google-site-verification=zl2BFmWkKnMfWepghiQhluc1_SNBuOLiZdzvrMLd1r8 Seroprevalencia del virus de leucemia felina en gatos ferales en CDMX

Seroprevalencia del virus de leucemia felina en gatos ferales en la Ciudad de México.

PALABRAS CLAVE >  Virus de leucemia felina > Gatos ferales >
Leucemia viral felina > Bienestar

Oscar Daniel Arellano Jiménez ¹

Juan Antonio Figueroa Castillo ²

Frida Salmerón Sosa ³

Tamara Libertad Iturbe Cossío ⁴

¹ Programa de Internado en Hospital Veterinario de Especialidades – UNAM.

² Profesor Titular “C” Tiempo Completo Definitivo. Departamento de Parasitología FMVZ-UNAM.

³ Profesor Asociado “C” Tiempo Completo. Departamento de Genética y Bioestadística FMVZ-UNAM

⁴ Profesora de asignatura. Departamento de Medicina, Cirugía y Zootecnia para Perros y Gatos FMVZ-UNAM. titurbe@hotmail.com

Introducción

La infección por el virus de leucemia felina (VLFe) genera diversas enfermedades de tipo proliferativas o degenerativas al afectar el tejido hematopoyético, donde en la mayoría de los casos el sistema inmunológico se ve comprometido y los gatos infectados pueden ser afectados por cualquier proceso secundario a dicha condición, así como otros procesos inflamatorios crónicos que demeritan la calidad de vida (Vieira y Norsworthy, 2011; Dunham y Graham, 2008; Addie, 2000).

Es una de las enfermedades infecciosas más frecuentes en gatos, siendo una causa importante de muerte -sobretodo en jóvenes-. Si bien el VLFe puede afectar a todos los gatos, su prevalencia varía de acuerdo al grupo de riesgo al que pertenezca el indivíduo (sanos/enfermos, estilo de vida de interiores/ exteriores, domésticos/ferales, etc). Existe abundante información sobre la seroprevalencia de LVF en gatos ferales en diversos países alrededor del mundo, sin embargo, en México no existen reportes previos (Spada et al., 2012; Duarte et al, 2012; Wallace & Levy, 2006; Little, 2005; Luria et al., 2004; Muirden, 2002; Gibson, Keizer & Golding, 2002; Lee, Levy, Gorman, Crawford & Slater, 2002; Sukura, Salminen & Lindberg, 1992). 

Introducción

 

El gato feral se considera como una subpoblación del gato doméstico (felis silvestris catus), sin embargo, existen más subpoblaciones cuya clasificación depende del nivel de socialización y capacidad para interactuar con el ser humano (ISFM, 2013; Gosling, Stavinsky & Dean, 2013; Centoze & Levy, 2002; Scott & Levy 2002). Por lo general, el término de gato feral incluye cualquier gato que en estado consciente no pueda ser manejado por los seres humanos y que deambule libremente sin estar confinado en un espacio determinado.

 

La mayoría de los gatos ferales viven en una estructura social llamada colonia, la cual, se define como un grupo de tres o más gatos sexualmente maduros que viven y se alimentan con mucha cercanía (Robertson, 2008). Por lo general, estas colonias son vigiladas por una o más personas, las cuales se encargan de proveer alimento y refugio, además de ver por su bienestar; estas personas son conocidas como cuidadores. 

 

La existencia de colonias de gatos ferales ha levantado el interés de la comunidad veterinaria ya que están implicadas en el tema de bienestar (de los propios gatos así como de la fauna silvestre) y salud pública (AAFP, 2012), por está razón, es necesario controlarlas de manera humanitaria. Para tal fin, el método de elección es el programa de TNR (Trap-Neuter-Return por sus siglas en inglés o Captura-Esterilización-Liberación), dicho programa consiste en capturar a los gatos mediante trampas humanitarias, esterilizarlos quirúrgicamente y posteriormente liberarlos en el mismo sitio donde fueron capturados (Alley Cat Allies, 2019a; Levy & Wilford, 2013; ISFM, 2012; Gosling et al., 2013; Robertson, 2008; Slater, 2004). Gracias a tales programas, ha podido estudiarse a las colonias de gatos ferales y obtener la prevalencia de algunas enfermedades, entre ellas las retrovirales, además también de información de interés para otros campos de estudio. 

 

Debido a que los gatos ferales pueden interactuar con gatos de otras subpoblaciones, por ejemplo, con gatos caseros a los cuales se les permite salir de casa, es de suma importancia conocer la prevalencia de esta infección y mediante la correlación con alteraciones al examen físico general, conocer el impacto que esta infección tiene en estas colonias y con esto evaluar si representa un riesgo para los gatos caseros y la magnitud del mismo.

 

Objetivo

Determinar estado general de salud y seroprevalencia del antígeno p27 del VLFe de poblaciones de gatos ferales sometidos a programa de TNR en el Ciudad de México. 

 

Material y métodos

El estudio se realizó con gatos capturados durante 24 programas de TNR que se llevaron a cabo en 9 delegaciones de la Ciudad de México (Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Benito Juárez, Coyoacán, Cuauhtémoc, Iztapalapa, Tláhuac, Tlalpan y Venustiano Carranza) durante 10 meses (Feb - Nov de 2013). 

 

La captura, esterilización y liberación fue realizada por diferentes grupos encargados de programas de TNR, mismos que se conducen bajo las guías de la organización estadounidense Alley cat allies, la cual, desde hace 20 años ha establecido y promovido estándares y métodos humanitarios para el cuidado, manejo y control de los gatos ferales (Alley Cat Allies, 2019a).

 

Posterior a la captura y anestesia de los gatos, se realizó un examen físico general, el cual constó de la examinación de ojos, orejas y cavidad oral, palpación de linfonodos (submandibulares, preescapulares y poplíteos), auscultación cardiaca y de campos pulmonares, palpación abdominal, estimación de la condición corporal (escala de 5 puntos) y evaluación de la piel y pelo. Mediante este examen, se determinó el sexo y si se habían sometido a esterilización previamente (lo cual se corroboró durante el procedimiento quirúrgico) así como el registro de signos clínicos de enfermedad y la presencia de lesiones sugerentes de agresión intraespecífica.

Imagen 1. Los gatos ferales y callejeros no permiten el contacto con el humano. Esto dificulta que el responsable de la colonia pueda introducirlos a una transportadora para llevarlos a esterilizar; se requieren de trampas especiales que se cierran al momento que el gato entra, sin poner en riesgo al MVZ ni al responsable de la colonia. Una vez anestesiado, el MVZ puede sacar al gato y realizar examen físico, -para este estudio, tomar muestras-, esterilizar, vacunar, desparasitar e identificar al gato.

El código internacional para identificar gatos ferales y callejeros esterilizados es una muesca recta en la oreja izquierda para facilitar la visualización a distancia.

Se tomaron muestras sanguíneas y el diagnóstico del VLFe se realizó mediante la detección del antígeno por inmunocromatografía con las pruebas Witness® FIV/FeLV según las instrucciones del fabricante. Se reporta una sensibilidad y especificidad del 92.1% y 96.5% respectivamente.

 

Los datos se analizaron mediante porcentajes, intervalos de confianza al 95% y pruebas de X2 para la búsqueda de asociaciones entre la prevalencia de enfermedades y la edad, sexo, condición corporal y signos clínicos de enfermedad.

Resultados

Se obtuvieron 205 muestras de sangre para la detección del antígeno del VLFe, de las cuales, 5 resultaron positivas al VLFe teniendo una prevalencia del 2.43% con un intervalo de confianza al 95% de 0.3% a 4.4%. En este estudio no se encontró asociación entre la infección con el sexo, la edad, lesiones por agresión intraespecífica, ni signos clínicos de enfermedad.

 

La alteración al examen físico más frecuente fue la pérdida de piezas dentales (41.26%). El 22.33% de los gatos presentaron lesiones sugerentes de agresión intraespecífica, siendo el segundo hallazgo más frecuente. Este hallazgo se encontró significativamente asociado con el sexo, la edad y el no estar esterilizados (P<0.02) ya que el 93.4% de los gatos que presentaron dichas lesiones fueron machos adultos no castrados. 

 

Conclusión

El estado general de salud de la población de gatos ferales sometidos a TNR en la Ciudad de México fue bueno, al presentar un baja prevalencia de VLFe y no tener alteraciones importantes al examen físico general, mantener una alta prevalencia de una condición corporal adecuada y tener una prevalencia de enfermedades retrovirales baja que no pudo asociarse a signos clínicos de enfermedad.

 

Discusión 

La mayoría de los estudios llevados a cabo en gatos ferales en otros países reportan prevalencias mundiales bajas de entre el 1 y el 8% para la infección con el VLFe (Tabla 1) y el resultado del estudio realizado en la Ciudad de México no es la excepción (2.3%). 

 

La literatura recomienda confirmar los resultados positivos con una prueba de inmunofluorescencia, debido a la posibilidad de que pudieran presentarse resultados falsos positivos. Asimismo un resultado falso negativo también es posible si se realizó la prueba a individuos en fases tempranas de la infección, cuando la concentración del antígeno soluble no es suficiente para ser detectado por la prueba (Levy et al., 2006), sin embargo, a pesar de esto, no se espera que el resultado final varíe significativamente, ya que como se mencionó anteriormente, la mayoría de los estudios sobre la prevalencia de enfermedades retrovirales en gatos ferales reportan resultados relativamente bajos y consistentes en cuanto al VLFe; por esta razón surge la interrogante de realizar o no la prueba de enfermedades retrovirales a esta subpoblación de gatos.

 

En el documento publicado por la American Association of Feline Practitioners (AAFP) en 2004, donde dicha asociación declara su posición respecto al manejo de poblaciones de gatos ferales y callejeros (Richards, 2004) se recomendaba que idealmente se realizara la prueba de infecciones retrovirales durante los programas de TNR. Sin embargo, en otro documento publicado en 2008 por la misma asociación se describen las pautas para el manejo de enfermedades retrovirales en los gatos y se menciona que debe hacerse una excepción en las colonias de gatos ferales y callejeros debido a que las prevalencias de ambas enfermedades son muy similares tanto en gatos ferales como en gatos caseros, por lo que no se considera que estas poblaciones sean un reservorio importante para estos virus, además de que la esterilización quirúrgica elimina el modo de transmisión vertical y reduce la probabilidad de transmisión horizontal al disminuir la territorialidad y riesgo de agresión intraespecífica (Levy & Crawford, 2005; Luria et al., 2004; Lee et al., 2002). Por esta razón, en la actualización del documento mencionado al inicio del párrafo (AAFP, 2013) no se menciona ningún tipo de manejo sobre las enfermedades retrovirales.

 

De igual manera la asociación Alley Cat Allies a través de su protocolo de manejo veterinario para los programas de TNR no promueve realizar la prueba de manera rutinaria y además de las razones anteriormente citadas, menciona que para evitar el riesgo de tener resultados falsos positivos se debe confirmar el resultado con pruebas complementarias o repetir la prueba ELISA a las 4 semanas como mínimo, lo cual, se considera inviable tomando en cuenta las complicaciones de manejo que el estilo de vida que estos gatos representan. 

 

Otro punto importante que se menciona en el protocolo es el gasto de recursos económicos que genera la realización de las pruebas (además de repeticiones de las pruebas ELISA o complementarias) y debido a que se prioriza la esterilización quirúrgica de los animales, estos costos se consideran prohibitivos (Alley Cat Allies, 2019b). 

Por último tanto la AAFP como la Alley Cat Allies no promueven la eutanasia de gatos asintomáticos, ya que esta decisión no debe tomarse con un resultado positivo único debido a que este manejo debe estar basado en una evaluación completa del individuo y su entorno según las pautas para el manejo y bienestar de las poblaciones de gatos sin propietario publicada en 2013 por la International Society of Feline Medicine (ISFM). En dicho documento se propone como eutanasia el procedimiento libre de miedo, estrés y dolor para dar muerte a un gato con el fin de aliviar el sufrimiento físico o psicológico actual o bien para prevenirlo cuando existe un riesgo real e inminente de que ocurran. Bessant (2006) propone los siguientes puntos a considerar para orientar mejor la decisión de llevar a cabo la eutanasia de un gato capturado durante un TNR.

Cuadro 1. Prevalencia para VLFe en gatos ferales reportada en algunos estudios

1.    ¿La condición de salud actual del gato le permitirá soportar el tratamiento?

2.    Cuidados posteriores a dicho tratamiento.

3.    Efecto del tratamiento sobre el estatus social del gato en la colonia.

4.    Efecto del tratamiento sobre la capacidad del gato para sobrevivir en su entorno.

5.    Costo del tratamiento.

Dada toda esta información, la decisión de realizar la eutanasia a un gato feral o callejero capturado en un TNR debe tomarse tomando en cuenta su bienestar y estado actual de salud, el cual puede estar relacionado a múltiples condiciones, entre ellas una infección retroviral, sin embargo, el resultado positivo de una de ellas no debe tomarse como justificación única para llevarse a cabo dicho procedimiento (Levy et al., 2008).

Conclusiones

La conclusión del estudio llevado a cabo en la Ciudad de México se une a las de los otros estudios en las cuales, dada la baja prevalencia del VLFe y la poca asociación con signos clínicos de enfermedad, se determina un buen estado de salud de dichas poblaciones

 

(Wallace & Levy, 2006; Levy & Crawford, 2004; 

Hughes, Slater & Haller, 2002; Scott, Levy & Crawford, 2002;

Scott, Levy & Gorman, 2002).

Debido a que los principales factores de riesgo para la infección retroviral (ma-chos adultos no esterilizados) no son diferentes entre gatos ferales y con propieta-rio que salen de casa y la prevalencia de la infección por el VLFe es muy similar en ambas poblaciones, la conclusión es que los gatos ferales no representan un riesgo mayor para el contagio del VLFe a la población de gatos caseros que el que representaría otro gato casero enfermo al cual se le permite salir de casa; por esta razón, la recomendación es mantener a los gatos dentro de casa y realizar la esterilización quirúrgica, reduciendo con esto las posibilidades de contagio. En cuanto a las colonias de gatos ferales, existe abundante información que sustenta que su calidad de vida es aceptable y que esta puede mejorarse mediante el desa-rrollo de programas de TNR, por lo que se debe apoyar y difundir su ejecución en la medida de lo posible.

Referencias

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Revista Especializada en Clínica de Pequeñas Especies