientes caninos en México ante la sospecha o la detección de la enfermedad, ni tenemos conocimiento de la aplicación de protocolos estandarizados. Esto resulta un tanto incongruente dada la estrecha relación entre perro y humano, que implica importantes riesgos de contagio.

 

El manual de Procedimientos Estandarizados para la Vigilancia Epidemiológica de Leptospirosis señala que debe reportarse en forma inmediata cualquier caso probable o confirmado de la enfermedad en humanos, desde el nivel local hasta el federal. Además, todos los casos deberían ser investigados para poder identificar las fuentes de transmisión y dirigir las acciones de control (20).

 

Situación epidemiológica de Leptospirosis a nivel mundial 

De acuerdo a las estimaciones, unos 10 millones de personas se infectan de Leptospirosis cada año. Como es lógico, es difícil estimar cuántos de ellos mueren por este padecimiento, precisamente por la falta de protocolos de manejo epidemiológico para Leptospirosis en muchos de los países donde la enfermedad ocurre. Dichos protocolos, tendrían que incluir el seguimiento de los casos reportados y el registro de la evolución de los pacientes (20).

 

Esta falta de sistemas de vigilancia no solo se observa en nuestro país, sino que es el común denominador en muchos países, especialmente aquellos en vía de desarrollo. Establecer normas y estrategias, y trabajar en la capacitación de recursos humanos en prevención de Leptospirosis debería ser considerado una prioridad en los sistemas de salud de estos países (17).

 

La situación epidemiológica de Leptospirosis en México 

El registro de los casos de Leptospirosis en humanos se inició apenas en el año 2000, por el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (SINAVE). En México, los casos de Leptospirosis son más comunes en las regiones tropicales, con predominio en otoño. Los serovares predominantes fueron L. bratislava, L. autumnalis y L. canicola (24).

 

Aunque la incidencia reportada no es muy alta, considerando la carencia de estrategias y protocolos oficiales y el desconocimiento de la enfermedad incluso dentro del gremio médico, resulta plausible suponer que la incidencia podría ser mucho mayor y que podría tenerse una situación de riesgo epidemiológico permanente.  En un estudio realizado por Rivera, A., et al (1999) se colectó el suero de 135 perros capturados en las calles del norte de la ciudad de México, que fueron alojados en el Centro de Control Canino Luis Pasteur. Los sueros fueron probados por aglutinación microscópica para detectar anticuerpos antileptospira. Cincuenta y dos sueros (38.51%) fueron positivos a una o más serovariedades. Las serovariedades detectadas en mayor frecuencia fueron: L. interrogans (50%), L. pyrogenes (38.46%) y L. canicola (26.92%). L. icterohaemorrhagiae fue detectada en 21.15% de los sueros positivos. No se tienen registros similares para el 2019. 

 

Prevención y control de la enfermedad en perros

En la prevención de Leptospirosis en perros, lo primero en una secuencia lógica es la vacunación, para evitar la leptospiremia, la leptospiruria y reducir la severidad de la signología clínica (2). Uno de los puntos más débiles de la prevención es el tema de la fauna silvestre, sobre la que no es posible tener mucho control, aunque nuevamente, el cuidado sanitario y el manejo y disposición de los residuos es de suma importancia. 

Teniendo un buen cuidado en las condiciones del entorno doméstico, y siguiendo los protocolos de vacunación canina adecuados, se puede reducir sensiblemente el riesgo de propagación de la enfermedad. Generalmente, L. interrogans, L. canicola y L. icterohaemorragiae son las serovariedades incluidas en las vacunas caninas, aunque algunas vacunas de reciente desarrollo incluyen las serovariedades L. pomona y L. grippotyphosa (1). No obstante, existe evidencia que sugiere que otras serovariedades también son de importancia zoonótica lo que plantea la necesidad de nuevas vacunas con antígenos seromultivalentes para Leptospira (23).

 

Antigénicamente hablando, la homología o similitud entre la serovariedad y la producción de anticuerpos es lo que favorece la inmunización a través de la aplicación de vacunas. Por tanto, para que esta respuesta inmunológica ocurra, es necesario vacunar con serovariedades específicas (12). En el caso específico del género Leptospira, la protección vacunal neutraliza por medio de los anticuerpos a las proteínas o carbohidratos que envuelven a la bacteria. Este mecanismo es específico de las distintas serovariedades, por lo que las vacunas heterólogas con una o dos serovariedades, ofrecen solo una protección incompleta (10). En consecuencia, los propietarios deben asumir que es posible que sus perros no estén totalmente protegidos debido a variaciones temporales y geográficas en la distribución de las serovariedades (11).

 

Conclusión

 

Actualmente la aplicación de vacunas polivalentes en perros es la opción más utilizada por la comunidad veterinaria, ya que se puede inmunizar para varias enfermedades al paciente con una sola inyección, lo que reduce el número de visitas al veterinario. Esto resulta más fácil y realista para el propietario, con posibles efectos positivos en la salud y el bienestar del paciente. 

 

Tomando en cuenta todos los aspectos tratados líneas arriba, parece fundamental que se considere en la práctica veterinaria incluir siempre al menos cuatro serovariedades de Leptospira en los protocolos de vacunación, identificados como patógenos comunes en perros, humanos y otras especies como roedores. 

Finalmente, todos los casos sospechosos o positivos de Leptospirosis, tanto en perros como en humanos deben de ser reportados, atendidos y sujetos de seguimiento. Esto incluye el registro en bases de datos de la evolución de los casos, ya sea que finalice en recuperación o en la muerte del paciente.

Bibliografía

  1. ADLER, B., DE LA PEÑA, A. (2010): Leptospira and Leptospirosis. Vet Microbiol. 27;140(3-4):287-96.

  2. AZÓCAR-AEDO, A., SMITS, H., MONTI, G. (2014): Leptospirosis in dogs and cats: epidemiology, clinical disease, zoonotic implications and prevention. Arch Med Vet 46: 337-348. 

  3. BIRNBAUM, N., BARR, S., CENTER, S., SCHERMERHORN, T., RANDOLPH, J., SIMPSON, K. (1998): Naturally acquired leptospirosis in 36 dogs: serological and clinicopathological features. J. Small Anim. Pract. 39: 231-236.

  4. CANO, C., LAVERDE, L. (2012): Caso clinico de leptospirosis en un canino. Tesis de licenciatura. 1-58.

  5. CENTER OF DISEASE CONTROL AND PREVENTION. U.S. Department of Health & Human Services. https://www.cdc.gov/leptospirosis/exposure/hurricanes-leptospirosis.html

  6. CENTER OF DISEASE CONTROL AND PREVENTION. U.S. Department of Health & Human Services. https://www.cdc.gov/leptospirosis/pets/

  7. CERRADA-BRAVO, T. (2005): Leptospirosis humana. Historia natural, diagnóstico y tratamiento. Rev Mex Patol Clin. 52 (4): 246-256 

  8. DIRECCIÓN DE EPIDEMIOLOGÍA - MINISTERIO DE SALUD DE LA NACIÓN (2014): Enfermedades infecciosas: leptospirosis. Diagnóstico de Leptospirosis. Guia para el equipo de salud. Rep. Argentina. 1-44.

  9. FAINE, S., ADLER, B., BOLIN, C., PEROLAT, P. (2000): Leptospira and leptospirosis. 2nd ed. MediSci. Melbourne, Australia. 171-182.

  10. GREENE, C., SCHULTZ, R. (2008): Inmunoprofilaxis. En: Greene C (ed). Enfermedades infecciosas del perro y el gato. Intermédica. Buenos Aires, Argentina.

  11. GUERRA M. (2009): Leptospirosis. J Am Vet Med Assoc 234: 472-477.

  12. LEVETT, P. (2004): Leptospirosis: a forgotten zoonosis?. Clin Applied Immunol Rev. 4: 435-448.

  13. LUNA, A., MORALES, C., GAVALDON, R., NAVA, V., SALAZAR, G. (2008): La leptospirosis canina y su problemática en México. Rev. Salud Anim. Vol. 30 No. 1: 1-11

  14. MINISTERIO DE SALUD. (2016): Normativa de notificación de enfermedades de denuncia obligatoria en veterinaria en pequeños animales. 1-53.

  15. MOORE, G., GUPTILL, L., GLICKMAN, N., CALDANARO, R., AUCOIN, D., GLICKMAN, L. (2006): Canine Leptospirosis, United States 2002-2004. 12(3): 501-503.

  16. MORALES, A. (2012): Prevalencia de leptospirosis en perros y gatos de predios lecheros del sur de chile. Tesis de licenciatura. 1-25.

  17. ORGANIZACIÓN PANAMERICANA DE LA SALUD (2015): Presentation conducted during the international workshop of the Oswaldo Cruz institute/fiocruz for leptospirosis research based on country needs & the 5th global leptospirosis environmental action network. Rio de Janeiro, Brazil.

  18. PÉREZ, M., SUÁREZ, M., ARTIGAS, J., TRUJILLO, F. (2011): Leptospirosis. Enfermedad e infección en niños de la provincia Ciego de Ávila, Cuba. Rev Mex Patol Clin, 58(1): 43-47.

  19. RIVERA, A., DE LA PEÑA, A., ROA, M., ORDOÑEZ, M. (1999): Seroprevalencia de leptospirosis en perros callejeros del norte de la ciudad de México. Vet. Méx. 30(1): 105-107.

  20. SECRETARIA DE SALUD. (2012): Manual de procedimientos estandarizados para la vigilancia epidemiológica de la leptospirosis. México. 1-39.

  21. THE CENTER FOR FOOD SECURITY & PUBLIC HEALTH (2005): Leptospirosis: 1-8

  22. TORRES-CASTRO, M., HERNANDEZ BETANCOURT, S., AGUDELO-FLOREZ, P., ARROYAVE-SIERRA, E., ZAVALA-CASTRO, J., PUERTOA, F. (2016): Revisión actual de la epidemiología de la leptospirosis. Rev Med Inst Mex Seguro Soc. 54(5):620-5.

  23. WILSON, S., STIRLING, C., THOMAS, A., KING, V., PLEVOVÁ, E., CHROMÁ, L., SIEDEK, E., ILLAMBAS, J., SALT, J., STURE, G. (2013): A new multivalent (DHPPI/L4R) canine combination vaccine prevents infection, sheeding and clinical signs following experimental challenge with four Leptospira serovars. Vaccine. 31: 3131-3134.

  24. ZUÑIGA, C., CARO, J. (2013): Panorama epidemiológico de la leptospirosis, Estados Unidos Mexicanos 2000-2010. Enf. Inf. Microbiol. 33 (2): 71-76.

Leptospirosis canina: Un reto en el diagnóstico y vigilancia epidemiológica

PALABRAS CLAVE > Leptospirosis > Insuficiencia renal > Insuficiencia hepática > zoonósis > epidemiología

MVZ. Samantha Hay-Parker Freyermuth

Technical Manager 

Companion Animal Business Segment Boehringer Ingelheim

Resumen

La Leptospirosis es una enfermedad zoonótica emergente que ha sido subdiagnosticada a nivel mundial, debido a su gran variedad de manifestaciones clínicas tanto en animales como en humanos. El reporte de los casos caninos por parte de los veterinarios, debería ser una obligación ante las autoridades sanitarias para poder tomar las medidas de prevención y control de una enfermedad potencialmente mortal tanto para perros como para humanos. Los protocolos de vacunación contra las distintas serovariedades de Leptospira deberían estar ligados a la aproximación de las épocas de lluvias, que es cuando aumenta el número de reportes. 

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